Desde las elecciones de Brasil y Serbia hasta las protestas de Chile, Colombia, Nepal y Kenia, las nuevas generaciones participan en movimientos que defienden la educación, los derechos sociales, la democracia y el medio ambiente. Su influencia crece, aunque movilizarse, conseguir reformas y acceder al poder son resultados diferentes.
La jornada electoral del domingo 25 de octubre dejó dos acontecimientos políticos relevantes en países separados por miles de kilómetros. En Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva consiguió su reelección después de una segunda vuelta en la que las organizaciones estudiantiles progresistas participaron activamente en la campaña. En Serbia, una lista respaldada por el movimiento universitario derrotó al partido de Aleksandar Vučić, tras casi dos años de protestas contra la corrupción y las prácticas de gobierno que sus participantes consideraban autoritarias.
Ambos procesos tuvieron resultados electorales, pero representan experiencias distintas. En Brasil, los estudiantes se incorporaron a una coalición política que ya ejercía el gobierno. En Serbia, una movilización surgida fuera de los partidos tradicionales consiguió organizar una alternativa electoral. En ninguno de los dos casos puede atribuirse el resultado exclusivamente a la juventud, aunque su participación estuvo documentada y formó parte de la dinámica política.
La segunda vuelta brasileña terminó con el 51,79 % de los votos válidos para Lula y el 48,21 % para Flávio Bolsonaro, según los resultados difundidos por la Cámara de Diputados de Brasil. La campaña había cobrado especial intensidad después de que Bolsonaro superara a Lula en la primera vuelta.
La Unión Nacional de Estudiantes (UNE) decidió apoyar la reelección presidencial el 6 de octubre y convocó una campaña nacional de movilización. Bajo el nombre de Estudantes com Lula, promovió asambleas universitarias, concentraciones, actividades en barrios y acciones de comunicación política. La organización defendió el fortalecimiento de la educación pública, la inversión en ciencia, la ayuda a los estudiantes y la reducción de la jornada laboral de seis días de trabajo a uno de descanso.
Miles de estudiantes participaron en manifestaciones en Río de Janeiro, Brasilia y otras ciudades. El 7 de octubre, universitarios y estudiantes de secundaria marcharon desde la Candelaria hasta Cinelândia, en Río, para expresar su apoyo a la candidatura y reclamar mayores recursos educativos. Las movilizaciones continuaron durante las semanas previas a las elecciones.
Bianca Borges, presidenta de la UNE, explicó a Agência Brasil el 18 de octubre que la organización pretendía mantener su actividad después de las elecciones, independientemente del resultado. La dirigente vinculó la movilización con la defensa de la educación, las oportunidades laborales y las instituciones democráticas. Su planteamiento permite comprender que la participación estudiantil puede acompañar una campaña electoral y, al mismo tiempo, conservar demandas propias frente al gobierno que resulte elegido.
En Serbia, la experiencia siguió otro recorrido. Las protestas comenzaron después del derrumbe de una marquesina en la estación de tren de Novi Sad, ocurrido en noviembre de 2024 y que causó 16 muertes. Los estudiantes exigieron responsabilidades por la tragedia y denunciaron problemas de corrupción y falta de transparencia. Las autoridades rechazaron diversas acusaciones, mientras las manifestaciones fueron sumando profesores, trabajadores y otros sectores de la sociedad.
El movimiento organizó asambleas abiertas, marchas y acciones ciudadanas que se prolongaron durante casi dos años. La convocatoria de elecciones anticipadas permitió trasladar parte de esa organización a una lista de candidaturas respaldadas por los estudiantes.
El 25 de octubre, Vučić reconoció la derrota de su formación. Al día siguiente, Reuters informó de que, con casi el 99 % de los votos escrutados, la lista estudiantil alcanzaba el 52,7 % de los sufragios y 139 de los 250 escaños parlamentarios. El resultado abre la posibilidad de formar un gobierno, aunque la elección de representantes y la capacidad de administrar el Estado corresponden a etapas diferentes.
La experiencia serbia constituye un caso poco frecuente de transformación de una movilización estudiantil en una mayoría parlamentaria. Sus futuras decisiones permitirán evaluar hasta qué punto las demandas que dieron origen al movimiento pueden convertirse en políticas públicas.
En otras regiones, la participación juvenil ha conseguido cambios sin que sus protagonistas lleguen al gobierno. El informe sobre el estado de la sociedad civil de CIVICUS, publicado en 2026, documenta movilizaciones de la generación Z en Indonesia, Marruecos, Nepal, Madagascar, Filipinas, Perú y varios países europeos.
En Indonesia, las protestas contra los beneficios económicos concedidos a legisladores llevaron al Parlamento a retirar algunas de las medidas cuestionadas. En Marruecos, el movimiento Gen Z 212 reclamó mejoras en sanidad y educación, y el Gobierno anunció incrementos presupuestarios para ambos sectores. En Timor Oriental, las manifestaciones contribuyeron a la eliminación de privilegios destinados a representantes políticos.
Estas experiencias muestran formas de incidencia que pueden producir modificaciones concretas en decisiones gubernamentales. También evidencian sus límites, porque una concesión presupuestaria o la retirada de una medida impopular no garantizan la solución de los problemas que originaron las protestas.
En Chile, miles de estudiantes y docentes marcharon el 3 de junio de 2026 contra los recortes educativos y las políticas de austeridad del gobierno de José Antonio Kast. La manifestación fue convocada por la Confederación de Estudiantes de Chile y contó con la participación de organizaciones feministas y otros sectores sociales.
Los participantes reclamaron recursos para la educación pública y cuestionaron las consecuencias de las medidas económicas sobre las oportunidades de formación. La protesta terminó con enfrentamientos entre algunos manifestantes y las fuerzas policiales. Su importancia política radica en la capacidad del movimiento estudiantil para llevar las decisiones presupuestarias al debate público, aunque ello no implique necesariamente que consiga modificar las políticas cuestionadas.
En Colombia, la jornada de movilización del 14 de octubre reunió a sindicatos, estudiantes universitarios, docentes, organizaciones indígenas, colectivos feministas y agrupaciones culturales que cuestionaron las primeras decisiones del gobierno de Abelardo de la Espriella.
Las demandas abarcaron la educación pública, los derechos laborales, los presupuestos culturales, los derechos sexuales y reproductivos y las garantías para ejercer la protesta social. Las organizaciones participantes también expresaron su oposición a las restricciones anunciadas por el Ejecutivo para regular las manifestaciones.
La movilización colombiana permite observar la confluencia de generaciones y sectores sociales alrededor de reivindicaciones compartidas. Los estudiantes participaron en ella, pero no fueron sus únicos convocantes ni puede afirmarse que representaran a toda la juventud del país.
En Alemania, las manifestaciones contra las posiciones de Alternativa para Alemania (AfD) han reunido a organizaciones civiles, sindicales y juveniles. En julio de 2026, miles de personas protestaron durante el congreso nacional de ese partido en Erfurt. Los manifestantes expresaron su rechazo a sus propuestas y a su creciente presencia en la política alemana.
Las protestas contra los partidos de extrema derecha constituyen una de las expresiones actuales de participación juvenil en Europa. Sin embargo, la juventud europea también participa en organizaciones conservadoras, liberales y de derecha. La edad, por sí sola, no determina una orientación ideológica.
En Nepal, las manifestaciones de septiembre de 2025 comenzaron en un contexto de restricciones a las plataformas digitales y denuncias de corrupción. Las protestas se extendieron y contribuyeron a una crisis política que terminó con la dimisión del primer ministro. En Madagascar, los cortes de agua y electricidad impulsaron movilizaciones juveniles que posteriormente incorporaron demandas de cambio político. La salida del presidente Andry Rajoelina se produjo en un proceso que también involucró a las fuerzas armadas, por lo que no puede atribuirse únicamente a la acción de los manifestantes.
En Kenia, las protestas juveniles contra medidas tributarias y problemas de gobernabilidad expusieron los riesgos de la movilización en contextos de represión. Amnistía Internacional documentó violaciones de derechos humanos relacionadas con la respuesta estatal, incluidas detenciones arbitrarias, desapariciones y muertes. La organización también examinó el uso de tecnologías para vigilar a los participantes en las protestas.
La comparación internacional permite identificar algunas demandas recurrentes, aunque su importancia varía entre países. La educación pública aparece en las movilizaciones de Brasil, Chile, Colombia y Marruecos. El empleo, los salarios y el coste de vida ocupan un lugar importante en las protestas de Indonesia y otros países asiáticos. La transparencia, la corrupción y las libertades políticas han sido asuntos centrales en Serbia y Nepal.
La defensa del medio ambiente también forma parte de las agendas juveniles contemporáneas. Los movimientos por la justicia climática, las campañas contra proyectos extractivos y las iniciativas de protección territorial han contribuido a ampliar la participación de estudiantes y organizaciones comunitarias. En Brasil, la plataforma política aprobada por la UNE en 2026 incorporó la transición ecológica entre sus propuestas, junto con el financiamiento educativo y las oportunidades laborales.
La cultura constituye otro ámbito de movilización. En Colombia, colectivos culturales participaron en las protestas contra los recortes presupuestarios, mientras que en diferentes países las expresiones artísticas han servido para comunicar demandas políticas y convocar a nuevos participantes. La defensa del acceso a la cultura, las libertades de creación y los recursos para actividades artísticas también forma parte de las discusiones sobre derechos y oportunidades.
La presencia de mujeres jóvenes merece atención específica. Bianca Borges encabeza una de las principales organizaciones estudiantiles brasileñas y las agrupaciones feministas han participado en las protestas de Chile y Colombia. Sin embargo, los informes internacionales no siempre presentan datos desagregados por sexo sobre la participación, las detenciones o los espacios de dirección de los movimientos. Esa carencia dificulta evaluar las diferencias entre mujeres y hombres en las oportunidades de liderazgo y en los riesgos asociados a la protesta.
Las plataformas digitales han facilitado la convocatoria de manifestaciones, la circulación de información y el intercambio de experiencias entre países. CIVICUS identifica el uso de herramientas de comunicación descentralizadas y la circulación internacional de símbolos y estrategias de movilización. La organización presencial, las asambleas y las alianzas con otros sectores siguen siendo fundamentales para sostener las demandas y negociar cambios.
Las experiencias recientes obligan a distinguir los resultados de la participación política. Una manifestación puede conseguir visibilidad pública sin modificar una decisión gubernamental. Otras protestas logran retirar medidas, ampliar presupuestos o abrir negociaciones. En determinados contextos, la organización ciudadana también puede convertirse en participación electoral, como ocurrió en Serbia, o integrarse en campañas partidarias, como sucedió en Brasil.
La influencia juvenil tampoco debe medirse únicamente por la capacidad de ganar elecciones. Participar en la elaboración de propuestas, vigilar el uso de recursos públicos, defender derechos, organizar comunidades y exigir responsabilidades son actividades políticas con efectos que pueden extenderse más allá de una coyuntura electoral.
La juventud no constituye un sector uniforme. Sus integrantes tienen distintas condiciones económicas, identidades, experiencias educativas y posiciones ideológicas. Tampoco todas las personas jóvenes participan en organizaciones o manifestaciones. La visibilidad de los movimientos más activos no permite deducir las preferencias políticas de una generación completa.
Los acontecimientos de 2025 y 2026 muestran, sin embargo, que numerosos jóvenes están encontrando formas de intervenir en decisiones que afectan a su educación, su trabajo, sus libertades y sus posibilidades de futuro. Algunos movimientos han conseguido reformas; otros se enfrentan a la represión o mantienen demandas pendientes. En Serbia, una organización nacida de las protestas obtuvo una mayoría parlamentaria. En Brasil, estudiantes progresistas participaron activamente en una campaña presidencial que terminó con la reelección de Lula.
Estas experiencias ofrecen razones suficientes para revisar la imagen de una juventud ajena a los asuntos públicos. Su participación adopta formas diferentes y sus resultados son desiguales, pero en numerosos países las nuevas generaciones están presentes en los debates y decisiones políticas de su tiempo.
Referencias
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