La filósofa feminista recupera en «Lo posthumano» una discusión que comenzó mucho antes de la inteligencia artificial: quién ha tenido históricamente el privilegio de representar a toda la humanidad y quiénes quedaron fuera de esa definición.
Durante siglos, buena parte del pensamiento occidental habló del ser humano como si se tratara de una categoría universal. Rosi Braidotti encontró allí un problema que atraviesa buena parte de su trayectoria intelectual: ese sujeto presentado como neutral tenía género, origen, cuerpo y posición social. El hombre convertido en medida de todas las cosas no representaba necesariamente a todas las personas.
Filósofa y teórica feminista italo-australiana, Braidotti nació en Italia en 1954, creció en Australia y estudió filosofía en la Universidad Nacional Australiana antes de realizar su doctorado en la Sorbona. Desde 1988 desarrolló buena parte de su carrera en la Universidad de Utrecht, en los Países Bajos, donde fue profesora fundadora de Estudios de las Mujeres y, posteriormente, directora fundadora de la escuela neerlandesa de investigación en ese campo. Su trabajo la ha situado entre las figuras relevantes de la filosofía feminista contemporánea, de los estudios de género y del pensamiento poshumanista.
Durante décadas, sus investigaciones han abordado la subjetividad, la diferencia sexual, las identidades nómadas y las relaciones entre cuerpos, tecnologías y estructuras de poder. Obras como Nomadic Subjects, Nomadic Theory y, posteriormente, la trilogía formada por The Posthuman (2013), Posthuman Knowledge (2019) y Posthuman Feminism (2022) desarrollaron una propuesta que cuestiona tanto la pretendida universalidad del sujeto humanista como la posición privilegiada que la humanidad se ha atribuido frente al resto de las formas de vida.
En 2025, Herder Editorial publicó una nueva edición castellana de Lo posthumano, traducida por Juan Carlos Gentile Vitale. El libro apareció originalmente en inglés en 2013, pero las preguntas que planteaba entonces encuentran ahora un escenario marcado por la inteligencia artificial generativa, las biotecnologías, la crisis climática y una relación cada vez más estrecha entre los cuerpos y las tecnologías.
Un sujeto universal que nunca fue universal
El punto de partida de Braidotti no es la desaparición de la humanidad ante las máquinas. Su crítica comienza mucho antes, en la manera en que Occidente construyó su propia idea de lo humano.
La imagen del Hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci permite comprender esa discusión. El cuerpo masculino, colocado en el centro, representa un ideal humanista basado en un sujeto racional, autónomo y aparentemente universal. Para Braidotti, detrás de esa universalidad hay una historia de diferencias y exclusiones.
El sujeto que ocupó esa posición central fue predominantemente masculino, europeo, blanco y heterosexual, y asociado a determinadas condiciones corporales y racionales. Quienes no respondían a ese modelo fueron construidos históricamente como diferentes respecto de una norma que se presentaba a sí misma como neutral.
El vínculo con el feminismo aparece precisamente allí. Las mujeres conocen bien las consecuencias de una categoría universal que durante siglos pudo hablar de «el hombre» para referirse a toda la humanidad mientras limitaba sus derechos políticos, educativos, patrimoniales y civiles.
Braidotti no propone resolver esa exclusión simplemente colocando a las mujeres en el lugar antes reservado al hombre. Su cuestionamiento es más profundo: se pregunta por qué debería existir un único sujeto desde el cual se defina quién representa la normalidad.
Esa perspectiva también impide hablar de «la mujer» como una identidad homogénea. Género, clase, racialización, sexualidad, edad, discapacidad y procedencia generan experiencias distintas. El pensamiento feminista, los estudios poscoloniales y otras corrientes críticas habían cuestionado desde diferentes lugares la existencia de un sujeto único; Braidotti lleva esa crítica a su concepción de una subjetividad nómada, relacional y, posteriormente, posthumana.
Lo posthumano no significa el fin de las personas
El término puede llevar a una interpretación errónea. Braidotti no anuncia que las máquinas sustituirán a los seres humanos ni propone abandonar nuestros cuerpos para convertirnos en organismos tecnológicamente superiores.
Su posthumanismo se distancia de esa aspiración transhumanista. Lo que se cuestiona es la idea de un individuo completamente autónomo, separado de los animales, de la naturaleza, de las tecnologías y de los demás cuerpos.
El sujeto posthumano es relacional. Nuestra existencia depende de otros seres humanos, pero también de ecosistemas, alimentos, microorganismos, animales, objetos, infraestructuras y tecnologías. La frontera entre aquello que consideramos exclusivamente humano y aquello que situamos fuera de nosotros resulta menos clara al observar la red de relaciones que hace posible nuestra vida.
Este desplazamiento conduce a otro concepto importante en su pensamiento: zoe, la vida entendida más allá de la experiencia exclusivamente humana. La humanidad deja de ocupar la cúspide de una jerarquía para reconocerse en sistemas vivos compartidos con otras especies.
La crisis climática vuelve especialmente concreta esa discusión. El planeta ya no puede entenderse como un escenario pasivo en el que transcurre la historia humana. Las acciones de nuestra especie modifican ecosistemas, temperaturas y condiciones de vida, mientras que estos cambios repercuten en las sociedades. Pensar la humanidad de manera independiente de la naturaleza resulta cada vez más difícil.
La inteligencia artificial no elimina la pregunta por el poder
La lectura de Lo posthumano también adquiere una dimensión distinta en 2026. Cuando Braidotti publicó el libro, la inteligencia artificial generativa todavía no había alcanzado la presencia cotidiana que tiene hoy. Su planteamiento, sin embargo, permite escapar de una discusión reducida a decidir si la tecnología constituye una amenaza o una salvación.
Las personas nunca han vivido completamente separadas de sus herramientas. La tecnología modifica capacidades, relaciones, trabajos y formas de producir conocimiento. El problema no consiste solamente en determinar cuánto pueden hacer las máquinas, sino en analizar quién controla esas tecnologías, quién accede a ellas, quién obtiene sus beneficios y quién soporta sus consecuencias.
Aquí reaparece la perspectiva feminista: un futuro tecnológicamente avanzado no elimina automáticamente las desigualdades construidas en el pasado. Las mismas diferencias de género, clase, procedencia y racialización pueden reproducirse en nuevas estructuras digitales y biotecnológicas. Braidotti insiste, por ello, en localizar las posiciones desde las que se produce el conocimiento y en analizar las relaciones de poder que acompañan las transformaciones tecnológicas.
Algo similar ocurre con el capitalismo. Para la filósofa, superar las fronteras entre lo humano, lo animal y la tecnología tampoco garantiza una sociedad más igualitaria. Genes, células, información, capacidades cognitivas, organismos y datos pueden convertirse en recursos económicos. Un sistema puede ser profundamente posthumano en su funcionamiento y seguir reproduciendo la explotación y la desigualdad.
Un feminismo que mira hacia el futuro
Braidotti no llegó al poshumanismo abandonando el feminismo. Llegó desde él. Su trayectoria académica está directamente vinculada a la consolidación de los estudios de las mujeres y de género en Europa. En Utrecht fue profesora fundadora de Estudios de las Mujeres y participó en la creación de redes académicas europeas en este campo. Actualmente, es profesora universitaria distinguida emérita de esa institución y su obra ha sido traducida a más de 25 idiomas.
Esa genealogía permite entender lo posthumano como parte de una discusión feminista más amplia sobre quién puede hablar en nombre de todas las personas. Si el feminismo mostró que la experiencia masculina no podía presentarse como universal, Braidotti lleva la pregunta a otro límite: tampoco la experiencia humana puede seguir considerándose independiente del resto de la vida y del planeta.
Su pensamiento no renuncia, por ello, ni a la política ni a los derechos conquistados en el marco de las tradiciones humanistas. Propone revisar las categorías heredadas para responder a condiciones que estas no alcanzaban a contemplar.
Herder recuperó Lo posthumano en castellano en abril de 2025 dentro de su colección Pensamiento Herder. La edición tiene 280 páginas y conserva la traducción de Juan Carlos Gentile Vitale. La propia editorial presenta la obra como un cuestionamiento de la concepción heredada de la Ilustración sobre la humanidad y de las relaciones políticas y planetarias construidas en torno a ella.
Trece años después de su publicación original, las circunstancias han cambiado más rápido que las preguntas planteadas por Braidotti. La inteligencia artificial, los algoritmos, la biotecnología, la emergencia climática y las nuevas formas de explotación de la vida obligan a discutir de nuevo qué entendemos por humanidad.
La vigencia de «Lo posthumano» está precisamente allí. Rosi Braidotti no intenta predecir qué sustituirá al ser humano. Su obra obliga a revisar algo anterior y más incómodo: quiénes pudieron considerarse durante siglos la medida de lo humano y qué ocurre cuando dejan de ocupar por sí solos el centro del mundo.
Referencias
Braidotti, R. (2013). The posthuman. Polity Press. https://research-portal.uu.nl/en/publications/the-posthuman-4/
Braidotti, R. (2025). Lo posthumano (J. C. Gentile Vitale, Trad.). Herder Editorial. (Obra original publicada en 2013). https://herdereditorial.com/catalogo/filosofia/lo-posthumano-9788425452147
Herder Editorial. (s. f.). Rosi Braidotti. https://herdereditorial.com/autor/rosi-braidotti
Maximoff, A. (2026, 18 de agosto). ‘Lo posthumano’, de Rosi Braidotti: Cuando el ser humano deja de ser el ombligo del mundo. Las Furias Magazine. https://www.lasfuriasmagazine.com/lo-posthumano-libro-rosi-braidotti/
Utrecht University. (s. f.). Prof. dr. Rosi Braidotti. https://www.uu.nl/staff/RBraidotti








