Las redes empresariales pueden ser decisivas para el crecimiento de las pymes lideradas por mujeres. Participar activamente en cámaras, asociaciones y espacios gremiales abre oportunidades, fortalece la reputación y convierte contactos en alianzas, negocios y nuevos mercados.

Vanessa Álvarez Latino*

Emprender no debería ser un ejercicio de supervivencia. Sin embargo, para muchas mujeres que lideran pequeñas y medianas empresas, el día a día termina centrándose en vender, pagar a proveedores, atender a clientes, producir y resolver problemas. Y en medio de tanta operación, una decisión estratégica suele quedar relegada: conectar con otros actores del ecosistema empresarial.

Pertenecer a una asociación, cámara empresarial o red de empresarias no debería entenderse únicamente como pagar una cuota y recibir beneficios. Una membresía bien aprovechada puede convertirse en una plataforma para fortalecer una empresa, ampliar mercados y construir relaciones que difícilmente se logran al trabajar de manera aislada. ¿Por qué? Porque ningún negocio crece únicamente con un buen producto o servicio. También necesita visibilidad, credibilidad, conocimiento, alianzas y acceso a oportunidades.

Las cámaras y asociaciones pueden convertirse en espacios para generar encadenamientos comerciales y productivos, identificar proveedores, encontrar clientes potenciales, establecer alianzas, participar en ferias y ruedas de negocio, acceder a formación y conocer programas de apoyo empresarial.

Pero existe un activo que a menudo no figura en los estados financieros y que puede ser determinante para una pyme: el capital relacional.

Una recomendación puede llevar a un cliente. 

Una conversación puede convertirse en una alianza. Una formación puede revelar una herramienta que mejore la gestión. Una empresaria que comparte su experiencia puede evitar que otra cometa un error costoso. Eso también es hacer empresa.

De la membresía a la estrategia

Ahora bien, pertenecer a una organización empresarial no garantiza resultados. Y aquí considero importante hacer una autocrítica como empresarias. No podemos esperar que una cámara haga por nuestro negocio lo que nos corresponde hacer a nosotras. La membresía comienza a generar valor cuando participamos, preguntamos, proponemos, asistimos a actividades, presentamos nuestra empresa, conocemos a otras personas empresarias y, sobre todo, damos seguimiento a las relaciones que construimos.

El networking no consiste en acumular contactos en el teléfono. Consiste en construir suficiente confianza para que esos contactos se transformen en relaciones profesionales, oportunidades y negocios. También es una forma de fortalecer nuestra marca.

Cuando una empresaria participa activamente en espacios gremiales, aporta conocimiento y representa con profesionalidad a su sector, comienza a construir algo que ningún anuncio puede adquirir fácilmente: la reputación. Y la reputación en una pyme es un activo estratégico.

Mujeres que abren camino

Para las mujeres empresarias, además, estos espacios tienen una dimensión que trasciende los negocios. Necesitamos redes donde podamos compartir conocimiento, fomentar la colaboración y reconocer que no tenemos que hacerlo todo solas.

Durante mucho tiempo se nos enseñó, explícita o implícitamente, que competir era la única manera de avanzar. Hoy sabemos que la colaboración estratégica también puede ser una poderosa ventaja competitiva.

Una empresaria puede ser proveedora de otra. Una puede tener el producto y otra el mercado. Una aporta conocimiento técnico y la otra, capacidad comercial. Juntas pueden desarrollar una propuesta que ninguna habría podido elaborar por sí sola. Eso es encadenamiento. Eso es economía colaborativa. Eso es crecimiento empresarial con visión de futuro.

Por supuesto, también debemos exigir que las asociaciones y las cámaras evolucionen. Las pymes necesitan espacios que realmente generen valor: formación pertinente, conexiones de negocio, información útil, representación, acceso a oportunidades y condiciones de participación acordes con la realidad de una pequeña empresa.

La relación debe ser de doble vía: la organización debe aportar valor y la empresaria debe involucrarse activamente en su construcción. Porque una pyme no se fortalece únicamente desde su estructura interna. También lo hace desde el ecosistema que la rodea.

Por eso, mi invitación a las mujeres que hoy están construyendo una empresa es clara: no emprendan solas si tienen la posibilidad de construir comunidad. Busquen la asociación, cámara o red que tenga afinidad con sus objetivos. Participen. Pregunten. Compartan. Generen alianzas. Presenten su marca. Aprendan de otras empresarias y permitan que otras aprendan de ustedes.

Porque detrás de cada contacto puede existir una oportunidad, pero detrás de una relación basada en la confianza puede existir mucho más: una cadena, una alianza, un nuevo mercado o el impulso que una pyme necesitaba para dar el siguiente paso.

Al final, crecer no siempre significa tener más. A veces significa estar mejor conectadas para llegar más lejos.

*Vicepresidenta de la Asociación Red de Empresarias y Emprendedoras por el Desarrollo Sostenible (AREED). Fundadora de Nakia Natural CR.