La participación laboral femenina en la India ha crecido en los últimos años, pero sigue muy por debajo de la masculina y buena parte del aumento se concentra en la agricultura y en actividades de subsistencia. Las mujeres siguen asumiendo la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados, enfrentan restricciones de movilidad y encuentran una economía que genera menos puestos de trabajo de los que necesita.

India ha conseguido aumentar la participación de las mujeres en su fuerza laboral en los últimos años, pero el dato cobra otro sentido cuando se observa qué trabajos realizan, cuánto tiempo pueden dedicarles y cuáles son las oportunidades que encuentran.

Shishir Gupta y Aalhya Sabharwal, investigadores vinculados al Centre for Social and Economic Progress de Nueva Delhi, analizaron el fenómeno en una columna publicada por Project Syndicate y reproducida este 16 de septiembre por La Prensa. Los autores sitúan la participación laboral femenina en torno al 35 %, tras haber estado cerca del 21 % en 2017-2018, pero señalan que más del 70 % de ese crecimiento se produjo en la agricultura y en actividades de subsistencia, con una importante presencia de empleo informal.

La interrogante central de la investigación, por tanto, no pretende determinar qué posibilidades reales tienen de incorporarse a un empleo remunerado, formal y productivo. De ahí que, una primera respuesta surja en los hogares. La Encuesta de Uso del Tiempo 2024 del Ministerio de Estadística de la India encontró que el 81,5 % de las mujeres de 6 años o más participaba en servicios domésticos no remunerados para los integrantes de su hogar. En 2019, la proporción era del 81,2 %, prácticamente la misma.

Las diferencias se hacen más evidentes al contabilizar el tiempo. Entre quienes reportaron un día normal, las mujeres dedicaron en promedio 246 minutos diarios a servicios domésticos no remunerados, mientras que los hombres dedicaron 22 minutos. En cuidados no remunerados fueron 49 minutos para ellas y 13 para ellos.

Cocinar, limpiar, atender a niñas y niños, cuidar a personas mayores y mantener un hogar a diario constituyen trabajo, aunque esas actividades no generen un salario. Cuando esa responsabilidad se distribuye de manera tan desigual, también se distribuye de manera desigual el tiempo disponible para estudiar, desplazarse, aceptar determinados horarios, buscar empleo o permanecer en él.

El Banco Mundial identifica precisamente las normas sociales que asignan prioritariamente a las mujeres las responsabilidades domésticas y de cuidado como una de las barreras persistentes a su participación laboral. La institución estima, a escala mundial, que las mujeres dedican 3,2 veces más tiempo que los hombres al cuidado no remunerado y relaciona esa carga con la exclusión de cientos de millones de mujeres del empleo y el emprendimiento.

En la India intervienen, además, otros factores. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha documentado durante años la incidencia de la seguridad en los espacios públicos y en el transporte, las responsabilidades familiares, la disponibilidad de servicios de cuidado, la discriminación, los salarios y la informalidad en las posibilidades de las mujeres de incorporarse al mercado laboral y permanecer en él.

Sin embargo, atribuir toda la brecha a las responsabilidades familiares o a las normas de género dejaría sin explicar otra parte del problema.

Gupta y Sabharwal subrayan precisamente la demanda de trabajo. India genera relativamente pocos empleos en relación con el tamaño y el crecimiento de su economía. Según sus cálculos, el país emplea aproximadamente 35 trabajadores para producir un millón de dólares de PIB, mientras que Bangladesh, Filipinas y Vietnam emplean entre 40 y 50. También señalan que las industrias de baja cualificación e intensivas en mano de obra representan alrededor del 16 % del PIB indio, frente a proporciones cercanas al 20-26 % en varias economías asiáticas comparables.

Esta explicación complementa, en lugar de sustituir, el análisis de género. La OIT ya había advertido, en investigaciones anteriores, que la baja participación laboral femenina en India responde a varios factores simultáneos y había identificado la falta de oportunidades laborales y la segregación ocupacional entre los problemas de largo plazo.

Una economía que genera empleos insuficientes afecta a hombres y mujeres, aunque no necesariamente de la misma manera. Las mujeres llegan a ese mercado después de asumir una cantidad considerablemente mayor de trabajo no remunerado y con restricciones adicionales relacionadas con la movilidad, la seguridad, las responsabilidades familiares y las normas sociales. Cuando las oportunidades escasean, esas condiciones pueden acortar aún más las opciones disponibles para ellas.

La educación muestra por qué una explicación aislada resulta insuficiente. Gupta y Sabharwal señalan que la matriculación femenina ha alcanzado o superado a la masculina en todos los niveles educativos, mientras que la participación de las mujeres en el empleo no agrícola apenas ha avanzado respecto de la de los hombres en las últimas dos décadas.

Tener más educación no garantiza un puesto de trabajo cuando la economía no lo crea; disponer de una vacante tampoco garantiza que una mujer pueda ocuparla cuando cuatro horas diarias de trabajo doméstico recaen sobre ella o cuando desplazarse hasta el empleo resulta inseguro.

Por eso, la participación laboral femenina no puede resolverse mediante la fórmula simplista de preparar a las mujeres para incorporarse al mercado laboral. La propia OIT advierte contra los enfoques centrados exclusivamente en las supuestas carencias de habilidades, activos o tiempo de las mujeres cuando no existen suficientes oportunidades de trabajo decente.

India ofrece un ejemplo especialmente claro de esa combinación. Su economía ha crecido con rapidez en las últimas décadas, pero el Banco Mundial continúa identificando entre sus desafíos la elevada informalidad y la baja participación laboral femenina.

Ampliar las oportunidades requiere entonces actuar en varios frentes, como son la creación de empleos decentes, servicios de cuidado, transporte y espacios públicos seguros, protección frente a la discriminación y el acoso, corresponsabilidad doméstica y acceso de las mujeres a sectores con mejores condiciones laborales. La OIT incluye precisamente estos ámbitos entre los componentes necesarios para aumentar la participación femenina sin convertir el simple incremento de una tasa estadística en el objetivo final.

La experiencia india muestra finalmente una distinción que las estadísticas laborales ocultan, debido a que millones de mujeres no están al margen del trabajo; ellas trabajan todos los días; sin embargo, la desigualdad comienza en qué parte de ese trabajo reciben un salario, protección social y reconocimiento económico, y cuánto tiempo queda después para acceder al empleo que sí aparece en las cuentas nacionales.

Referencias

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Gupta, S., & Sabharwal, A. (2026b, 11 de septiembre). Why do so few women work in India? Project Syndicate. https://www.project-syndicate.org/commentary/india-low-womens-labor-force-participation-rate-about-demand-not-norms-by-shishir-gupta-and-aalhya-sabharwal-2026-09 

Kapsos, S., Silberman, A., & Bourmpoula, E. (2014). Why is female labour force participation declining so sharply in India? (ILO Research Paper No. 10). International Labour Organisation. https://www.ilo.org/sites/default/files/wcmsp5/groups/public/%40dgreports/%40inst/documents/publication/wcms_250977.pdf 

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Verick, S. (2017, 9 de marzo). The paradox of low female labour force participation. International Labour Organisation. https://www.ilo.org/resource/article/paradox-low-female-labour-force-participation