La riqueza no depende solo de cuánto dinero tenemos, sino también de cómo pensamos, sentimos y decidimos ante ella. La educación financiera, el orden, el propósito y la fe pueden ser el punto de partida para transformar nuestra relación con el dinero.

Claudia Vanegas

La verdadera situación financiera no siempre está en el bolsillo, sino en la mente, las emociones y las decisiones.

Cuando Marilyn, directora de la revista Petra, me invitó a escribir esta columna, me hizo una propuesta muy concreta: —¿Podrías escribir una columna sobre los pasos básicos para invertir cuando se cuenta con poco dinero? Ahí nos vas a enseñar lo que estás aprendiendo. Y hubo una palabra que se quedó dando vueltas en mi cabeza: “poco”.

Desde el Modelo Ecce Trinus®, que desarrollo desde 2015, he aprendido a observar el poder de nuestras palabras y cómo pueden influir en nuestra manera de pensar, sentir y decidir. Entonces me pregunté: ¿Qué es “poco”?

Lo que para una persona puede parecer poco, para otra puede representar una gran oportunidad. Por eso, quizá la pregunta no debería ser solamente cuánto nos falta, sino: ¿con cuánto dinero cuento hoy para invertir y qué puedo comenzar a construir con ello?

No se trata de negar nuestra realidad económica, sino de dejar de mirar únicamente aquello que nos falta y comenzar a reconocer también aquello con lo que contamos y con lo que podemos construir.

El apóstol Pablo nos habla de “llamar las cosas que no son, como si fuesen” (Romanos 4:17). Desde mi perspectiva, esto no significa negar la realidad, sino aprender a mirar más allá de nuestras circunstancias presentes y abrir espacio para la fe, la posibilidad y la acción.

Porque las palabras que repetimos ayudan a construir nuestros marcos mentales. Y cuando cambia nuestra manera de interpretar una realidad, también pueden cambiar las decisiones que tomamos ante ella.

Estudia antes de invertir

Hace poco comencé a estudiar educación financiera y descubrí un mundo apasionante que no conocía. Estoy aprendiendo sobre los mercados financieros, las acciones, los valores de bolsa, las opciones y otros instrumentos.

Y precisamente porque estoy aprendiendo, quiero compartir algunas de las primeras lecciones que estoy recibiendo.

La primera fue contundente:

No entregues tu dinero ciegamente a nadie.

Esta enseñanza me tocó profundamente porque pienso que algunos de los sinsabores más duros de mi vida pudieron haberse evitado con un mayor conocimiento.

La Palabra de Dios dice: “Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento” (Oseas 4:6).

Por eso, mi segundo aprendizaje es estudiar y entrenarme en estrategias de inversión.

Invertir puede ser como una carrera de obstáculos o un deporte de alto rendimiento: requiere disciplina, paciencia, perseverancia, orden, confianza y, sobre todo, aprender a seguir un plan. En ese proceso, un buen mentor o coach puede convertirse en un acompañante importante.

Mi mentor, Alejandro Cardona, lo resume en una frase que me ha marcado: “La mejor inversión es aprender a invertir.”

Y hay otra frase que, para mí, tiene un enorme significado y forma parte del Modelo Ecce Trinus®: “El conocimiento te da autoridad sobre aquello que conoces y la información te da el poder para decidir.” El conocimiento es luz. Nos permite comprender, preguntar y decidir.

Pon orden en tus finanzas

Antes de pensar en invertir, escribe tu presupuesto. ¿Cuánto entra? ¿Cuánto sale? ¿Cuánto debes? ¿Cuánto realmente tienes disponible? No podemos administrar aquello que no conocemos.

Escribe tus objetivos

Define objetivos concretos y utiliza metas SMART. Ponles fecha. No es lo mismo decir “quiero tener más dinero” que saber cuánto quieres alcanzar, para qué lo quieres y en cuánto tiempo. Y escribe también tus sueños. Porque detrás de cada meta financiera debería haber un propósito: una casa, un negocio, estudios, tranquilidad, libertad o aquello que, para ti, tenga verdadero valor.

Mira hacia dentro

Hay otra inversión que pocas veces consideramos: revisar nuestra relación con el dinero. ¿Qué has escuchado durante tu vida? “No tengo dinero”. “No hay suficiente”. “Es mejor ser pobre pero honrado”. “El dinero no da la felicidad”. “El dinero no crece en los árboles”. Pregúntate: ¿Tener dinero me genera culpa? ¿no tenerlo me genera vergüenza? ¿soy impulsivo, temeroso o excesivamente controlador con el dinero? ¿me paraliza invertir? Podemos aprender sobre finanzas y, aun así, seguir tomando decisiones basadas en creencias antiguas.

Por eso, cuando estemos preparados, podemos buscar acompañamiento: un mentor financiero para aprender sobre inversiones y un proceso de coaching, como el que desarrollo desde el Modelo Ecce Trinus®, para trabajar en aquellos patrones mentales, emocionales y de lenguaje que pueden estar influyendo en nuestras decisiones.

Y hay algo todavía más importante

Desde el Modelo Ecce Trinus®, considero que ninguna conversación sobre la riqueza está completa sin hablar del espíritu.

Y para mí, esto es lo más importante: antes de mi relación con el dinero está mi relación con Dios, a quien amo sobre todas las cosas; el Dios de los cielos, creador de todo cuanto existe.

A Él quiero darle toda la honra y la gloria por lo que acontece en mi vida. La Palabra nos recuerda que Dios da el poder para hacer riquezas (Deuteronomio 8:18) y que “mía es la plata y mío es el oro” (Hageo 2:8).

Por eso, para mí, el dinero no debe convertirse en nuestro dueño. Es un recurso que Dios nos da para que lo administremos con orden, sabiduría, responsabilidad y propósito.

Jesús habló de una vida abundante. Y esa abundancia no la entiendo solo como tener más dinero, sino también como vivir con propósito, paz, libertad, alegría, gratitud, fe y salud.

Creo que cuando ponemos a Dios primero, podemos comenzar a transformar aquello que nos limita y nos bloquea, incluso nuestra propia relación con la riqueza.

Por eso, una de las frases centrales de mi Modelo Ecce Trinus® dice: “Si cambias tu manera de sentir, cambiará tu manera de pensar; si cambias tu manera de pensar, cambiará tu manera de hablar y, si cambia tu manera de hablar, cambiará tu manera de vivir.”

Quizá la riqueza no comience con cuánto dinero tenemos, sino con cómo pensamos, qué creemos, qué aprendemos y quién gobierna nuestra vida.

Hoy continúo aprendiendo sobre finanzas y comparto este camino porque, como me dijo Marilyn, quiero enseñar lo que estoy aprendiendo.

Y mi conclusión es sencilla:

La riqueza comienza en tu mente.

Pero para mí, también comienza cuando ponemos a Dios en el centro, aprendemos a gobernarnos y administramos con sabiduría aquello que hemos recibido.

Porque la verdadera riqueza no consiste solamente en tener más, sino en aprender a vivir con propósito y administrar sabiamente aquello que Dios ha puesto en nuestras manos.

“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Filipenses 4:13

*Creadora del Modelo Ecce Trinus®: “Gobiénate a ti mismo y gobernarás el mundo.”

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