Los resultados muestran rezagos persistentes en ciencias, lectura y matemáticas, con diferencias entre países y entre grupos de estudiantes. La evaluación plantea la necesidad de políticas públicas que integren el género, la condición socioeconómica, el territorio y otras desigualdades que afectan las oportunidades de aprendizaje.

Los resultados de PISA 2025 confirman que América Latina continúa enfrentando dificultades para garantizar los aprendizajes fundamentales a una parte considerable de su población adolescente. Aunque algunos países mejoraron en ciencias, el desempeño regional sigue por debajo de la media de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), mientras que las diferencias económicas y sociales condicionan las oportunidades educativas.

La evaluación, aplicada a estudiantes de 15 años, mide la capacidad de utilizar conocimientos de ciencias, lectura y matemáticas para resolver problemas y desenvolverse en situaciones de la vida cotidiana. La edición de 2025 tuvo como área principal las ciencias e incorporó nuevas dimensiones relacionadas con la alfabetización ambiental y las competencias digitales. Sus resultados fueron publicados el 8 de septiembre de 2026.

Un análisis del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) señala que la región presenta un rezago medio de 4 años de escolaridad respecto de la OCDE en ciencias. La comparación permite dimensionar la distancia entre sistemas educativos, aunque no debe interpretarse como una equivalencia exacta para cada estudiante ni como una medida de todos los aspectos de la calidad educativa.

El BID también advierte que casi seis de cada diez estudiantes latinoamericanos no alcanzan las competencias básicas en lectura y ciencias, mientras que ocho de cada diez no logran el nivel mínimo en matemáticas. Estas cifras evidencian que el problema no se limita al alto rendimiento: una proporción importante de adolescentes enfrenta dificultades para desarrollar las habilidades necesarias para continuar estudiando, participar en la vida social y acceder a mejores oportunidades laborales.

Las diferencias entre los países muestran que la región no constituye un bloque homogéneo. En ciencias, Uruguay obtuvo 445 puntos, Chile 442 y Costa Rica 424, los resultados más altos entre los países latinoamericanos analizados por Argentinos por la Educación. En el extremo inferior se ubicaron Guatemala, Paraguay y República Dominicana, con 351, 355 y 361 puntos, respectivamente. La media de la OCDE fue de 482 puntos.

La comparación con 2022 ofrece un panorama mixto. Tres países latinoamericanos mejoraron significativamente en ciencias, tres empeoraron y seis no registraron variaciones estadísticamente significativas. En lectura, ninguno mostró mejoras y seis retrocedieron; en matemáticas tampoco hubo aumentos significativos y cinco países disminuyeron sus resultados. La ausencia de cambios estadísticamente significativos no implica necesariamente una mejora, ni permite afirmar que todos los sistemas hayan empeorado.

Costa Rica constituye un ejemplo de avance parcial en ese contexto. El Ministerio de Educación Pública informó que el país pasó de 411 a 424 puntos en ciencias, una mejora de 13 puntos, mientras que lectura y matemáticas se mantuvieron sin variaciones significativas. El resultado permite reconocer un progreso principalmente en el área evaluada, aunque el país continúa por debajo del promedio de la OCDE y enfrenta desafíos para asegurar competencias básicas a toda su población estudiantil.

Brasil, por su parte, obtuvo 409 puntos en ciencias, 408 en lectura y 377 en matemáticas. El país mantiene un desempeño inferior al promedio de la OCDE y una elevada proporción de estudiantes por debajo del nivel básico, especialmente en matemáticas. Colombia registró 414 puntos en ciencias, 399 en comprensión lectora y 381 en matemáticas, con una mejora en ciencias y retrocesos en las otras dos áreas. Estos casos muestran que las políticas educativas deben examinar los resultados por competencia y no limitarse a un promedio general.

La perspectiva de género aporta una dimensión adicional. En el conjunto de países de la OCDE, las niñas superaron a los niños en lectura por 30 puntos, mientras que los niños obtuvieron una ventaja promedio de 13 puntos en matemáticas. En ciencias, la diferencia media fue prácticamente inexistente, aunque el informe identifica patrones distintos entre estudiantes de bajo y de alto rendimiento. Estos resultados no demuestran diferencias innatas de capacidad, sino que deben analizarse junto con las condiciones educativas, sociales y culturales que influyen en el aprendizaje.

Para América Latina, la transversalización de género exige incorporar esta información en el diseño, la ejecución y la evaluación de las políticas educativas. Las brechas pueden manifestarse en la confianza para participar en matemáticas y ciencias, las expectativas familiares, la orientación vocacional, la exposición a estereotipos, la violencia escolar y las posibilidades de continuar estudios. También es necesario atender a las dificultades de lectura de los niños sin reproducir la idea de que determinadas competencias pertenecen naturalmente a un sexo.

El enfoque interseccional permite profundizar en el diagnóstico. Una adolescente indígena que vive en una zona rural y pertenece a un hogar de bajos ingresos puede enfrentar barreras distintas a las de una estudiante urbana con mayores recursos. Del mismo modo, la discapacidad, la condición migratoria, el idioma del hogar y las responsabilidades de cuidado pueden modificar las oportunidades de aprendizaje. Estas condiciones deben estudiarse con datos desagregados y no suponerse iguales en todos los países.

La OCDE señala que las diferencias de rendimiento asociadas al origen migratorio suelen reducirse cuando se consideran el nivel socioeconómico y el idioma hablado en el hogar. Este hallazgo muestra la importancia de evitar interpretaciones que atribuyan los resultados a características culturales o personales sin examinar las condiciones materiales y educativas. También refuerza la necesidad de políticas que garanticen apoyos lingüísticos, la accesibilidad, la permanencia escolar y recursos adecuados para los estudiantes en situación de desventaja.

Los resultados de PISA deben utilizarse como una herramienta de diagnóstico y no como una clasificación definitiva de los sistemas educativos. Las comparaciones requieren considerar los márgenes de error, la cobertura de la población de 15 años y los cambios en la composición del alumnado. La incorporación de estudiantes antes excluidos puede modificar las medias nacionales y, al mismo tiempo, representar un avance en el derecho a la educación.

Para las políticas públicas latinoamericanas, la prioridad consiste en fortalecer los aprendizajes básicos desde los primeros años, apoyar al personal docente y orientar los recursos hacia los centros y las poblaciones con mayores necesidades. La perspectiva de género debe integrarse en los currículos, la formación docente, la prevención de la violencia, la orientación hacia carreras científicas y los sistemas de seguimiento, con indicadores que permitan evaluar resultados diferenciados.

PISA 2025 ofrece información para revisar esas decisiones, pero no establece por sí sola las causas de cada cambio ni demuestra la eficacia de una política específica. Su utilidad dependerá de que los gobiernos integren los resultados con investigaciones nacionales, datos territoriales y la participación de las comunidades educativas, especialmente de quienes enfrentan mayores obstáculos para ejercer su derecho a aprender.

Referencias

Alzú, M. S., Nistal, M., & Vallejo, L. (2026). ¿Cómo le fue a América Latina en las pruebas PISA 2025? Argentinos por la Educación. https://argentinosporlaeducacion.org/informe/como-le-fue-a-america-latina-en-las-pruebas-pisa-2025/

Arias Ortiz, E., Giambruno, C., Prieto Espinoza, G., Jr., Suarez Enciso, S., & Zoido, P. (2026). PISA en América Latina y el Caribe 2025: ¿Cómo le fue a la región? Banco Interamericano de Desarrollo. https://doi.org/10.18235/0014495

Arias Ortiz, E., Suarez Enciso, S., Giambruno, C., Prieto Espinoza, G., Jr., & Zoido, P. (2026). PISA en América Latina y el Caribe 2025: ¿Cuántos presentan bajo rendimiento? Banco Interamericano de Desarrollo. https://doi.org/10.18235/0014494

Ministerio de Educación Pública. (2026, 8 de septiembre). ¡Histórico! Costa Rica desafía la crisis global: sube 13 puntos en Ciencias en el PISA 2025 y se ubica entre los tres únicos países de la OCDE sin retrocesos en las tres áreas. https://www.mep.go.cr/noticias/historico-costa-rica-desafia-crisis-global-sube-13-puntos-ciencias-pisa-2025-se-ubica

Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. (2026). PISA 2025 results (Volume I). https://www.oecd.org/en/publications/pisa-2025-results-volume-i_73451bc5-en.html

Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. (s. f.). PISA: Program for International Student Assessment. https://www.oecd.org/en/about/programmes/pisa.html