La revista Science dedica su portada y una sección especial a la salud femenina. Cinco investigaciones sobre embarazo, menopausia, envejecimiento y dolor crónico muestran cuánto conocimiento médico sigue pendiente después de décadas de utilizar el organismo masculino como principal referencia.

Durante décadas, buena parte de la investigación biomédica utilizó predominantemente hombres y animales machos para estudiar enfermedades, probar tratamientos y establecer conocimientos que después se aplicaban a toda la población. Las mujeres fueron incorporadas de manera desigual y su salud quedó frecuentemente asociada a la reproducción. Esta historia científica es el punto de partida de la edición especial que la revista Science publicó en octubre de 2026.

La publicación, una de las más influyentes de la comunidad científica internacional, dedicó su portada y una sección de cinco trabajos especializados a examinar la biología femenina en distintas etapas de la vida. Esta decisión reconoce que comprender las diferencias relacionadas con el sexo es indispensable para mejorar la prevención, el diagnóstico y los tratamientos médicos.

En la introducción, Yevgeniya Nusinovich, Sacha Vignieri, Sarah Ross y Joana Osório recuerdan que los resultados de investigaciones realizadas principalmente en hombres se consideraron durante mucho tiempo aplicables también a mujeres y niños. Los avances recientes han demostrado que existen diferencias biológicas relevantes en enfermedades que no están relacionadas directamente con la reproducción.

El problema tiene consecuencias que van más allá de la representación en los laboratorios. Cuando una enfermedad se investiga insuficientemente en mujeres, pueden quedar sin explicar sus manifestaciones clínicas, los mecanismos que la producen o las respuestas a determinados tratamientos.

La edición comienza con una reflexión de Michael B. Stout y Francesca E. Duncan sobre los ovarios después de la menopausia. Durante años predominó la idea de que, una vez cumplida su función reproductiva, estos órganos perdían gran parte de su importancia. Los autores revisan evidencias que apuntan a una posible actividad biológica relevante durante el envejecimiento. La investigación cuestiona una visión que ha interpretado la salud ovárica casi exclusivamente desde la fertilidad.

Dan Corral y Yasmine Belkaid estudian otro proceso fundamental: la adaptación del organismo durante el embarazo. Su revisión destaca que el sistema inmunitario materno participa activamente en las transformaciones fisiológicas necesarias para la gestación. Esta perspectiva amplía las explicaciones tradicionales, centradas principalmente en las hormonas, y permite investigar posibles efectos sobre la salud tras el embarazo.

Un tercer trabajo, firmado por Dena B. Dubal, Fabrisia Ambrosio, Michael B. Stout y Dan Theodorescu, examina cómo los cromosomas X e Y intervienen en el envejecimiento y las enfermedades. Sus efectos sobre la expresión genética, la inmunidad y el metabolismo pueden contribuir a explicar diferencias que anteriormente se atribuían sobre todo a las hormonas sexuales.

La menopausia recibe una atención especial en la revisión encabezada por Laura L. Gravelsins y Liisa A. M. Galea. Las autoras y sus colaboradores proponen estudiarla en relación con el envejecimiento saludable y revisar críticamente las oportunidades y limitaciones de las terapias hormonales. El planteamiento reconoce la importancia de generar evidencia para decisiones clínicas individualizadas, sin presentar estos tratamientos como una solución universal.

El último artículo aborda el dolor crónico. Archana Venkataraman, Élora Midavaine y Holly A. Ingraham explican que las mujeres presentan una carga desproporcionada de diversos trastornos dolorosos, entre ellos la endometriosis, la fibromialgia y determinadas migrañas. Su revisión analiza mecanismos hormonales, inmunitarios y neurológicos que podrían contribuir a tratamientos más precisos.

Estas investigaciones muestran que estudiar las diferencias biológicas entre mujeres y hombres no implica considerar homogéneos a ambos grupos. La edad, las características genéticas, las condiciones sociales y las experiencias individuales también influyen en la salud. Del mismo modo, reconocer diferencias relacionadas con el sexo no debe utilizarse para justificar estereotipos sobre la supuesta fragilidad femenina.

La desigualdad en la investigación tiene, además, una dimensión institucional. En 2025, las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos advirtieron de que la investigación sobre la salud de las mujeres seguía insuficientemente financiada. Su evaluación encontró que apenas el 8,8 % del gasto en subvenciones de los Institutos Nacionales de Salud entre 2013 y 2023 se concentró en este campo.

El informe recomendó reformas institucionales y mayores inversiones para atender enfermedades específicas de las mujeres, otras que las afectan de manera desproporcionada y aquellas que presentan diferencias relevantes en su evolución o tratamiento. También señaló que la inclusión de mujeres en ensayos clínicos había mejorado, pero persistían deficiencias en el análisis de los resultados según el sexo.

La publicación de Science coincide con una discusión impulsada durante años por investigadoras, médicas y organizaciones que han reclamado una medicina capaz de reconocer las necesidades de las mujeres durante toda su vida. Sus aportaciones han cuestionado la reducción de la salud femenina a la maternidad y han ampliado el interés científico por el dolor, el envejecimiento, la salud cardiovascular y otras condiciones.

Dedicar una portada a estas investigaciones supone un reconocimiento académico, pero su trascendencia dependerá de cambios concretos. Incorporar a las mujeres en los estudios, analizar los resultados con criterios apropiados y financiar las preguntas científicas pendientes son condiciones necesarias para producir un conocimiento más completo.

La medicina necesita comprender mejor la biología femenina y, al mismo tiempo, reconocer las desigualdades sociales que condicionan el acceso a los servicios sanitarios. La contribución de esta edición de Science consiste en demostrar que ambas tareas siguen siendo fundamentales para mejorar la salud de las mujeres.

El acceso a la edición especial de la revista se realiza mediante el siguiente enlace: https://www.science.org/doi/10.1126/science.aem4087

Referencias

Nusinovich, Y., Vignieri, S., Ross, S., & Osório, J. (2026). A lifelong focus on women’s health. Science, 394(6819), 42–43. https://doi.org/10.1126/science.aem4087

Stout, M. B., & Duncan, F. E. (2026). Does the postmenopausal ovary still matter? Science, 394(6819), 44–45. https://doi.org/10.1126/science.aeh7496

Corral, D., & Belkaid, Y. (2026). Shaping maternal physiology: Immune control of reproductive adaptation. Science, 394(6819), 46–52. https://doi.org/10.1126/science.aeh1405

Dubal, D. B., Ambrosio, F., Stout, M. B., & Theodorescu, D. (2026). X and Y chromosomes as determinants of aging and disease. Science, 394(6819), 53–59. https://doi.org/10.1126/science.aeh0145

Gravelsins, L. L., Perović, M., Alexander, M. W., Splinter, T. F. L., McGovern, A. J., Rabin, J. S., & Galea, L. A. M. (2026). Reframing menopause and menopause hormone therapy as opportunities for healthy aging. Science, 394(6819), 60–68. https://doi.org/10.1126/science.aeg5004

Venkataraman, A., Midavaine, É., & Ingraham, H. A. (2026). Sex-specific mechanisms of chronic pain. Science, 394(6819), 69–74. https://doi.org/10.1126/science.aeh4468

National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine. (2025). A new vision for women’s health research: Transformative change at the National Institutes of Health. The National Academies Press. https://doi.org/10.17226/28586