Las mujeres que restauran bosques para proteger el agua en Bolivia

En las montañas de Cochabamba, un grupo de mujeres indígenas quechuas lidera la recuperación de bosques nativos que abastecen de agua a cientos de miles de personas. Su trabajo ha permitido plantar más de 1,7 millones de árboles de kewiña, una especie andina amenazada cuya conservación se ha convertido en una estrategia para enfrentar la escasez hídrica, los incendios forestales y la degradación ambiental.

Andrea Vicente comienza su jornada antes del amanecer. Desde una comunidad ubicada en la vertiente norte de la Cordillera Tunari, camina cada día hasta un vivero donde cuida cientos de plantines de kewiña, un árbol nativo de los Andes bolivianos reconocido por su capacidad para retener y almacenar agua. A varios kilómetros de distancia, en la ladera sur de la misma cordillera, Judith Gonzales coordina otro proceso de restauración forestal en una región donde los incendios, la expansión urbana y la deforestación han reducido drásticamente los bosques nativos.

Ambas forman parte de iniciativas de conservación que transforman la relación entre las comunidades y el territorio. Lo que comenzó como un esfuerzo por recuperar ecosistemas degradados también se ha convertido en una experiencia de liderazgo femenino indígena vinculada a la protección de una de las principales reservas de agua de Bolivia.

El Parque Nacional Tunari abastece aproximadamente el 70 % del agua que consume el departamento de Cochabamba. La pérdida de cobertura forestal registrada en las últimas décadas ha reducido la capacidad natural del territorio para captar y almacenar agua y, además, ha aumentado la vulnerabilidad frente a inundaciones, deslizamientos e incendios forestales.

Frente a esa realidad, las comunidades locales impulsaron procesos de restauración basados exclusivamente en especies nativas. Entre ellas destaca la kewiña (Polylepis subtusalbida), un árbol que puede vivir varios siglos y desempeña un papel fundamental en la regulación hídrica de los ecosistemas andinos.

El liderazgo de las mujeres ha sido decisivo en ese proceso. El Programa Tunari, desarrollado por la asociación Armonía, ha permitido sembrar más de 1,2 millones de árboles desde 2020. Judith Gonzales participa en esta iniciativa desde sus inicios y actualmente coordina actividades comunitarias relacionadas con la restauración forestal, el monitoreo ambiental y la gestión de viveros.

La experiencia también ha abierto espacios de formación para mujeres que tradicionalmente habían quedado al margen de estos procesos. Las organizaciones involucradas promovieron su participación en capacitaciones técnicas, en el monitoreo de bosques, en la agricultura sostenible y en la gestión comunitaria, fortaleciendo su presencia en la toma de decisiones locales.

En la vertiente norte del parque, la organización Faunagua impulsó la creación de Warmi Kewiñas, una asociación integrada por más de treinta mujeres quechuas que administran viveros y desarrollan actividades de restauración ecológica. Desde 2022 han contribuido a la plantación de más de 467.000 árboles y han alcanzado tasas de supervivencia superiores al 85 %.

Andrea Vicente preside actualmente esta organización. Además de trabajar en la producción agrícola junto a su familia, coordina las labores de plantación y participa en procesos de educación ambiental dirigidos a otras mujeres de la comunidad.

El proyecto ha tenido efectos que trascienden la recuperación forestal. Muchas integrantes de Warmi Kewiñas participaron por primera vez en procesos de alfabetización, capacitación técnica y organización comunitaria. Otras comenzaron a involucrarse en actividades de prevención de incendios forestales y de protección de las fuentes de agua.

Especialistas en conservación señalan que la recuperación de los bosques andinos no puede entenderse únicamente como una acción ambiental. La restauración de la vegetación nativa fortalece la seguridad hídrica, protege los suelos, favorece la biodiversidad y contribuye a la adaptación al cambio climático.

La experiencia desarrollada en el Parque Nacional Tunari muestra, además, cómo las mujeres indígenas desempeñan un papel cada vez más visible en la gestión de los recursos naturales. Su participación no se limita a la ejecución de tareas de reforestación. También intervienen en la planificación, el monitoreo y la elaboración de estrategias comunitarias para proteger el territorio.

Mientras las amenazas derivadas de los incendios, la expansión urbana y la degradación ambiental continúan afectando los ecosistemas andinos, las comunidades mantienen sus programas de restauración con metas de siembra que superan los 300.000 nuevos árboles en los próximos años. Detrás de esas cifras se encuentra el trabajo cotidiano de mujeres que han convertido la protección del agua en una forma de liderazgo y en una herencia para las generaciones que habitarán estas montañas en el futuro.

Referencias

Vargas, N. A. (2026, 13 de junio). Mujeres kewiña: indígenas quechuas restauran bosques andinos para proteger el agua de Bolivia. Mongabay Latam. Publicado en Radio Yaraví. https://radioyaravi.org.pe/noticia/medio-ambiente/mujeres-kewina-indigenas-quechua-restauran-bosques-andinos-para-proteger-el-agua-de-bolivia/

Acción Andina. (2025). Restauración de bosques altoandinos y conservación comunitaria. https://accionandina.org

Food and Agriculture Organization. (2024). The status of women in agrifood systems. FAO. https://www.fao.org

ONU Mujeres. (2024). Mujeres indígenas y liderazgo climático en América Latina. ONU Mujeres. https://www.unwomen.org