En el marco del Día Mundial de la Salud Mental Materna, especialistas advierten que la idealización de la maternidad como experiencia exclusivamente feliz invisibiliza el sufrimiento emocional de miles de mujeres y retrasa la atención de trastornos que requieren una intervención oportuna.
En el Día Mundial de la Salud Mental Materna se pone sobre la mesa la preocupación por la brecha entre la maternidad real y la maternidad esperada. Mientras el discurso social insiste en que ser madre debe ser una experiencia plena, natural y gratificante, la evidencia científica muestra que una proporción significativa de mujeres experimenta ansiedad, depresión, agotamiento extremo y sentimientos ambivalentes tras el embarazo y el parto.
El problema no es solo clínico, sino también cultural. La Organización Mundial de la Salud estima que cerca del 10 % de las mujeres embarazadas y del 13 % de las mujeres en el posparto experimentan trastornos mentales, principalmente depresión. Sin embargo, estas cifras podrían estar subestimadas debido a la falta de diagnóstico y al silencio que rodea el malestar emocional en la maternidad. En contextos de ingresos medios y bajos, la prevalencia puede superar el 19 %.
Ese silencio y la romantización no son casuales. Está sostenido por un mandato cultural que convierte la maternidad en un espacio donde el sufrimiento parece inadmisible.
“La construcción social de la ‘buena madre’ impone una expectativa de entrega total, amor incondicional y felicidad permanente”, advierte UN Women en diversos informes sobre los cuidados y la desigualdad de género. Bajo ese marco, emociones como la frustración, el cansancio o el arrepentimiento parcial no solo se viven en privado, sino que también se reprimen por miedo al juicio social.
El estigma sigue siendo un factor determinante. Reconocer que la maternidad no se vive con felicidad constante puede interpretarse como una falta de amor hacia el hijo o como una incapacidad para maternar. Esta percepción tiene efectos concretos en la salud pública: retrasa los diagnósticos, limita el acceso al tratamiento y agrava cuadros que podrían abordarse de manera temprana.
La idealización también se reproduce en los entornos digitales. Las redes sociales han amplificado modelos de maternidad basados en la perfección estética, el control emocional y la productividad, generando comparaciones constantes y reforzando estándares difíciles de sostener en la vida cotidiana. Aunque la evidencia sobre este fenómeno aún está en desarrollo, distintos estudios coinciden en que la exposición a contenidos idealizados puede aumentar la ansiedad y la percepción de insuficiencia en mujeres durante el posparto.
Pero el problema no se resuelve solo con la visibilización. La Organización Mundial de la Salud recomienda integrar la salud mental en todos los niveles de la atención materna, desde el control prenatal hasta el seguimiento posparto, e incluir tamizajes sistemáticos, acompañamiento psicosocial y acceso a servicios especializados. A esto se suma la necesidad de políticas públicas que aborden factores estructurales como la falta de redes de cuido, la precariedad laboral y la violencia de género, todos ellos asociados a un mayor riesgo de deterioro emocional.
Desmontar el mandato de la felicidad obligatoria implica, en términos editoriales y políticos, reconocer que la maternidad no es una experiencia homogénea. Es un proceso atravesado por condiciones materiales, contextos culturales y trayectorias individuales.
Referencias:
Shorey, S., et al. (2023). Global prevalence of postpartum depression: A systematic review and meta-analysis. The Lancet Psychiatry.
UN Women. (2023). Progress on the Sustainable Development Goals: The gender snapshot.
World Health Organization. (2022). WHO guide for integration of perinatal mental health in maternal and child health services.
World Health Organization. (s. f.). Maternal mental health.
World Maternal Mental Health Day. (2026). World Maternal Mental Health Day.








