Según estimaciones de la OIT, ampliar la cobertura de licencias bien pagadas para ambos progenitores podría requerir inversiones adicionales, pero también generar millones de empleos formales y una mayor participación equitativa en los cuidados familiares.
Durante las últimas décadas, muchos países han reformado sus políticas de protección familiar para incorporar o ampliar las licencias por paternidad pagadas. Este derecho permite a los hombres ausentarse del trabajo tras el nacimiento o la adopción de una hija o de un hijo sin perder ingresos ni su empleo. Aunque este tipo de permisos aún varía enormemente entre los países, los datos demuestran que estas políticas no solo afectan a las familias de forma inmediata, sino que también pueden favorecer la igualdad de género a largo plazo.
Según datos recientes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), 35 de los 38 países miembros ofrecen algún tipo de licencia pagada para los progenitores. Esto puede ser un permiso específico de paternidad o parte de un esquema más amplio de licencia parental reservada a los hombres. El promedio de licencia pagada para padres en estos países es de alrededor de 12,7 semanas si se consideran todos los tipos de permiso disponibles, aunque la parte específicamente designada como paternidad tiende a ser mucho menor, con un promedio de 2,3–2,4 semanas.
La duración de la licencia pagada varía considerablemente. Mientras países como España ofrecen días de permiso cada vez más generosos (en 2025 se anunció un esquema de 17 semanas remuneradas para ambos progenitores, con la incorporación de permisos adicionales hasta los ocho años de la niña o el niño). Otros países disponen de solo unas semanas o incluso no tienen una licencia obligatoria pagada a nivel nacional.
Sin embargo, más allá de la duración, el uso efectivo de esos permisos revela otra dimensión del problema. Aunque las leyes existen, en muchos lugares la participación de los padres sigue siendo baja. En promedio, la proporción de hombres que toman algún tipo de permiso parental en los países de la OCDE se ha incrementado —del 19,1 % en 2013 al 26,1 % en 2023—, pero sigue muy por debajo de la participación femenina.
Los efectos de la participación masculina en los cuidados son múltiples y están documentados. Estudios internacionales muestran que cuando los padres toman licencia:
- Las niñas y los niños tienden a desarrollar mejores vínculos emocionales y cognitivos desde edades tempranas.
- Las madres pueden reincorporarse con mayor equilibrio al mercado laboral, lo que contribuye a cerrar brechas de ingresos y de oportunidades.
- Las parejas reducen la probabilidad de separación, en parte, gracias a un reparto más equitativo del cuidado.
- Las empresas con políticas de paternidad remunerada suelen registrar tasas más bajas de rotación entre los empleados masculinos, lo que constituye un indicador de bienestar laboral.
Aun así, los desafíos persisten. En algunos países, los permisos legales y los obstáculos culturales y económicos limitan su uso. Medios europeos han señalado recientemente campañas como “Dad strike” en el Reino Unido, donde el permiso legal —dos semanas con bajo pago— se considera insuficiente y desincentiva la participación masculina en los cuidados.
La disparidad también se observa entre regiones. Mientras países nórdicos como Suecia, Noruega o Portugal han promovido licencias más largas y sistemas que incentivan su uso por parte de los padres, en otros lugares el permiso es mucho más breve o prácticamente inexistente. Esto tiene consecuencias directas en la carga de trabajo no remunerada, que sigue recayendo de manera desproporcionada sobre mujeres y niñas a nivel mundial.
Organismos internacionales, incluidos la OIT y la ONU, recomiendan no solo establecer licencias pagadas por paternidad, sino también garantizar que sean adecuadamente remuneradas, protegidas por el empleo y socialmente aceptadas, de modo que los hombres se sientan verdaderamente habilitados para tomarlas. Según estimaciones de la OIT, ampliar la cobertura de licencias bien pagadas para ambos padres podría requerir inversiones adicionales, pero también generar millones de empleos formales y una mayor participación equitativa en los cuidados familiares.
En un contexto global en el que los modelos familiares han cambiado, las licencias por paternidad representan más que un beneficio laboral. Es una herramienta pública para transformar los roles de género, impulsar la igualdad y asegurar que el cuidado de las niñas y los niños —responsabilidad social fundamental— sea compartido de manera más equitativa entre ambos progenitores.








