El presidente argentino atribuyó la baja natalidad al feminismo y al aborto legal. Sin embargo, la fecundidad cae desde antes de la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo y una encuesta de UNFPA muestra que las dificultades económicas y de cuidado impiden a muchas personas tener los hijos que desean. Al mismo tiempo, buena parte de las políticas nacionales de cuidado fueron recortadas, eliminadas o desfinanciadas.

Javier Milei volvió a situar la baja natalidad argentina en su confrontación con el feminismo. El 20 de agosto, durante el Council of the Americas en Buenos Aires, responsabilizó a los “pañuelitos verdes” y a la legalización del aborto de la caída de la fecundidad, que ya no alcanza el nivel de reemplazo de la población. También relacionó la disminución de los nacimientos con problemas futuros para el crecimiento económico y el sistema de pensiones.

Argentina tiene, efectivamente, una fecundidad históricamente baja. En 2024 llegó a 1,2 hijos por mujer, lejos de los 2,1 asociados al reemplazo poblacional. Lo que no muestran los datos es que ese descenso haya comenzado con la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo, aprobada a finales de 2020. La caída se aceleró desde 2014 y forma parte de una transformación demográfica que incluye la reducción de la fecundidad adolescente, la postergación de la maternidad y cambios en las decisiones reproductivas.

Una investigación presentada este agosto por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Argentina aporta un elemento que cambia sustancialmente la discusión. El 57 % de las personas de 18 a 45 años encuestadas todavía no había alcanzado el número de hijos e hijas que desearía tener si no existieran limitaciones.

El estudio, realizado junto con Voices! a partir de 1.515 encuestas en todas las regiones del país, encontró que las condiciones económicas y de cuidado explican el 62 % de los casos en los que las personas tuvieron menos hijos de los deseados. Entre las mujeres, además, aparece una dificultad específica: el 18 % identifica la distribución inequitativa de las tareas domésticas y de cuidado como una de las razones por las que han tenido menos hijos de los que habrían querido.

La baja fecundidad argentina no puede reducirse, entonces, a una supuesta negativa de las mujeres a la maternidad. Existe una brecha entre los proyectos reproductivos y las posibilidades materiales para concretarlos.

Ese dato adquiere otra dimensión al observar lo ocurrido con las políticas públicas de cuidado en los últimos años.

La Cocina de los Cuidados, un espacio intersectorial que reúne organizaciones sociales y de derechos humanos, sindicatos, la academia y otros sectores, comenzó en 2024 a monitorizar 50 políticas nacionales relacionadas con los cuidados. En agosto de 2026, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), una de las organizaciones que integran la iniciativa, informó de que 48 habían sido eliminadas o desfinanciadas desde diciembre de 2023.

El retroceso no significa que todas las prestaciones destinadas a las familias hayan desaparecido ni que cada componente haya sufrido el mismo ajuste. El Gobierno ha priorizado las transferencias directas, como la Asignación Universal por Hijo y el componente monetario del Plan 1000 Días. El proyecto de presupuesto de 2026 asignó recursos a este último y lo mantiene como una de las políticas de asistencia destinadas al embarazo y a los primeros tres años de vida.

El problema se manifiesta al considerar la infraestructura de cuidados en su conjunto. Los monitoreos de La Cocina de los Cuidados registran recortes, paralizaciones o eliminaciones de programas vinculados a la primera infancia, la discapacidad, la alimentación, el acompañamiento y otros servicios. UNICEF también ha advertido de que el análisis presupuestario debe distinguir entre las transferencias monetarias, que han sido reforzadas, y otras intervenciones destinadas a la salud, la nutrición, la educación y la protección de niñas, niños y adolescentes, cuya evolución ha sido distinta.

La discusión sobre la natalidad no puede separarse de esa estructura. Tener un hijo implica mucho más que cubrir los gastos inmediatos del nacimiento. Requiere ingresos estables, vivienda, servicios sanitarios, tiempo, permisos, educación y alternativas de cuidado que permitan compatibilizar la crianza con el trabajo. Cuando esos recursos faltan, las decisiones reproductivas dejan de depender únicamente del deseo.

La distribución de esas responsabilidades tampoco es neutral. Las mujeres continúan asumiendo una proporción desproporcionada del trabajo doméstico y de los cuidados no remunerados. Por eso, reducir el debate demográfico a cuántos hijos deberían tener ignora una pregunta previa: bajo qué condiciones pueden decidir tenerlos.

También resulta problemático presentar la maternidad como una respuesta a las necesidades económicas o previsionales del país. Una política demográfica basada en derechos no puede considerar a las mujeres responsables de la producción de futuras generaciones de trabajadores y de contribuyentes. La decisión de tener hijos, no tenerlos, determinar cuántos tener o elegir cuándo hacerlo pertenece al ámbito de la autonomía reproductiva.

Esto no significa ignorar las consecuencias de una fecundidad persistentemente baja. El envejecimiento poblacional, la reducción futura de la población económicamente activa y la sostenibilidad de los sistemas de protección social son desafíos reales que requieren planificación. Precisamente por su importancia, necesitan respuestas más amplias que no responsabilicen ni al feminismo ni al aborto.

La investigación de UNFPA plantea otra manera de aproximarse al problema: conocer qué desean las personas y cuáles son los obstáculos que encuentran para realizar esos proyectos. El dato de que el 57 % de quienes tienen entre 18 y 45 años no haya alcanzado el número de hijos deseado muestra que, detrás de la baja natalidad, también existen decisiones condicionadas.

Argentina enfrenta así dos discusiones que deberían encontrarse. Una se pregunta cómo responder a una transformación demográfica acelerada. La otra analiza quién cuida, cuánto cuesta hacerlo y qué apoyo reciben las familias.

Pedir más nacimientos sin abordar esas condiciones deja fuera una parte sustancial del problema. Una política que aspire a reducir la brecha entre los hijos que las personas desean y los que finalmente pueden tener necesita ampliar sus posibilidades de elección, no sustituirlas por un mandato reproductivo.

Referencias 

Centro de Estudios Legales y Sociales. (2026, 21 de agosto). Hacia un acuerdo nacional por los cuidados. CELS. https://www.cels.org.ar/web/2026/08/hacia-un-acuerdo-nacional-por-los-cuidados/

Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. (2026, junio). Análisis del Presupuesto Nacional 2026 con foco en niñas, niños y adolescentes. UNICEF Argentina. https://www.unicef.org/argentina/media/27621/file/Ana%CC%81lisis%20presupuesto%20NNyA%202026%20junio.pdf.pdf 

Fondo de Población de las Naciones Unidas. (2026, 12 de agosto). Baja natalidad en Argentina: ¿qué condiciona las decisiones sobre tener hijos? UNFPA Argentina. https://argentina.unfpa.org/es/news/baja-natalidad-en-argentina-%C2%BFqu%C3%A9-condiciona-las-decisiones-sobre-tener-hijos 

Fondo de Población de las Naciones Unidas. (2026, 12 de agosto). Deseos reproductivos en la encrucijada. Motivaciones y barreras para decidir en un contexto de baja natalidad en Argentina. UNFPA Argentina. https://argentina.unfpa.org/es/publications/deseos-reproductivos-en-la-encrucijada-motivaciones-y-barreras-para-decidir-en-un 

La Cocina de los Cuidados. (2025, 30 de septiembre). La Cocina de los Cuidados: Informe n.º 6. Centro de Estudios Legales y Sociales. https://www.cels.org.ar/web/wp-content/uploads/2025/09/LDC-informe-6-Final_.pdf 

Pessarini, F. (2026, 25 de agosto). La inestabilidad económica y laboral es una de las causas de la baja natalidad en Argentina. EFE. https://efe.com/mundo/2026-08-25/crisis-natalidad-argentina/