Azul por la ficocianina y verde por la clorofila, la espirulina concentra proteínas, pigmentos y otros compuestos que han despertado interés por sus posibles efectos antioxidantes y metabólicos. Los estudios muestran resultados favorables en determinados indicadores cardiovasculares, aunque todavía existen límites importantes en cuanto a sus beneficios clínicos y su seguridad.
Dr. Miguel A. Torres Batista
En el mercado de los suplementos nutricionales, la clorofila ha ganado popularidad, aunque muchas personas desconocen que la espirulina ya contiene este pigmento de forma natural. Esta cianobacteria, habitualmente comercializada como microalga, además, posee proteínas y otros compuestos de interés nutricional. Su característico color azul verdoso procede de pigmentos que intervienen en la fotosíntesis y que también se investigan por sus posibles aplicaciones biomédicas.
El color azul de la espirulina se debe principalmente a la ficocianina, un pigmento proteico estudiado por sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. En investigaciones de laboratorio y en modelos animales se han observado efectos sobre distintos procesos celulares, incluida la proliferación de determinadas células tumorales. Estos resultados son experimentales y aún no demuestran que consumir espirulina permita prevenir ni tratar el cáncer en seres humanos.
El color verde procede de la clorofila, un pigmento esencial para captar energía luminosa durante la fotosíntesis. Su estructura química presenta algunas similitudes con el grupo hemo de la hemoglobina, aunque ambas moléculas cumplen funciones diferentes. La clorofila contiene magnesio en su estructura central, mientras que el grupo hemo de la hemoglobina contiene hierro. Esta similitud no significa que ingerir clorofila estimule directamente la producción de glóbulos rojos ni que pueda sustituir el tratamiento de una anemia.
También se han investigado, en condiciones experimentales, las propiedades de ciertos compuestos de la espirulina para unirse a metales. Sin embargo, no hay evidencia clínica suficiente para recomendar su consumo como método para eliminar plomo, mercurio u otras sustancias tóxicas del organismo. La calidad del producto adquiere especial importancia porque la espirulina puede acumular contaminantes presentes en el agua en la que se cultiva.
En cuanto a la salud cardiovascular, los resultados son más prometedores, ya que una revisión sistemática con metaanálisis, publicada en 2025 y que reunió 35 ensayos clínicos aleatorizados, encontró reducciones medias en algunos indicadores, como el colesterol total, el colesterol LDL, los triglicéridos y la presión arterial. Los efectos fueron modestos y la certeza de la evidencia varió según el resultado evaluado. En particular, el análisis registró una reducción media aproximada de 3,9 mmHg en la presión sistólica y de 3,1 mmHg en la diastólica.
Estos hallazgos sugieren que la espirulina podría tener utilidad como complemento de determinadas estrategias nutricionales. Sin embargo, las variaciones observadas en los indicadores clínicos no demuestran por sí solas una reducción del riesgo de sufrir infartos u otros acontecimientos cardiovasculares. Tampoco justifican sustituir los medicamentos prescritos, una alimentación equilibrada o la actividad física. Se necesitan ensayos de mayor tamaño y duración para determinar qué personas podrían beneficiarse, con qué dosis y durante cuánto tiempo.
En relación con el control del peso corporal, algunos estudios han observado pequeñas reducciones de peso, pero no se ha demostrado que tomar espirulina treinta minutos antes de las comidas produzca una sensación de saciedad suficiente para controlar las raciones sin experimentar hambre. Aunque contiene fenilalanina, uno de los aminoácidos esenciales, su presencia no permite concluir que el suplemento tenga ese efecto a las dosis habituales.
Las proteínas constituyen una proporción considerable del peso seco de la espirulina. En determinadas preparaciones pueden representar entre el 60 % y el 70 %, aunque la composición depende de las condiciones de cultivo y del procesamiento. Contiene aminoácidos esenciales y otros nutrientes, pero es necesario considerar la cantidad que realmente se consume. Una ración de cinco gramos de un producto con un 60 % de proteína aportaría aproximadamente tres gramos, una cantidad insuficiente para sustituir las principales fuentes proteicas de una alimentación equilibrada.
La espirulina también contiene ácido gamma-linolénico, un ácido graso omega-6 investigado por sus posibles efectos biológicos. No obstante, aún faltan pruebas clínicas suficientes para vincular que su consumo regule las hormonas, trate enfermedades de la piel o produzca beneficios antiinflamatorios específicos en todas las personas. Tampoco debe considerarse una fuente fiable de vitamina B12 para quienes siguen dietas veganas, debido a la presencia predominante de análogos que no garantizan el aporte de vitamina B12 biológicamente activa.
Otra línea de investigación se relaciona con la rinitis alérgica. Algunos ensayos clínicos pequeños han observado mejoras en determinados síntomas. Un estudio aleatorizado publicado en 2020, con 53 participantes, comparó el consumo de dos gramos diarios de espirulina con diez miligramos diarios de cetirizina durante dos meses. Los resultados mostraron diferencias favorables a la espirulina en la secreción nasal, la obstrucción y las alteraciones del olfato, pero no diferencias estadísticamente significativas entre los grupos en cuanto a estornudos o picor nasal.
Aunque estos resultados justifican continuar investigando, el tamaño de la muestra y la duración del seguimiento limitan las conclusiones. La evidencia disponible todavía no permite recomendar la espirulina como sustituto general de los antihistamínicos ni de otros tratamientos indicados por profesionales de la salud.
La seguridad merece tanta atención como los posibles beneficios nutricionales. La Agencia Francesa de Seguridad Alimentaria, Ambiental y Laboral (ANSES) ha advertido de que los suplementos de espirulina pueden contaminarse con cianotoxinas, bacterias y metales como el plomo, el mercurio o el arsénico. También se han notificado reacciones alérgicas, molestias digestivas y otros efectos adversos. Aunque los episodios graves notificados son poco frecuentes, su existencia exige prestar atención al origen y a los controles de calidad.
La evaluación de ANSES señala que el consumo de dosis bajas, de hasta varios gramos diarios, no parece representar un riesgo importante para la mayoría de los adultos. Sin embargo, la información disponible no permite descartar efectos adversos poco frecuentes ni establecer que todos los productos comercializados tengan la misma seguridad. La agencia recomienda adquirirlos a través de canales de suministro fiables y desaconseja su consumo en personas con fenilcetonuria o con predisposición alérgica.
Quienes padecen enfermedades crónicas, utilizan medicamentos o están embarazadas o en periodo de lactancia deben consultar con un profesional sanitario antes de consumir suplementos de espirulina. Esta valoración es especialmente importante cuando existen tratamientos que podrían verse afectados o condiciones médicas que requieren vigilancia.
No existe una dosis universal de espirulina que garantice todos los beneficios investigados ni una pauta de aumento que elimine el riesgo de efectos secundarios. Las molestias digestivas tampoco deben interpretarse como supuestas «crisis depurativas» provocadas por la liberación de toxinas. Ante la aparición de síntomas, lo adecuado es suspender el consumo y buscar consejo médico cuando corresponda.
La espirulina puede incorporarse a una alimentación variada como fuente complementaria de determinados nutrientes. Su composición y sus posibles efectos biológicos justifican el interés científico que ha despertado, pero el valor de cada producto depende de su calidad, de la cantidad consumida y de los resultados demostrados en estudios clínicos. Reconocer estas diferencias permite aprovechar su interés nutricional sin atribuirle propiedades curativas que todavía no cuentan con respaldo suficiente.
Referencias
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