Como madre y abuela, sembró raíces en terreno fértil, entendiendo que el impacto más duradero no siempre es el institucional, sino el humano. Su vida pública no eclipsó su dimensión íntima; la complementó con una serena parsimonia propia de una mujer de su tiempo.
Hay mujeres cuya fortaleza no necesita imponerse para ser reconocida. Mujeres que sostienen procesos, que articulan voluntades, que trabajan con constancia y dejan huella sin recurrir a los tambores de la farándula. Lorena Clare Facio perteneció a esa estirpe de lideresas.
Como profesional, figura pública, madre, abuela y gestora social por convicción, su trayectoria pública se distinguió por una combinación poco frecuente: rigor técnico y sensibilidad humana. Entre 1998 y 2002 ejerció como primera dama de la República de Costa Rica, un rol que asumió no como una vitrina protocolaria, sino como una plataforma de servicio público en favor de quienes más necesitaban la protección estatal.
Durante su gestión, impulsó iniciativas concretas que marcaron la agenda social y dejaron una estructura institucional. Promovió la apertura de oficinas municipales de atención a la mujer, fortaleciendo espacios de acompañamiento y de acceso a derechos. Abogó por la incorporación de la ministra de la Condición de la Mujer al Consejo de Gobierno, consolidando la presencia de la agenda de género en el núcleo de la toma de decisiones. Impulsó el Programa Nacional de Prevención y Atención Integral del Cáncer Cérvico-Uterino y de Mama, así como la creación del Laboratorio Nacional de Citología, reforzando la política pública de salud preventiva. Participó en la promoción de la Ley Integral para la Persona Adulta Mayor y en la creación del Consejo Nacional para la Persona Adulta Mayor (CONAPAM). Además, respaldó la Ley de Paternidad Responsable, que permitió garantizar pruebas de ADN con apoyo institucional. Logros por los que se le reconoció la ciudadanía de honor en la Asamblea Legislativa en 2022.
No fueron acciones aisladas las que ejecutó durante su gestión. Respondían a una visión de política social basada en la articulación, la prevención y el fortalecimiento institucional. Su trabajo se centró en integrar esfuerzos entre el Estado y la sociedad civil, priorizando el impacto estructural por encima del protagonismo personal.
Como mujer política, ejerció influencia durante su gestión como primera dama. Su liderazgo no se construyó a partir de la confrontación, sino de la constancia. No necesitó ocupar el centro del escenario para tomar decisiones relevantes e influir en muchas otras que transformaron la visión estatal. Brilló con luz propia, desde la disciplina profesional y el compromiso social, evitando personalizar el poder y manteniendo un perfil institucional sobrio.
En 2024, en su autobiografía Como el bambú, eligió una imagen simbólica que la define con precisión: el bambú se dobla, pero no se quiebra. Sus raíces crecen profundas antes de elevarse hacia la luz. La metáfora sintetiza una forma de estar en la vida pública y privada: la resiliencia, la firmeza y la constancia.
En su historia no hubo escándalos, pero sí coherencia que supo sostener con silencios profundos y necesarios. No hubo espectáculo en sus apariciones, pero sí un legado sostenido, tanto público como privado, siendo el sostén de su familia aun en los momentos de mayor oscuridad para ella y los suyos.
Más allá del cargo, su identidad se sostuvo en lo esencial: la familia, la formación, la transmisión de valores. Como madre y abuela, sembró raíces en terreno fértil, entendiendo que el impacto más duradero no siempre es el institucional, sino el humano. Su vida pública no eclipsó su dimensión íntima; la complementó con una serena parsimonia propia de una mujer de su tiempo.
Lorena Clare Facio representó una forma serena de liderazgo femenino: aquella que construye, que acompaña, que deja estructuras funcionando a pesar de su ausencia o en su ausencia. Una mujer que supo habitar el poder sin convertirlo en una identidad exclusiva para figurar en la política. Una figura que apostó por sembrar antes que por exhibirse.
Como el bambú, su fortaleza radicó en sus raíces. Y esas raíces, sociales, políticas y familiares, seguirán sosteniendo su legado con flexibilidad serena y firmeza profunda.
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