El organismo humano genera señales eléctricas, magnéticas, ópticas, mecánicas y bioquímicas que revelan distintos aspectos de su funcionamiento. Comprender la salud requiere integrar esas múltiples formas de información, porque ninguna medición aislada puede contar por sí sola la compleja historia que ocurre dentro del cuerpo.

Dr. Miguel A. Torres Batista

Imagina por un instante que el cuerpo humano es una gran sala de conciertos donde, al mismo tiempo, suenan decenas de melodías distintas. Algunas son eléctricas, otras magnéticas, otras luminosas, mecánicas o químicas. Cada una aporta información sobre una parte de su funcionamiento. Durante décadas, la medicina ha desarrollado instrumentos especializados para captar esas señales y comprender la actividad de los órganos y sistemas. Hoy, la posibilidad de combinar diferentes mediciones permite ampliar esa información y estudiar relaciones que antes resultaban difíciles de observar.

Las corrientes eléctricas que recorren los nervios, los músculos y el propio corazón generan diferencias de voltaje que pueden registrarse mediante electrodos colocados sobre la piel. El electrocardiograma, por ejemplo, permite observar la actividad eléctrica cardíaca y detectar determinadas alteraciones del ritmo y de la conducción. Es una herramienta de gran precisión temporal, aunque sus resultados deben interpretarse junto con los síntomas, los antecedentes y otros estudios cuando sea necesario.

Esas mismas corrientes también generan campos magnéticos extremadamente débiles; por ello, la magnetoencefalografía utiliza sensores especializados para registrar los campos magnéticos generados por la actividad eléctrica coordinada de poblaciones neuronales. Su capacidad para detectar cambios rápidos la convierte en una herramienta valiosa para estudiar el funcionamiento cerebral y ciertas enfermedades neurológicas. Sin embargo, no registra directamente los pensamientos ni permite conocer por sí sola el estado emocional completo de una persona.

La luz, por su parte, interactúa con los tejidos de distintas maneras: puede ser absorbida, dispersada o emitida por determinadas moléculas. Un pulsioxímetro utiliza luz roja e infrarroja para estimar la saturación de oxígeno de la hemoglobina en la sangre arterial. El dispositivo analiza las diferencias en la absorción a ambas longitudes de onda y ofrece una estimación útil para monitorizar la oxigenación.

Esta medición tiene límites importantes. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) advierte de que factores como la circulación deficiente, la temperatura, el esmalte de uñas y la pigmentación de la piel pueden afectar la precisión de los pulsioxímetros. La evidencia ha identificado diferencias de rendimiento entre personas con distintos tonos de piel, por lo que la agencia propuso en enero de 2025 nuevas recomendaciones para mejorar su evaluación. Una lectura aparentemente normal no debe utilizarse para descartar problemas respiratorios cuando existen síntomas preocupantes.

El movimiento también genera información mecánica. Cada latido impulsa la sangre a través de las arterias, cada paso produce vibraciones que se transmiten por los huesos y los músculos, y cada respiración modifica los volúmenes y presiones del sistema respiratorio. Sensores de aceleración, micrófonos de contacto y otros dispositivos pueden convertir esos movimientos en señales medibles. Su utilidad depende del fenómeno que se desea estudiar y de la precisión con la que el instrumento ha sido validado.

En el plano bioquímico, las moléculas transportan información esencial sobre el metabolismo y la regulación del organismo. La concentración de glucosa, determinadas proteínas, electrolitos y hormonas puede medirse mediante técnicas de laboratorio o sensores especializados. Un monitor continuo de glucosa, por ejemplo, utiliza un sensor que estima la concentración de glucosa en el líquido intersticial y permite observar su evolución a lo largo del día. Sin embargo, el resultado no explica por sí solo si una variación se relaciona con la alimentación, la actividad física, el estrés, los medicamentos u otros factores.

Las señales biológicas ofrecen información diferente y requieren interpretaciones específicas. Una frecuencia cardíaca de 72 latidos por minuto no describe el campo magnético del corazón; una medición de la temperatura no identifica una enfermedad específica; y una concentración de glucosa no revela todas las condiciones que influyen en el metabolismo. Cada cifra aporta información útil, pero su significado depende del contexto.

En la práctica clínica, acumular mediciones resulta insuficiente si no se comprenden sus relaciones. Un profesional puede integrar los síntomas, la exploración física, los antecedentes, los análisis de laboratorio y los estudios de imagen para formular una hipótesis diagnóstica. Los resultados pueden confirmarse, complementarse o incluso parecer contradictorios, lo que exige valorar la calidad de cada medición y las circunstancias en las que fue obtenida.

La tecnología portátil está ampliando estas posibilidades, pues existen dispositivos que combinan electrocardiografía, fotopletismografía, temperatura corporal y acelerometría para estudiar variables como la frecuencia cardíaca, el movimiento y determinados patrones fisiológicos. La investigación sobre sensores multimodales busca mejorar el seguimiento de la salud y desarrollar herramientas capaces de detectar cambios relevantes mediante la integración de diversas señales, como describen Mahato y colaboradores (2024) en una revisión publicada en Nature Electronics.

Disponer de más datos no garantiza un diagnóstico más preciso porque los dispositivos deben demostrar su exactitud, reproducibilidad y utilidad clínica, y los algoritmos que procesan la información deben evaluarse en poblaciones diversas. También es necesario proteger la privacidad de los datos y evitar que las mediciones de bienestar se interpreten como equivalentes a una evaluación médica.

El futuro de la detección biológica depende de mejorar los instrumentos y de comprender qué puede revelar cada señal, así como sus limitaciones. Integrar las dimensiones eléctrica, magnética, óptica, mecánica y bioquímica permite obtener una visión más amplia del funcionamiento del organismo, siempre que los resultados se interpreten con criterio científico y dentro de su contexto clínico.

Referencias

Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos. (2025, 6 de enero). FDA proposes updated recommendations to help improve performance of pulse oximeters across skin tones. https://www.fda.gov/news-events/press-announcements/fda-proposes-updated-recommendations-help-improve-performance-pulse-oximeters-across-skin-tones

Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos. (s. f.). Pulse oximeter basics. https://www.fda.gov/consumers/consumer-updates/pulse-oximeter-basics

Instituto Nacional de Imágenes Biomédicas y Bioingeniería. (2022, abril). Sensors. National Institutes of Health. https://www.nibib.nih.gov/science-education/science-topics/sensors

Mahato, K., Saha, T., Ding, S., Sandhu, S. S., Chang, A.-Y., & Wang, J. (2024). Hybrid multimodal wearable sensors for comprehensive health monitoring. Nature Electronics, 7, 735–750. https://doi.org/10.1038/s41928-024-01247-4