La dificultad para recordar nombres, asuntos pendientes o conversaciones no siempre indica una alteración de la memoria. La atención, el sueño, el estrés y la manera en que procesamos la información influyen en lo que logramos recordar. Comprender estos mecanismos permite adoptar hábitos más eficaces y reconocer cuándo es necesario consultar.
Dr. Miguel A. Torres Batista
Olvidar una reunión, perder el hilo de una conversación o no recordar dónde dejamos las llaves puede provocar frustración. Con frecuencia interpretamos estos episodios como señales de mala memoria, aunque a menudo la explicación radica en la forma en que prestamos atención a lo que ocurre. Antes de atribuirlos a una dificultad de memoria, conviene considerar si la información fue procesada adecuadamente y qué circunstancias pudieron interferir.
La atención participa de manera importante en la codificación, proceso mediante el cual la información se transforma en una representación que puede almacenarse y recuperarse posteriormente. Cuando estamos concentrados, solemos procesar con mayor profundidad los detalles relevantes. En cambio, las distracciones pueden reducir la calidad de ese procesamiento y dificultar el recuerdo. Esto no significa que toda memoria requiera atención consciente, ya que existen formas de aprendizaje implícito, ni que un dato no recordado nunca haya sido registrado.
La memoria de trabajo, que permite mantener y manipular información durante períodos breves, tiene una capacidad limitada. Si intentamos mantener demasiados elementos mientras respondemos mensajes, escuchamos una conversación y atendemos otras demandas, algunas tareas pueden interferir entre sí. La información no se transfiere automáticamente desde una pizarra mental a un almacén permanente; la formación de recuerdos depende de procesos de codificación, consolidación y recuperación que involucran distintas redes cerebrales.
El hipocampo desempeña un papel fundamental en la formación de nuevos recuerdos episódicos y en sus interacciones con otras regiones del cerebro. La corteza prefrontal, por su parte, participa en el control de la atención, la organización de la información y las estrategias de recuperación. Ambas forman parte de redes complejas, por lo que no resulta preciso describir al hipocampo como un receptor pasivo de señales previamente filtradas por una sola estructura.
La dopamina también interviene en procesos de motivación, aprendizaje y recompensa, pero su funcionamiento es más complejo que una simple descarga por cada notificación. Las plataformas digitales pueden favorecer hábitos de consulta frecuente mediante recompensas variables, señales de novedad y diseños que captan la atención. Sin embargo, no puede afirmarse que cada cambio de pestaña genere una respuesta dopaminérgica específica ni que todas las personas desarrollen una adicción a la novedad.
La multitarea merece una distinción similar. El cerebro puede realizar simultáneamente ciertas actividades, especialmente cuando una de ellas es automática o cuando ambas utilizan recursos distintos. No obstante, cuando dos tareas demandan control consciente, memoria de trabajo o respuestas incompatibles, suelen producirse interferencias. Los estudios sobre alternancia de tareas muestran costes en términos de tiempo y precisión, especialmente cuando los cambios son frecuentes o las actividades resultan complejas.
Esto ayuda a comprender por qué una jornada llena de interrupciones puede terminar con la sensación de haber avanzado poco. Cambiar continuamente entre correos, conversaciones y trabajos exigentes obliga a recuperar el contexto de cada actividad y puede aumentar los errores. Aun así, el cansancio mental no debe atribuirse exclusivamente a las pantallas ni a la atención fragmentada: el sueño insuficiente, la sobrecarga laboral, el estrés y distintas condiciones de salud también pueden contribuir.
El entorno influye en nuestros hábitos, pero no determina de manera irreversible nuestra capacidad de concentración. La neuroplasticidad permite que el cerebro se adapte a la experiencia y al aprendizaje, aunque no implica que la atención se haya “dividido” físicamente por el uso de dispositivos. Organizar las condiciones de trabajo y aplicar estrategias de concentración pueden ayudar a reducir las interferencias y mejorar el rendimiento.
Una medida útil consiste en reservar períodos definidos para tareas que requieren concentración, silenciar notificaciones innecesarias y agrupar actividades similares cuando sea posible. Las pausas también pueden favorecer el descanso y disminuir la sobrecarga, especialmente si permiten cambiar de postura, caminar o apartarse temporalmente de las demandas laborales. No existe, sin embargo, evidencia suficiente para afirmar que el aburrimiento sea indispensable para recuperar la atención.
Las prácticas de atención plena pueden contribuir a mejorar determinados aspectos de la atención y el bienestar, aunque sus efectos varían entre las personas y entre los estudios. El ejercicio físico regular, el sueño suficiente y el manejo del estrés también favorecen el funcionamiento cognitivo. Para recordar información importante, resultan útiles estrategias como escribir los pendientes, utilizar recordatorios, repetir los datos relevantes y relacionar la información nueva con los conocimientos previos.
Cuando los olvidos son frecuentes, progresivos o interfieren con las actividades cotidianas, corresponde buscar una evaluación profesional. Las dificultades de memoria pueden relacionarse con medicamentos, trastornos del sueño, depresión, ansiedad, deficiencias nutricionales, alteraciones tiroideas y otras condiciones que requieren atención. Si aparece una confusión repentina, especialmente acompañada de debilidad, dificultad para hablar u otros síntomas neurológicos, debe buscarse atención médica urgente.
Comprender la relación entre la atención y la memoria permite interpretar los olvidos cotidianos con mayor precisión y adoptar medidas concretas para mejorar la concentración. También ayuda a distinguir las distracciones habituales de los cambios cognitivos que merecen estudio, sin convertir cada olvido en motivo de alarma ni atribuirlo automáticamente al ritmo de vida digital.
Referencias
American Psychological Association. (2006). Multitasking: Switching costs. https://www.apa.org/topics/research/multitasking
Cowan, N. (2010). The magical mystery four: How is working memory capacity limited, and why? Current Directions in Psychological Science, 19(1), 51–57. https://doi.org/10.1177/0963721409359277
Instituto Nacional sobre el Envejecimiento. (s. f.). La pérdida de memoria y el olvido. National Institutes of Health. https://www.nia.nih.gov/espanol/memoria-olvidos-envejecimiento/perdida-memoria-olvido
National Center for Complementary and Integrative Health. (2022). Meditation and mindfulness: Effectiveness and safety. https://www.nccih.nih.gov/health/meditation-and-mindfulness-effectiveness-and-safety








