Un ginecólogo de la Universidad Autónoma de Madrid usó inteligencia artificial para analizar 52 obras de arte sacro ibérico y encontró que la maternidad de la Virgen María fue representada entre los siglos XIV y XVII como símbolo teológico, no como experiencia corporal. El sistema tampoco pudo verla. No porque fallara, sino porque el arte nunca la puso ahí.
José Luis Bartha, del Departamento de Obstetricia y Ginecología de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid, publicó en mayo de 2026 en la revista Arts, de acceso abierto y editada por MDPI. El estudio fue sobre la visibilidad e invisibilidad del embarazo en el arte religioso ibérico de los siglos XIV al XVII. La investigación utilizó la plataforma de análisis visual Astica Vision para examinar 52 obras que representan tres escenas de la iconografía mariana: la Virgen de la Expectación, la Visitación y el Nacimiento de la Virgen. El corpus incluyó pinturas al fresco, tablas, esculturas policromadas y dípticos de marfil procedentes de España y de Portugal.
La metodología se desarrolló en dos fases, a saber: en la primera, Bartha sometió cada imagen al sistema sin proporcionar ningún contexto, es decir, sin título, fecha ni descripción iconográfica. El objetivo era observar si el sistema detectaba de forma autónoma el embarazo representado. En la segunda fase, las mismas imágenes se reintrodujeron acompañadas de metadatos: nombre de la obra, siglo, contexto devocional y descripción del tema. La comparación entre ambas lecturas permitió medir cómo cambiaba la interpretación del sistema al recibir información y qué seguía siendo invisible incluso en ese contexto.
Ante la escultura de madera policromada de la Virgen de la Expectación del Museo Diocesano de Santiago de Compostela, datada hacia 1325 y atribuida al Maestro Pero de Coimbra, el sistema describió a una mujer religiosa en oración con una túnica larga, sin mencionar el vientre voluminoso ni la mano posada sobre el abdomen, elementos formales que identifican esa iconografía. En La Visitación, pintada al fresco por Juan de Borgoña en 1508 para la Sala Capitular de la Catedral de Toledo, el sistema la describió como una mujer sujetando a un hombre o, en el mejor de los casos, como dos figuras religiosas abrazadas. María e Isabel, ambas embarazadas en la narrativa bíblica, resultaron irreconocibles como gestantes. En algunas lecturas, Isabel, representada como mujer mayor, fue identificada como una figura masculina.
Proporcionar contexto iconográfico en la segunda fase modificó el vocabulario del sistema, pero no su capacidad de leer el cuerpo. Al introducir la descripción, Astica Vision comenzó a emplear términos como ‘expectación sagrada’ o ‘propósito divino’ al referirse a la Virgen María embarazada, pintada en la España del siglo XVII. El embarazo pasó a denominarse en términos espirituales, no corporales. Solo en un díptico de marfil del siglo XIV conservado en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid, donde Isabel coloca la mano sobre el vientre de María mientras esta señala hacia su propia barriga, el gesto ofreció suficiente corporalidad para que el sistema registrara algo distinto. Aun así, él las describió como dos mujeres talladas en marfil bajo arcos.
Para calibrar esos hallazgos, Bartha incluyó en el corpus una fotografía contemporánea de una mujer en el tercer trimestre de embarazo, sentada de perfil con las manos sobre el vientre desnudo. Sin ningún metadato, el sistema la reconoció de inmediato como una mujer embarazada. Describió su abultado vientre, típico de un embarazo avanzado, las manos en posición protectora y el vínculo emocional entre la madre y el bebé. Entrenado en patrones visuales contemporáneos, el sistema reconoció sin dificultad lo que el arte sacro ibérico nunca había representado con tanta claridad.
En El nacimiento de la Virgen, de Juan Pantoja de la Cruz, pintado en 1603 y conservado en el Museo del Prado, el sistema reconoció una escena de calidez y protección materna, pero no identificó a una mujer que acababa de parir. Santa Ana aparece pasiva y serena en el lecho, rodeada de un ritual de cuidados que el sistema leyó como una ceremonia. El dolor, el esfuerzo y el vínculo afectivo de la maternidad quedaron fuera del marco en todas las obras analizadas.
Bartha concluye que el arte sacro ibérico construyó un régimen visual en el que el cuerpo gestante existía como símbolo, no como realidad biológica ni emocional. Además, la inteligencia artificial, al no poder leer ese cuerpo sin ayuda contextual, documenta con precisión los límites de lo que esa iconografía decidió mostrar durante tres siglos.
Referencias
Bartha, J. L. (2026). Seeing the unborn: Artificial intelligence and the iconographic visibility of pregnancy in early modern Iberian religious art. Arts, 15(5), 106. https://doi.org/10.3390/arts15050106
Couto, E. (2026, 2 de junio). Arte sacro y embarazo invisible: el experimento con IA que cambia la forma en que leemos la pintura medieval ibérica. https://muyinteresante.okdiario.com/historia/arte-sacro-medieval-embarazo-experimento-ia-peninsula-iberica.html








