Una investigación de la economista de Harvard, Rebecca Diamond, encontró un aumento de 26,9 puntos porcentuales en la probabilidad de conseguir empleo entre mujeres que estaban desempleadas antes de comenzar a utilizar medicamentos GLP-1 para perder peso. El resultado no demuestra que adelgazar mejore las capacidades laborales, y la propia autora plantea otra explicación: parte de la penalización económica asociada al peso podría producirse cuando una mujer es evaluada por primera vez, una posibilidad que coincide con investigaciones previas sobre discriminación en los procesos de contratación.
Los medicamentos GLP-1 han transformado en los últimos años el debate sobre la obesidad y la pérdida de peso, pero una investigación publicada en junio de 2026 introdujo una variable menos evidente en el estudio. Tras analizar la situación laboral y personal de mujeres que comenzaron a utilizarlos, la economista Rebecca Diamond encontró cambios importantes en las posibilidades de empleo de quienes inicialmente estaban desempleadas.
Diamond, profesora de Economía de la Universidad de Harvard, utilizó información del America Study, administrado por el Center for Economic and Social Research de la Universidad del Sur de California. Su investigación comparó a mujeres que empezaron a utilizar GLP-1 para perder peso con otras de características similares que deseaban iniciar estos medicamentos, pero aún no lo habían hecho. Después de seis o más trimestres, aproximadamente un año y medio, la probabilidad de conseguir empleo entre quienes estaban inicialmente desempleadas aumentó en 26,9 puntos porcentuales respecto al grupo de comparación.
El estudio, titulado GLP-1–Induced Weight Loss and the Female Obesity Penalty, fue publicado como documento de trabajo por el National Bureau of Economic Research (NBER), por lo que sus resultados deben interpretarse con la cautela correspondiente.
Los documentos de esta serie circulan para discusión académica y no han sido sometidostodavía a revisión por pares ni al proceso de evaluación que acompaña a las publicaciones oficiales del organismo.
El interés del resultado laboral radica precisamente en aquello que Diamond no encontró.
Entre las mujeres que ya tenían empleo antes de comenzar a utilizar GLP-1, no se registraron aumentos significativos en las horas trabajadas ni movilidad ascendente que permitieran atribuir el cambio principalmente a una mayor productividad o motivación. La investigadora examinó, además, indicadores relacionados con la depresión, la soledad y la satisfacción con la vida, y tampoco encontró variaciones suficientes para explicar por sí solas la magnitud de los resultados.
Diamond considera que este comportamiento es compatible con una hipótesis relacionada con las primeras impresiones. La pérdida de peso parece tener mayor incidencia cuando debe establecerse una relación nueva, como ocurre durante un proceso de contratación, mientras que sus efectos son considerablemente menores en relaciones laborales ya existentes. La investigación no permite afirmar que la discriminación explique cada nuevo empleo conseguido, pero sí ofrece evidencia para examinar el grado en que el peso corporal puede incidir cuando una mujer es evaluada por primera vez.
La discusión antecede a la aparición de los GLP-1. Una revisión sistemática publicada en 2024 analizó 59 estudios sobre el peso corporal y los resultados laborales y concluyó que sus efectos varían según el género, la etnia, el país y el periodo. Entre los resultados más consistentes se observó una desventaja para mujeres blancas con exceso de peso en Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Canadá y en varios países europeos, tanto en las posibilidades de empleo como en los salarios. Los autores también advierten que la evidencia causal disponible sigue siendo limitada y que aún hay poca investigación fuera de Estados Unidos y de Europa occidental.
Otros trabajos han observado directamente lo que ocurre durante la contratación. Una investigación experimental publicada en Frontiers in Psychology encontró que las personas candidatas con obesidad eran valoradas como menos adecuadas para determinados empleos y que las mujeres con obesidad recibían las evaluaciones más desfavorables. Otro estudio sobre estereotipos automáticos comprobó, mediante solicitudes enviadas a ofertas reales, que responsables de contratación con asociaciones implícitas más negativas hacia las personas con obesidad mostraban menor disposición a convocarlas a entrevistas.
La evidencia resulta particularmente significativa cuando se introduce la perspectiva de género. Un estudio realizado en México por los economistas Raymundo Campos-Vázquez y Eva González envió 3.202 currículos ficticios en respuesta a 1.696 anuncios de empleo.
Las candidatas representadas sin obesidad obtuvieron una tasa de respuesta del 29,1 %, frente al 21,3 % de las candidatas representadas con obesidad. Según los cálculos de los investigadores, una mujer con obesidad habría necesitado enviar un 37 % más de currículos para obtener la misma cantidad de respuestas. El experimento encontró evidencia clara de discriminación contra las mujeres con obesidad, pero no un resultado equivalente en los hombres.
Estas diferencias ayudan a situar el estudio de Diamond fuera de una interpretación centrada exclusivamente en los efectos de un medicamento. Los GLP-1 permiten observar a las mismas mujeres antes y después de una pérdida de peso considerable y analizar qué aspectos de sus vidas cambian durante ese periodo. Si las posibilidades laborales aumentan cuando cambia el cuerpo, mientras que las capacidades profesionales no necesariamente han cambiado en la misma proporción, la investigación obliga a examinar también a quienes toman las decisiones de contratación.
El fenómeno suele describirse en la literatura económica como «female obesity penalty», una penalización asociada al peso que puede manifestarse en menores salarios, dificultades de contratación u otras desventajas económicas. Una investigación publicada en Economics & Human Biology, por ejemplo, encontró diferencias salariales relacionadas con el peso aun después de aplicar una estrategia destinada a controlar posibles diferencias de productividad. Sus resultados mostraron una penalización particularmente relevante entre las mujeres blancas analizadas.Conviene, sin embargo, evitar trasladar estos resultados a una conclusión según la cual perder peso constituye una estrategia para mejorar la empleabilidad. Además de convertir una investigación económica en una recomendación médica que no formula, esa lectura atribuiría a las mujeres la responsabilidad de modificar sus cuerpos para responder a expectativas que se producen fuera de ellas.
La interrogante que dejan estos estudios se dirige más bien a los procesos de selección y a las asociaciones que continúan vinculando determinados cuerpos con ideas sobre disciplina, productividad, profesionalismo o liderazgo. Cuando características físicas que
no determinan la capacidad para realizar un trabajo intervienen en las posibilidades de acceder a él, la desigualdad deja de explicarse por las competencias de quien solicita el puesto y obliga a revisar los criterios con los que se decide quién recibe la oportunidad.
Fuentes y referencias
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Estudio de Harvard 2026: GLP-1 aumenta el empleo femenino en 27 puntos más que el título universitario. Ecosistema Startup
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https://doi.org/10.1016/j.ehb.2024.101398Mukhopadhyay, S. (2021). Do employers discriminate against obese employees? Evidence from individuals who are simultaneously self-employed and working for an employer.
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