Esta semana, la Asamblea Legislativa despide uno de los ejercicios de control político más rigurosos y coherentes de los últimos años. Con el último discurso de la diputada Sofía Guillén en esta tribuna, no solo termina una etapa parlamentaria, sino que se cierra un capítulo en el que la vigilancia del poder tuvo un rostro humano, técnico y, sobre todo, valiente.

Para muchos, la figura de Sofía representó no solo un ideal, sino también una forma de enfrentar la vida. En medio del ruido, las descalificaciones y la polarización, sus intervenciones fueron un refugio de sensatez. No se limitó a señalar errores; se dedicó a estudiar, a desmenuzar presupuestos y a defender los intereses de quienes a menudo no tienen voz.

Defendió la educación pública, la Caja Costarricense de Seguro Social y la soberanía nacional con una vehemencia que solo posee quien estudia hasta la madrugada. No hubo tema pequeño para ella, desde la protección de los recursos naturales hasta la lucha frontal contra la corrupción y el tráfico de influencias. Sofía nos recordó que ser oposición no es solo decir «no», sino proponer rutas alternativas basadas en la justicia y la equidad.

Verla ejercer su labor mientras atraviesa los retos de la crianza es un mensaje poderoso para todas las mujeres: lo personal es político. Defendió el futuro de las infancias y juventudes de este país con la urgencia de quien sabe que el mundo que estamos construyendo es el que heredarán nuestros hijos e hijas. Humanizó la política, recordándonos que detrás de cada ley hay vidas, familias y sueños.

Estos cuatro años fueron una lección de lo que significa la representación popular. Verla defender la institucionalidad y los derechos sociales con datos en mano y una ética inquebrantable nos recordó que la política puede —y debe— ser una herramienta de servicio y no un trampolín de egos. Sofía demostró que se puede ser firme sin perder la altura, y contundente sin perder la humanidad.

Mucha gratitud de haber tenido una aliada constante, alguien que hizo de su curul una trinchera de esperanza. Se va de la Asamblea, pero se queda en la historia de las que no se callaron.

Gracias, Sofía, por ser el eco de muchas preocupaciones y por no soltar la bandera de la justicia social. Tu paso por la Asamblea nos deja la certeza de que el camino siempre será más claro cuando se camina con integridad.

«Nada en este mundo debe ser temido, solo entendido. Ahora es el momento de entender más, para poder temer menos.» — Marie Curie.