Las personas experimentan cambios constantes a lo largo de su vida y son influidas por factores estructurales externos que determinan la forma en que envejecen.

María Araya Picado*

El proceso de envejecimiento y su vínculo con la salud son de interés para todas las personas: quienes hoy son adultas mayores y quienes transitan por las diferentes etapas del desarrollo, como la niñez, la adolescencia y la adultez, ya que durante estas se construyen las bases para contar con un estado de salud óptimo en la vejez.

El envejecimiento suele asociarse únicamente con esta última etapa. No obstante, todas las personas viven este proceso humano, que abarca las transformaciones del cuerpo en el ámbito físico, los cambios en las estructuras mentales y en las formas de pensamiento, así como las transiciones en la familia y en la sociedad, los puntos de inflexión a lo largo de la vida y el impacto del entorno sociocultural. Es decir, las personas se encuentran en constante cambio a lo largo de su vida y son influidas por factores estructurales externos que determinan la forma en que envejecen.

El Enfoque del Curso de Vida nos permite reflexionar sobre la relación entre los cambios sociales y las trayectorias individuales. De acuerdo con Elder y Kirkpatrick Johnson (2002), para comprender un momento o etapa de la vida, es necesario conocer los hechos que la precedieron.

Las condiciones de salud (físicas, sociales y mentales) están determinadas por el contexto social, familiar y cultural. Influyen las decisiones personales respecto al estilo de vida, el acceso a servicios de salud, las condiciones económicas y materiales que permitan mantener una dieta saludable, y el acceso a bienes y servicios. También es importante la existencia de programas y proyectos que promuevan la actividad física, el intercambio intergeneracional y el envejecimiento activo, para definir cómo las personas envejecen.

Asimismo, el aislamiento social, la soledad no deseada y el debilitamiento de las redes de apoyo familiar, comunal y estatal se suman a la visión edadista que persiste sobre la población mayor, lo que limita su participación social, el acceso a oportunidades y su reconocimiento como sujetos de derechos. Estos elementos representan desafíos importantes para la sociedad costarricense.

Por tanto, constituye un reto posicionar la corresponsabilidad entre el Estado, la sociedad y las familias, junto con la responsabilidad individual, para promover políticas y acciones que fomenten estilos de vida saludables y permitan alcanzar la vejez y vivirla de manera activa y digna.

En este contexto, la participación comunal es un pilar del bienestar colectivo y, en particular, para las personas mayores, ya que fortalece las redes de apoyo y favorece la salud desde un enfoque integral. Por ello, la Asociación Gerontológica Costarricense (AGECO) desarrolla esfuerzos en comunidades de todo el país para fomentar el envejecimiento activo, la autonomía, la socialización y el aprendizaje continuo, lo que incide positivamente en la autoestima y en la prevención del aislamiento.

Trabajar e invertir recursos en los espacios locales se convierte en un motor de la salud integral de las personas mayores y en un reflejo de cómo la organización colectiva transforma sus realidades y fortalece el tejido social.

Referencia:
Glen H. Elder Jr, & Monica Kirkpatrick Johnson. (2002). The life courses and aging: Challenges, lessons, and new directions. En R. A. Settersten Jr. (Ed.), Invitation to the life course: Toward new understandings of later life (eBook ed., pp. 49–81).

*Trabajadora social y gerontóloga de la Asociación Gerontológica Costarricense (AGECO).