Hablar de las mujeres costarricenses no es solo recordar nombres; es reconocer luchas, es valorar sacrificios, es comprender cómo, desde sus propios espacios, construyeron patria antes incluso de que se les reconocieran los derechos básicos de ciudadanía.
Hoy nos reunimos para rendir homenaje a una fuerza silenciosa, persistente y transformadora: el legado y el aporte de las mujeres en la historia de Costa Rica. Mujeres cuyo esfuerzo ha moldeado nuestra historia, cuyo coraje ha desafiado límites y cuyos sueños han abierto caminos que hoy recorremos con naturalidad, pero que durante siglos estuvieron vedados a ellas.
Hablar de las mujeres costarricenses no es solo recordar nombres; es reconocer luchas, es valorar sacrificios, es comprender cómo, desde sus propios espacios, construyeron patria antes incluso de que se les reconocieran los derechos básicos de ciudadanía.
Es honrar a quienes no esperaron permiso para servir, para educar, para crear, para defender y para luchar.
I. El origen de la lucha: mujeres que hicieron historia cuando la historia no las nombraba
En los primeros capítulos de la vida republicana, las mujeres que hicieron historia cuando la historia no las nombraba, surgieron figuras que desafiaron los patrones culturales de su época. Una de ellas fue Francisca “Pancha” Carrasco, quien en 1856 tomó las armas para defender la soberanía nacional. Contradiciendo toda norma social de su tiempo, Pancha luchó en Santa Rosa, en Rivas, en el río San Juan, e incluso asistió a enfermos durante la epidemia de cólera. Su valor fue tal que Costa Rica la condecoró y, muchos años después, la declaró Defensora de las Libertades Patrias, demostrando que la patria también se defiende con faldas, con inteligencia y con determinación.
Décadas después, emergerían mujeres como María Isabel Carvajal, conocida como Carmen Lyra, maestra, escritora y luchadora social que marcó profundamente la educación y la literatura costarricense. Fundadora de la narrativa infantil nacional, Carmen Lyra usó su pluma para denunciar injusticias, exigir derechos y recordar que la educación debe ser un vehículo de igualdad.
Junto a ella, otra pionera abriría una puerta que parecía imposible: Lita Chaverri, la primera mujer en graduarse de una carrera universitaria en Costa Rica. Su ingreso a la Facultad de Farmacia no solo fue un acto académico; fue una sentencia contra los prejuicios y las limitaciones que afirmaban que la universidad era territorio exclusivo de los hombres.
Y cómo olvidar a Ángela Acuña Braun, la primera abogada centroamericana y una de las líderes más importantes del movimiento sufragista. Gracias a su incansable labor, junto a la Liga Feminista, se consolidó el reconocimiento del voto femenino en la Constitución de 1949. Ángela demostró que la ley puede ser una herramienta de opresión, pero también de liberación, cuando las mujeres participan en su creación.
II. La voz, la palabra y la formación: mujeres que transformaron la educación, la cultura y el pensamiento
Si hay un campo donde las mujeres costarricenses han dejado una huella indeleble, ese es la educación, la cultura y el pensamiento.
Emma Gamboa, Benemérita de la Patria, fue una de las figuras más influyentes en la formación docente, impulsando métodos modernos y humanistas. Además, fue la primera mujer en ejercer como viceministra y como ministra de Educación. Gracias a ella, la educación dejó de ser un privilegio y se convirtió en una herramienta para la transformación social.
Otras mujeres también reconstruyeron la identidad cultural del país, como Emilia Prieto, artista, educadora e investigadora, quien rescató las expresiones populares, los grabados, los cantos, las tradiciones campesinas y lo más auténtico del alma costarricense. Su obra, muchas veces incomprendida en su época, hoy es patrimonio cultural.
Desde las letras surgió también la voz valiente de Yolanda Oreamuno, quien denunció las contradicciones del sistema patriarcal, innovó en la narrativa y mostró la complejidad emocional de las mujeres en una sociedad que las quería obedientes y silenciosas. Yolanda no solo escribió literatura: escribió resistencia.
Asimismo, Carmen Naranjo, con su visión crítica y urbana, introdujo nuevas dimensiones en la literatura nacional, retratando la vida cotidiana, la burocracia y la clase media con una mirada profundamente humana.
Cada una de estas mujeres rompió paradigmas desde la palabra, desde el aula y desde la creatividad. Nos demostraron que la cultura no progresa sin voces diversas y que la identidad de un pueblo se fortalece al incorporar la mirada femenina.
III. Justicia, derechos humanos y política: el liderazgo femenino que cambió las instituciones
Costa Rica también ha contado con mujeres que llevaron su lucha mucho más allá de las fronteras nacionales.
Una de ellas fue Sonia Picado Sotela, jurista, académica, embajadora y defensora internacional de los derechos humanos. Su papel en la Corte Interamericana y en organismos internacionales posicionó a Costa Rica como un referente ético en la región.
A su lado se destaca Elizabeth Odio Benito, una de las mujeres más influyentes del derecho internacional contemporáneo. Su trabajo permitió que los crímenes sexuales en contextos de conflicto armado se consideraran crímenes de guerra y de lesa humanidad. Gracias a ella, la justicia internacional reconoce que la violencia contra las mujeres no es “un daño colateral”, sino una violación grave de los derechos humanos.
En la esfera política nacional, mujeres como Estela Quesada, una de las primeras diputadas del país, abrieron el camino a generaciones posteriores.
Y desde la diversidad cultural, mujeres como Thelma Curling, primera diputada afrodescendiente, y Juana Segundo Sánchez, lideresa bribrí, recordaron al país la importancia de reconocer las voces históricamente excluidas y de proteger la identidad cultural que nos define como nación plural.
IV. Deporte, liderazgo y orgullo nacional: mujeres que llevaron el nombre de Costa Rica al mundo
El aporte de las mujeres no termina en las aulas ni en los tribunales. También se manifiesta en el deporte, donde figuras extraordinarias han dejado una huella imborrable.
En 1949 nació el primer equipo de fútbol femenino reglamentado del mundo, el Deportivo Femenino Costa Rica F.C. En una época profundamente machista, estas mujeres demostraron que el deporte no tiene género y que el talento no reconoce prohibiciones.
Décadas más tarde, dos nadadoras pondrían el nombre de Costa Rica en lo más alto del escenario mundial.
María del Milagro París fue la primera mujer costarricense en participar en las Olimpiadas y su trayectoria deportiva inspiró a una generación entera.
Y Claudia Poll, con su oro olímpico en 1996 y múltiples récords mundiales, se convirtió en un símbolo de excelencia y determinación.
Gracias a ellas, Costa Rica aprendió que también en el agua se pueden romper techos de cristal.
V. Conclusión: el legado que nos inspira a continuar
Hoy, al recorrer la historia de estas mujeres, comprendemos que su aporte no es solo individual.
Cada una representa a miles de mujeres anónimas que han educado, sembrado, curado, organizado, liderado, protegido y defendido a nuestro país.
Ellas nos enseñan que la igualdad no es un regalo, sino una conquista.
La libertad se construye con educación.
Que la justicia requiere valentía.
Que la democracia necesita a las mujeres en todos sus espacios.
Y que Costa Rica solo podrá crecer plenamente si reconoce, respeta y potencia la fuerza transformadora de sus mujeres.
Por eso, hoy afirmamos con orgullo y gratitud: Costa Rica existe gracias a ellas. Avanza gracias a ellas. Y solo será más justa y equitativa si continúa escuchándolas, apoyándolas y abriéndoles camino.
Ahora bien, el libro “Costa Rica en voz de mujer” es un esfuerzo editorial único en su género en Latinoamérica. Busca preservar y documentar el pensamiento de las mujeres que aspiraron a dirigir el país en las elecciones nacionales de 2026, el proceso electoral con la mayor participación femenina de la historia del país. Lejos de ser una recopilación de perfiles personales o de planes de gobierno, las 21 mujeres comparten sus trayectorias, principios y visiones para transformar Costa Rica desde una perspectiva ética, inclusiva y democrática.
La obra “Costa Rica en Voz de Mujer” no es solo un libro, sino un registro histórico diseñado para:
Este libro aborda temas como la justicia social, la seguridad humana, la educación, la salud, la sostenibilidad ambiental, la cultura y el fortalecimiento institucional y se consolida como un documento de memoria democrática. También ofrece una mirada plural sobre el liderazgo femenino y reafirma que la democracia se fortalece cuando incorpora activamente la voz y el pensamiento de las mujeres.
¿Por qué es importante custodiar en el Archivo Nacional?
La custodia, en el Archivo Nacional, de obras como Costa Rica en voz de mujer, específicamente en nuestra Biblioteca Especializada en Archivística y Ciencias Afines, así como de un gran número de documentos históricos en nuestro Archivo Histórico, es crucial para preservar y visibilizar la memoria histórica femenina en la construcción de nuestra nación. Estos documentos garantizan la equidad de género en el patrimonio documental y aseguran que las contribuciones sociales, políticas y culturales de las mujeres no se pierdan.
Dentro de los puntos clave de su importancia destaco:
En resumen, las publicaciones y los documentos históricos son esenciales para que la historia costarricense sea narrada con la participación equitativa de todos sus protagonistas.
Finalmente, deseo expresar mi agradecimiento a la señora Inés Revuelta Sánchez por invitarme a este maravilloso evento; ha sido un honor estar frente a ustedes.
Me despido con esta frase de Melinda Gates:
Una mujer con voz es, por definición, una mujer poderosa. Pero la búsqueda de esa voz puede resultar extremadamente difícil.
Fuente: Discurso pronunciado por la señora Ivannia Valverde Guevara, directora general del Archivo Nacional de Costa Rica, en el Foro “Costa Rica en Voz de Mujer” de la Asamblea Legislativa, el 3 de marzo de 2026.








