La bióloga estadounidense transformó la comprensión de la evolución celular mientras criaba a cuatro hijos y sostenía una carrera académica exigente. Su trayectoria permite examinar las condiciones que enfrentan las mujeres para alcanzar la excelencia científica, sin asumir que el trabajo de cuidados recaiga exclusivamente sobre ellas.
Lynn Margulis dedicó buena parte de su vida a defender una explicación del origen de las células complejas que durante años encontró resistencia en la comunidad científica. Al mismo tiempo, se enfrentó a una dificultad que conocía de primera mano, la cual fue cómo desarrollar una carrera de investigación de primer nivel mientras atendía las responsabilidades familiares que la sociedad asignaba principalmente a las mujeres.
Nacida en Chicago en 1938, ingresó en la Universidad de Chicago a los 16 años y se casó con el astrónomo Carl Sagan en 1957. Tuvieron dos hijos, Dorion y Jeremy, y el matrimonio terminó en 1964. Margulis obtuvo su doctorado en genética en la Universidad de California, Berkeley, en 1965, y posteriormente tuvo otros dos hijos con su segundo esposo, el cristalógrafo Thomas Margulis. Su trayectoria académica se desarrolló, por tanto, junto con la crianza de cuatro hijos y dos matrimonios que terminaron en divorcio.
En una reflexión publicada por la Universidad de Chicago, Margulis expresó con una franqueza poco habitual las exigencias que había experimentado: “No es humanamente posible ser una buena esposa, una buena madre y una científica de primera línea. Nadie puede hacerlo; algo tiene que ceder”. También explicó que había renunciado dos veces al “trabajo” de esposa. Sus palabras no establecen una incapacidad de las mujeres para conciliar distintas responsabilidades, sino que describen las condiciones bajo las cuales ella intentó hacerlo.
La experiencia resulta especialmente significativa porque su carrera no fue secundaria respecto de la de sus esposos. Margulis desarrolló una obra científica propia, obtuvo reconocimiento internacional y cuestionó explicaciones establecidas sobre la evolución. Su historia permite observar cómo las expectativas de disponibilidad profesional pueden entrar en conflicto con el trabajo doméstico y de cuidados cuando este no se distribuye de manera equitativa.
En 1967, bajo el nombre de Lynn Sagan, publicó en el Journal of Theoretical Biology el artículo «On the Origin of Mitosing Cells». El trabajo había sido rechazado por alrededor de quince revistas científicas y proponía que estructuras fundamentales de las células eucariotas, como las mitocondrias y los cloroplastos, tenían su origen en organismos procariotas que habían vivido de manera independiente y establecido relaciones simbióticas con otras células.
Margulis no inventó desde cero la idea de la endosimbiosis, que ya contaba con antecedentes científicos. Su contribución consistió en recuperarla, desarrollarla y articular una teoría moderna capaz de explicar aspectos decisivos de la evolución celular. La propuesta recibió críticas y permaneció durante años fuera de la corriente dominante, pero el desarrollo de la biología molecular aportó evidencia cada vez más sólida a favor del origen bacteriano de las mitocondrias y los plastidios.
En 1978, Robert M. Schwartz y Margaret O. Dayhoff publicaron en Science un estudio molecular que respaldó firmemente la hipótesis endosimbiótica. La aceptación posterior de la teoría fue el resultado de múltiples investigaciones, no de una única demostración. Tampoco todas las hipótesis de Margulis fueron confirmadas: algunas de sus propuestas sobre el origen de otras estructuras celulares continúan sin formar parte del consenso científico.
Su reconocimiento institucional llegó con su ingreso en 1983 a la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. Recibió la Medalla Nacional de Ciencia correspondiente a 1999, entregada por el presidente Bill Clinton en marzo de 2000, y en 2009 fue distinguida con la medalla Darwin-Wallace de la Linnean Society. Richard Dawkins, con quien mantuvo diferencias intelectuales, reconoció públicamente su coraje y su resistencia para sostener la teoría endosimbiótica.
Margulis también colaboró con James Lovelock en el desarrollo de la hipótesis de Gaia. En 1974 publicaron un artículo sobre la relación entre la biosfera y la regulación de las condiciones ambientales del planeta. Su participación contribuyó a una interpretación de la Tierra como un sistema acoplado entre los organismos y el medio ambiente, sin que ello implique considerar al planeta como un organismo consciente.
La vida de Margulis permite examinar una dimensión del liderazgo científico que suele quedar fuera de las biografías centradas exclusivamente en los descubrimientos y los premios. La investigación requiere tiempo, continuidad, movilidad, acceso a redes académicas y posibilidades de concentración. Cuando las responsabilidades familiares se distribuyen de manera desigual, esas condiciones pueden resultar más difíciles de sostener para las mujeres.
Su experiencia no debe utilizarse para afirmar que la maternidad impide alcanzar la excelencia ni que todas las científicas enfrentan las mismas circunstancias. Las oportunidades dependen también de los ingresos, del apoyo familiar, de las instituciones, de la etapa de la carrera y del acceso a servicios de cuidado. La perspectiva de género exige reconocer esas diferencias y evitar que la conciliación se convierta en una obligación individual de las mujeres.
Margulis falleció en 2011, tras una trayectoria que transformó profundamente la comprensión de la evolución celular. Su legado científico y su reflexión sobre la vida familiar permiten plantear una cuestión vigente para las universidades y los centros de investigación: la excelencia debe evaluarse por la calidad del trabajo, mientras las instituciones generan condiciones que permitan que las responsabilidades de cuidado no determinen quién puede desarrollar una carrera científica.
Fotografía de portada: Lorenzo, Miguel (2001). Revista Métode. https://metode.es/revistas-metode/entrevista-es/linn-margulis.html
Referencias
Dawkins, R. (1996). Chapter 7: “Gaia is a tough bitch”. Edge. https://www.edge.org/conversation/chapter-7-quotgaia-is-a-tough-bitch-quot
Lovelock, J. E., & Margulis, L. (1974). Atmospheric homeostasis by and for the biosphere: The Gaia hypothesis. Tellus, 26(1–2), 2–10. https://doi.org/10.1111/j.2153-3490.1974.tb01946.x
National Science Foundation. (s. f.). Lynn Margulis. https://www.nsf.gov/honorary-awards/national-medal-science/recipients/lynn-margulis
Sagan, L. (1967). On the origin of mitosing cells. Journal of Theoretical Biology, 14(3), 225–274. https://doi.org/10.1016/0022-5193(67)90079-3
Schwartz, R. M., & Dayhoff, M. O. (1978). Origins of prokaryotes, eukaryotes, mitochondria, and chloroplasts. Science, 199(4327), 395–403. https://doi.org/10.1126/science.202030
University of Chicago Magazine. (2004). Letters: Doing it all. https://magazine.uchicago.edu/0404/issue/letters-doing.shtml








