Nueve hombres han ocupado la Secretaría General de las Naciones Unidas desde 1946. Ochenta años después, el proceso para elegir a la décima persona que dirigirá la organización vuelve a plantear una interrogante pertinente a nuestros tiempos: ¿cómo es posible que una institución que ha hecho de la igualdad de género uno de sus compromisos internacionales nunca haya sido encabezada por una mujer?

Trygve Lie, Dag Hammarskjöld, U Thant, Kurt Waldheim, Javier Pérez de Cuéllar, Boutros Boutros-Ghali, Kofi Annan, Ban Ki-moon y António Guterres tienen algo en común, además de haber ocupado la Secretaría General de las Naciones Unidas: todos son hombres. Desde la creación de la ONU, ninguna mujer ha alcanzado el cargo político y administrativo más alto.

La desigualdad comienza mucho antes de las elecciones. El informe Women in Multilateralism 2026, de GWL Voices, reconstruyó las candidaturas oficiales conocidas a la Secretaría General desde 1945 y encontró 48 hombres frente a solo 8 mujeres. Durante las primeras seis décadas de existencia de las Naciones Unidas, según esta investigación, ninguna mujer llegó siquiera a ser considerada formalmente para el puesto.

La cifra obliga a revisar una parte de la historia que hasta ahora se había reconstruido de manera distinta. Security Council Report señalaba que, antes del proceso de 2015-2016, aparentemente solo tres mujeres habían sido nominadas: la india Vijaya Lakshmi Pandit en 1953, la noruega Gro Harlem Brundtland en 1991 y la letona Vaira Vīķe-Freiberga en 2006. El estudio publicado por GWL Voices en enero de 2026 utiliza una revisión histórica más amplia de todas las candidaturas oficiales conocidas y eleva a ocho el total de mujeres identificadas antes del actual proceso de selección.

La diferencia entre ambos registros aconseja no convertir la historia de las candidaturas femeninas en una simple lista de nombres cuya condición formal no siempre puede documentarse con los mismos criterios. El dato que sí permanece inalterado es el desequilibrio: durante ocho décadas, los hombres dominaron abrumadoramente las candidaturas y ganaron todas las elecciones.

La trayectoria de Vijaya Lakshmi Pandit permite comprender hasta qué punto las mujeres podían alcanzar espacios relevantes sin llegar al máximo cargo. En 1953, se convirtió en la primera mujer en presidir la Asamblea General de las Naciones Unidas. Más de siete décadas después, apenas cinco mujeres han desempeñado esa función. La alemana Annalena Baerbock, presidenta del 80.º periodo de sesiones, es la quinta.

La participación femenina adquirió otra dimensión en 2016. La elección para suceder a Ban Ki-moon reunió 13 candidaturas, siete de ellas de mujeres: Vesna Pusić, Irina Bokova, Natalia Gherman, Helen Clark, Susana Malcorra, Christiana Figueres y Kristalina Georgieva. Por primera vez, no podía argumentarse que las mujeres estuvieran ausentes de la competencia ni que faltaran candidatas con experiencia suficiente para dirigir la organización. El elegido fue António Guterres.

Aquella elección también modificó una práctica cuestionada durante décadas por su opacidad. Las candidaturas presentaron sus trayectorias y propuestas y participaron en diálogos públicos ante la Asamblea General, mientras que la sociedad civil pudo seguir una parte del proceso que antes se desarrollaba fundamentalmente mediante negociaciones diplomáticas.

Sin embargo, hacer más visible la competencia no cambió la arquitectura en la que se decide quién puede acceder al cargo.

El artículo 97 de la Carta de las Naciones Unidas establece que el secretario general o la secretaria general es nombrado o nombrada por la Asamblea General a recomendación del Consejo de Seguridad. En la práctica, esto significa que la candidatura debe superar primero el órgano integrado por 15 Estados y obtener al menos nueve votos favorables, sin que ninguno de sus cinco miembros permanentes —China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia— emita voto negativo. La Asamblea General interviene posteriormente en la recomendación que recibe.

Esa estructura fue diseñada al finalizar la Segunda Guerra Mundial y mantiene hasta hoy una distribución excepcional de poder entre cinco Estados. El problema de género se cruza así con otro de carácter geopolítico: la máxima autoridad de una organización integrada actualmente por 193 Estados depende, en primer lugar, de un acuerdo en el Consejo de Seguridad, donde cinco potencias conservan un privilegio institucional establecido en 1945.

No existen elementos que permitan afirmar que las nueve elecciones anteriores respondieron exclusivamente a una decisión deliberada de impedir el acceso de una mujer. Una conclusión semejante excedería la evidencia histórica disponible. Lo que los datos sí permiten observar es una estructura internacional construida durante décadas por hombres, con una presencia femenina mínima en la diplomacia y una concentración de poder que dificultó el acceso de las mujeres a los espacios en los que se negociaban las posiciones más importantes.

Los propios datos de GWL Voices muestran que ese legado no ha desaparecido. En 2025, las mujeres representaban apenas el 23 % de las delegaciones permanentes ante las Naciones Unidas en Nueva York. Desde 1947, hubo 20 periodos de sesiones de la Asamblea General sin una sola mujer como representante permanente y, desde 1945, solo el 14 % de quienes han dirigido las 62 organizaciones multilaterales analizadas en el estudio han sido mujeres.

La elección de 2026 vuelve a poner a prueba esa historia. El proceso comenzó formalmente el 25 de noviembre de 2025 y, por primera vez, la carta conjunta de las presidencias de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad que abrió la convocatoria dejó constancia expresa de que ninguna mujer había ocupado la Secretaría General. El documento pidió a los Estados que consideraran seriamente la nominación de mujeres y recordó también la importancia de la diversidad regional.

La presencia femenina ha sido considerable durante el proceso. Michelle Bachelet fue nominada el 2 de febrero por Chile, Brasil y México; Rebeca Grynspan por Costa Rica el 3 de marzo; Virginia Gamba por Maldivas el 11 de marzo; María Fernanda Espinosa por Antigua y Barbuda el 11 de mayo; Carolyn Rodrigues Birkett por Guyana el 15 de junio, e Ivonne A-Baki por Tonga el 17 de agosto.

Virginia Gamba, argentina y exrepresentante especial del Secretario General para Niños y Conflictos Armados, permaneció formalmente en la competencia durante dos semanas. Maldivas presentó su candidatura el 11 de marzo y la retiró el 25 del mismo mes. Aunque ya no participa en la selección, su candidatura forma parte de la historia del proceso y debe contabilizarse entre las mujeres que aspiraron oficialmente al cargo en 2026.

El caso de Michelle Bachelet, expresidenta chilena y ex alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, fue propuesto conjuntamente por Chile, Brasil y México el 2 de febrero. El 25 de marzo, Chile retiró su respaldo, pero no se produjo la retirada completa de la candidatura. Bachelet continuó en la lista oficial de las Naciones Unidas, respaldada por Brasil y México.

Junto con ellas compiten o han competido hombres de amplia trayectoria internacional, entre ellos Rafael Mariano Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica; Macky Sall, expresidente de Senegal; y Olara Otunnu, exdiplomático ugandés y antiguo alto funcionario de las Naciones Unidas. La selección no se encuentra, por tanto, ante una competencia exclusivamente definida por el género, sino ante una negociación en la que intervienen la experiencia, las alianzas regionales, las posiciones geopolíticas y, finalmente, la capacidad de obtener el respaldo necesario dentro del Consejo de Seguridad.

América Latina y el Caribe ocupan, además, una posición relevante. La región no dirige las Naciones Unidas desde que el peruano Javier Pérez de Cuéllar concluyó su segundo mandato en 1991. Aunque la rotación geográfica no constituye una obligación automática prevista en la Carta, la diversidad regional forma parte de las consideraciones reconocidas en el proceso. Varias de las candidaturas femeninas de 2026 provienen precisamente de América Latina y el Caribe.

La pregunta por la ausencia de una secretaria general cobra mayor fuerza al observar lo ocurrido en la propia ONU. La organización ha avanzado en ámbitos en los que las decisiones administrativas y políticas han permitido establecer objetivos concretos de paridad.

En 2017, António Guterres lanzó la Estrategia para la Paridad de Género en todo el Sistema. En 2018, Naciones Unidas alcanzó por primera vez la paridad en su Grupo Superior de Gestión y entre las coordinaciones residentes. En 2025, las mujeres representaban el 50,4 % del personal de las categorías profesionales y superiores del sistema. La organización había logrado, además, mantener la paridad entre su liderazgo superior y las coordinaciones residentes desde 2020, aunque persistían brechas en determinados niveles profesionales, en operaciones de paz y en destinos fuera de las sedes principales.

Los avances también pueden observarse en organismos concretos. ONU Mujeres fue creada en 2010 precisamente para fortalecer el trabajo del sistema en materia de igualdad de género y de empoderamiento de las mujeres. La UNCTAD rompió otra barrera en 2021 al nombrar a Rebeca Grynspan como la primera mujer secretaria general de esa organización. Las mujeres también han dirigido organismos, fondos y programas relevantes del sistema multilateral, demostrando que la presencia femenina en sus máximos niveles dejó de ser excepcional hace tiempo en algunas estructuras.

La contradicción permanece precisamente en la cúspide, pues el propio Guterres reconoció en 2018 que Naciones Unidas seguía inserta en un mundo y una cultura históricamente dominados por los hombres. Siete años después, informó de que la organización había logrado mantener la paridad en buena parte de su alta dirección, aunque admitió que persistían estructuras de poder contrarias a la igualdad.

Ese recorrido permite responder con mayor precisión a la interrogante inicial. Una mujer no ha dirigido Naciones Unidas porque durante gran parte de sus 80 años de existencia las mujeres tuvieron un acceso extraordinariamente reducido a las estructuras diplomáticas y políticas desde las cuales se construían las candidaturas; porque el sistema de selección mantuvo durante décadas una elevada opacidad; y porque la decisión fundamental continúa concentrada en un Consejo de Seguridad diseñado en 1945, donde cinco potencias conservan una capacidad decisiva sobre quién puede llegar a la Secretaría General.

Es una arquitectura de poder históricamente masculina, pero no una institución inmóvil. La ONU ha demostrado, en varias de sus estructuras, que las decisiones políticas, los objetivos medibles y los mecanismos de seguimiento pueden modificar desequilibrios que durante décadas parecían naturales. Precisamente por ello, resulta cada vez más difícil explicar por qué la Secretaría General sigue siendo la excepción.

La elección de 2026 ocurre, además, en condiciones que no existían en buena parte de la historia de la organización. Hay varias mujeres con experiencia como presidentas, ministras, diplomáticas y máximas autoridades de organismos internacionales; existe un reconocimiento formal de la necesidad de considerar candidaturas femeninas; la selección es más transparente que en décadas anteriores y la propia ONU dispone de evidencia de que la paridad puede alcanzarse cuando existe voluntad institucional.

Nada de esto garantiza que una mujer sea elegida. El Consejo de Seguridad continúa sometido a las mismas negociaciones entre intereses nacionales y grandes potencias que han definido históricamente la selección.

Si el décimo liderazgo de las Naciones Unidas vuelve a recaer en un hombre, será mucho más difícil atribuirlo a la falta de mujeres preparadas. Ochenta años después, la pregunta ya no es dónde encontrarlas. Están compitiendo por el cargo y algunas han dirigido gobiernos, organismos internacionales y órganos de la propia ONU. Lo que queda por comprobar es si la estructura que decide quién dirige Naciones Unidas está preparada para romper con la continuidad masculina iniciada en 1946.

Referencias

GWL Voices. (2026). Women in Multilateralism 2026. https://www.gwlvoices.org/resources/wim-26

GWL Voices. (2026, 29 de enero). A new report examines women’s access to positions of power in the UN and the multilateral system since 1945. https://www.gwlvoices.org/actions/a-new-report-examines-women-s-access-to-positions-of-power-in-the-un-and-the-multilateral-system-since-1945

Naciones Unidas. (1945). Carta de las Naciones Unidas. Capítulo XV: La Secretaría. https://www.un.org/es/about-us/un-charter/chapter-15

Naciones Unidas. (2025, 25 de noviembre). Letter dated 25 November 2025 from the President of the General Assembly and the President of the Security Council addressed to all Permanent Representatives and Permanent Observers to the United Nations (A/80/544–S/2025/765). https://digitallibrary.un.org/record/4093857

Naciones Unidas. (2026). Selección y nombramiento del/de la próximo/a Secretario/a General. https://www.un.org/es/sg-selection-and-appointment

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ONU Mujeres. (2025). Mejora de la situación de las mujeres en el sistema de las Naciones Unidas: Informe del Secretario General (2025). https://www.unwomen.org/es/digital-library/publications/2025/07/mejoramiento-de-la-situacion-de-las-mujeres-en-el-sistema-de-las-naciones-unidas-informe-del-secretario-general-2025

Security Council Report. (2017). The UN Secretary-General selection and appointment process: Emerging from the shadows. https://www.securitycouncilreport.org/atf/cf/%7B65BFCF9B-6D27-4E9C-8CD3-CF6E4FF96FF9%7D/research_report_appointment_of_the_secretary_general_2017.pdf

Security Council Report. (2026, abril). The UN Secretary-General selection and appointment process. https://www.securitycouncilreport.org/atf/cf/%7B65BFCF9B-6D27-4E9C-8CD3-CF6E4FF96FF9%7D/SG_report_2026.pdf