El Congreso de la República de Costa Rica declara Benemérita de la Patria a Filomena Navas Salazar, lideresa del pueblo Bröran de Térraba, en un reconocimiento que trasciende lo simbólico: visibiliza, por primera vez, el legado de las mujeres indígenas en la construcción social, política y cultural del país.

La declaratoria de Filomena Navas Salazar como Benemérita de la Patria marca un hito sin precedentes en la historia costarricense. No solo por tratarse de la primera mujer indígena en recibir esta distinción, sino también porque evidencia una deuda histórica del Estado con las mujeres de los pueblos originarios, tradicionalmente excluidas de los relatos oficiales.

Durante décadas, el reconocimiento público en Costa Rica ha privilegiado figuras vinculadas a estructuras de poder formales relacionadas con la política. En contraste, las mujeres indígenas han sostenido comunidades enteras desde el anonimato, ejerciendo liderazgos invisibilizados en ámbitos como la salud, la educación comunitaria, la defensa territorial y la transmisión de saberes ancestrales.

Este nombramiento fue impulsado por un grupo de diputadas de la Asamblea Legislativa, liderado por Luz Mary Alpízar Loaiza —según consigna la iniciativa presentada en el despacho legislativo correspondiente—. Constituye un acto de reparación simbólica que interpela directamente al Estado: reconocer no solo a una figura individual, sino también a una historia colectiva sistemáticamente omitida.

Filomena Navas: liderazgo, memoria y territorio

Oriunda de Térraba, en Buenos Aires de Puntarenas, Filomena Navas Salazar fue una figura central en la vida del pueblo Bröran. Su trayectoria sintetiza múltiples dimensiones de liderazgo comunitario.

Fue pionera en el ejercicio de los derechos políticos, al convertirse en la primera mujer indígena de su comunidad en votar en 1953, en un contexto en el que la ciudadanía plena de las mujeres aún enfrentaba resistencias culturales profundas, especialmente en territorios rurales e indígenas.

Su liderazgo trascendió lo político. Fue reconocida como guardiana del saber ancestral y poseía un amplio conocimiento en medicina natural, lo que la posicionó como referente en salud comunitaria. A ello se suman su dominio de la lengua Bröran, elemento clave para la preservación de la identidad cultural, así como su destreza en la hilandería y su vínculo con prácticas agrícolas sostenibles.

En Filomena convergen tres ejes fundamentales: el cuerpo-territorio, el saber ancestral y la organización comunitaria. Su vida no se inscribe en las categorías tradicionales del liderazgo occidental, sino en formas colectivas, relacionales y profundamente arraigadas en la cosmovisión indígena.

Más que un nombre: una memoria colectiva

El reconocimiento a Filomena Navas es, en realidad, una apertura —aún incipiente— hacia la incorporación de otras memorias en el relato nacional.

Las mujeres indígenas han sido históricamente las principales transmisoras de la cultura, defensoras del territorio frente a procesos extractivos y mediadoras de la cohesión social de sus comunidades. Sin embargo, su aporte ha sido sistemáticamente minimizado o relegado a lo doméstico.

Este nombramiento obliga a replantear los criterios de reconocimiento público: ¿quiénes han sido considerados “beneméritos” y bajo qué parámetros? ¿Qué otras figuras han quedado fuera por razones de género, etnia o clase?

El desafío pendiente

La declaratoria es un paso adelante importante, pero el problema estructural sigue allí. El reconocimiento simbólico debe traducirse en políticas públicas concretas que garanticen los derechos territoriales, el acceso a servicios básicos, el fortalecimiento cultural y la participación política efectiva de los pueblos indígenas, en particular de las mujeres.

Nombrar a Filomena Navas Salazar es, en última instancia, nombrar una ausencia histórica. Pero también es una oportunidad: la de construir un país que reconozca plenamente la diversidad de voces que lo han sostenido.

Fuente de la fotografía.
La imagen de doña Filomena fue difundida a los medios de comunicación por su hija, la también lideresa indígena Elides Rivera Navas.

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