Un grupo de mujeres aprende y ejerce la carpintería en La Habana mientras desafía una división del trabajo que todavía concentra a hombres y mujeres en ocupaciones distintas. La experiencia también abre posibilidades de empleo y de emprendimiento en medio de la crisis económica cubana.

Durante décadas, trabajar la madera y operar las máquinas de un taller de carpintería han formado parte de esos oficios socialmente asociados a los hombres. En Centro Habana, un grupo de mujeres está modificando esa imagen mientras aprende a cortar, ensamblar, lijar y transformar la madera en objetos que luego salen al mercado.

La experiencia comenzó en marzo de 2025, cuando alrededor de 20 mujeres participaron en un curso de carpintería impulsado por el proyecto cultural La Manigua, con el apoyo de la Embajada de los Países Bajos en Cuba y desarrollado en Factoría Espacios, un taller dedicado desde hace casi tres décadas al trabajo con madera y acero.

Las participantes no encajaban en un único perfil. Había estudiantes universitarias, trabajadoras, profesionales, amas de casa, madres solteras y jubiladas. Algunas buscaban una alternativa laboral; otras querían adquirir conocimientos que pudieran incorporar a las actividades que ya realizaban. Tenían en común el acceso a un oficio en el que la presencia femenina sigue siendo excepcional.

La situación no es exclusiva de Cuba. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte que la segregación ocupacional por género persiste en los mercados laborales. Las mujeres mantienen una presencia elevada en actividades relacionadas con la enfermería, los cuidados, la educación, la limpieza y las labores administrativas, mientras que los hombres predominan en la construcción, el transporte, la operación de maquinaria y numerosos oficios manuales.

Esta distribución tiene consecuencias que van más allá de quien realiza un trabajo determinado. Una investigación de la OIT y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo sobre América Latina encontró que la existencia de ocupaciones consideradas femeninas y masculinas continúa influyendo en las desigualdades en la inserción laboral, los salarios y las posibilidades de ascenso.

Las carpinteras habaneras conocieron esos estereotipos antes de tocar una máquina. Algunas escucharon en sus familias que la carpintería era «cosa de hombres». Cuando llegaron al taller, también encontraron resistencia.

Yessica Valera, de 35 años, recordó a El País que inicialmente los trabajadores no querían que las participantes se acercaran a las máquinas. La experiencia cotidiana fue modificando esa relación mientras ellas demostraban que podían aprender las técnicas y realizar el trabajo.

Valera pertenece a la primera generación del proyecto. Es tatuadora desde hace una década y ha realizado distintos trabajos para mantener a sus dos hijas. Después de completar la formación, se incorporó, junto con otras participantes, al equipo de Factoría Espacios. Ahora trabaja con la madera y contempla desarrollar en el futuro un emprendimiento que vincule la carpintería con la cocina.

Indira Linares Valdés, de 39 años, comparte una aspiración similar. Tras participar en el curso, comenzó a trabajar en el taller y ahora quiere disponer algún día de su propia carpintería junto con otras compañeras. Yamilet Hernández Estrada, de 61 años, también pasó de la formación al trabajo en Factoría Espacios.

La incorporación efectiva al empleo constituye una de las características más relevantes de la experiencia. Seis mujeres de la primera edición fueron incorporadas al equipo del taller tras concluir la formación. Una segunda generación, integrada por ocho participantes, continuaba formándose en 2026.

Aprender un oficio también amplía las opciones económicas

La formación técnica adquiere otra dimensión en el contexto cubano. Los problemas económicos, energéticos y de transporte condicionan tanto el funcionamiento del taller como la asistencia de las participantes. Los cortes de electricidad impiden utilizar determinadas máquinas y las dificultades de movilidad han provocado que algunas mujeres no puedan continuar el curso.

Para quienes permanecen, aprender carpintería amplía las posibilidades de generar ingresos. Con madera descartada en otros procesos del taller, las participantes elaboran tablas de cortar, soportes para teléfonos, bandejas, fichas de dominó y otros objetos utilitarios que Factoría Espacios y La Manigua comercializan. También reciben formación en emprendimiento, pensamiento creativo y género, y han comenzado a considerar constituir una cooperativa.

El vínculo entre la formación y la autonomía económica es especialmente relevante para las mujeres. La OIT sostiene que las brechas de género continúan afectando el acceso al mercado laboral en Latinoamérica. Aunque la participación femenina ha aumentado, las mujeres siguen registrando tasas de participación laboral inferiores y se concentran en determinadas ocupaciones y empleos de menor calidad.

Las responsabilidades domésticas también forman parte de esas diferencias. ONU Mujeres estima que en Cuba las mujeres y niñas mayores de 15 años dedican alrededor del 21 % de su tiempo al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, frente al 12,5 % registrado entre los hombres.

Abrir un oficio tradicionalmente masculino a las mujeres no consiste, por tanto, únicamente en enseñarles a utilizar herramientas. Supone ampliar las actividades económicas a las que pueden acceder y cuestionar una distribución del trabajo construida durante generaciones, basada en expectativas distintas para hombres y mujeres.

La formación profesional puede contribuir a modificarla. Una experiencia documentada por la OIT en Costa Rica en 2026 muestra que aumentar la incorporación de las mujeres a las áreas técnicas requiere abordar obstáculos que persisten incluso cuando ya representan una parte importante del alumnado: estereotipos ocupacionales, responsabilidades desiguales de cuidados y condiciones que dificultan su permanencia e inserción laboral.

En La Habana, las participantes comenzaron por aprender un oficio. Algunas ya han conseguido trabajo; otras buscan incorporar la carpintería a sus actividades y varias piensan emprender. El cambio también ocurre dentro del propio taller, donde mujeres y hombres han participado en espacios de formación sobre género, y la presencia de carpinteras ha dejado de ser una experiencia exclusivamente formativa para convertirse en un trabajo cotidiano.

Silvia Padrón, fundadora de La Manigua, resume el aprendizaje obtenido tras dos ediciones del programa: hay mujeres interesadas en ejercer el oficio cuando encuentran una oportunidad para aprenderlo.

La experiencia cubana muestra que la división entre trabajos femeninos y masculinos no se debe únicamente a diferencias de capacidad. Cuando las mujeres acceden a formación, herramientas y espacios para ejercer un oficio, también pueden entrar en sectores de los que históricamente han estado ausentes. La madera no distingue quién sostiene la herramienta; las oportunidades laborales, todavía sí.

Referencias

Murguía, S. (2026, 17 de agosto). Carpinteras de La Habana: Cuando tallar la madera rompe estereotipos de género y se convierte en un acto de resiliencia. El País.
https://elpais.com/america-futura/2026-08-17/carpinteras-de-la-habana-cuando-tallar-la-madera-rompe-estereotipos-de-genero-y-se-convierte-en-un-acto-de-resiliencia.html

ONU Mujeres. (s. f.). Country fact sheet: Cuba. Women Count, UN Women Data Hub.
https://data.unwomen.org/country/cuba

Organización Internacional del Trabajo y Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. (2019). La segregación horizontal de género en los mercados laborales de ocho países de América Latina: implicaciones para las desigualdades de género. Organización Internacional del Trabajo.
https://www.ilo.org/es/publications/la-segregacion-horizontal-de-genero-en-los-mercados-laborales-de-ocho-0

Organización Internacional del Trabajo. (2023, 1 de mayo). Where women work: Female-dominated occupations and sectors. ILOSTAT.
https://ilostat.ilo.org/blog/where-women-work-female-dominated-occupations-and-sectors/

Zamora Rodríguez, O., & Mogrovejo Monasterios, R. (2026, 29 de abril). Closing gender gaps in vocational training: Good practices of the National Training Institute (INA) of Costa Rica. Organización Internacional del Trabajo. https://doi.org/10.54394/00034042