Un informe de UNICEF estima que 20 millones de niños y niñas de entre 12 y 17 años sufrieron alguna forma de explotación o abuso sexual facilitado por la tecnología en 21 países. Cerca del 60 % de los casos ocurrieron en redes sociales y menos del 1 % llegó al conocimiento de las autoridades, de los servicios sociales o de las líneas de ayuda.

Alrededor de 20 millones de niños y niñas de entre 12 y 17 años, casi uno de cada cinco de quienes utilizan Internet en los 21 países estudiados, sufrieron al menos una forma de explotación o abuso sexual facilitado por la tecnología durante un año, según un informe publicado este 3 de septiembre por UNICEF.

La investigación Through Children’s Eyes: How Digital Technologies Enable Child Sexual Abuse (A través de los ojos de la infancia: cómo las tecnologías digitales facilitan el abuso sexual infantil) estima que más de 15 millones de niños y niñas estuvieron expuestos a contenidos sexuales no deseados, nueve millones recibieron solicitudes para mantener conversaciones sexuales o compartir imágenes contra su voluntad y cuatro millones fueron víctimas de la difusión no consentida de imágenes sexuales.

Los resultados proceden de encuestas representativas realizadas a cerca de 21.000 niños y niñas de entre 12 y 17 años que utilizan Internet y de entrevistas en profundidad con 100 jóvenes que sufrieron abusos durante su infancia. UNICEF advierte que las estimaciones corresponden a la población infantil usuaria de Internet de los países estudiados y no pueden extrapolarse automáticamente a toda la infancia, especialmente en aquellos territorios con menor conectividad.

La investigación encontró, además, que cerca del 60 % de los casos ocurrieron en plataformas de redes sociales como Facebook, Instagram, Snapchat, TikTok y WhatsApp, mientras que un 14 % se registraron en juegos en línea. UNICEF señala que determinadas características de estas plataformas, entre ellas los sistemas de mensajería privada y la posibilidad de utilizar cuentas falsas, pueden ser aprovechadas para establecer contacto y facilitar diversas formas de abuso.

Los datos también cuestionan la percepción de que el principal peligro proviene de personas desconocidas que contactan a niños y niñas por Internet. En el 57 % de los casos estuvo involucrada alguna persona que la víctima ya conocía, incluidos otros menores de edad, parejas sentimentales, amistades o familiares. Al mismo tiempo, un 38 % tuvo su primer contacto con el agresor en línea.

“El informe pone de manifiesto una dolorosa realidad. Más de 20 millones de niños y niñas de los países estudiados se vieron expuestos a contenidos sexuales explícitos no deseados o sufrieron explotación en línea, a menudo en los mismos espacios digitales donde aprenden, juegan y se relacionan con sus amigos”, señaló Catherine Russell, directora ejecutiva de UNICEF.

Una de las principales preocupaciones identificadas es el silencio posterior al abuso. Más del 40 % de los casos nunca fue comunicado a ninguna persona y menos del 1 % llegó a conocimiento de autoridades como la policía, trabajadores sociales o líneas telefónicas de ayuda. La razón mencionada con mayor frecuencia para no contar lo sucedido fue no saber dónde acudir ni a quién recurrir.

Los testimonios recogidos en la investigación describen miedo, vergüenza, confusión y aislamiento. Una joven de República Dominicana relató que tenía 14 años cuando imágenes privadas suyas fueron difundidas sin su consentimiento. “No sabía cómo reaccionar… Me quedé un poco conmocionada”, recordó. Otra participante que atravesó una experiencia similar explicó que llegó a sentirse “como la persona más utilizada, la más sucia, la peor de todas”.

El impacto observado no se limitó al momento en que ocurrió el abuso. Según UNICEF, quienes habían sufrido explotación facilitada por la tecnología tenían una probabilidad cuatro veces mayor de manifestar pensamientos o conductas suicidas y de autolesionarse, además de presentar niveles más altos de ansiedad. La asociación fue aún mayor en algunos de los países incluidos en el estudio: en México y Macedonia del Norte, el riesgo de pensamientos o conductas suicidas fue más de ocho veces mayor entre quienes habían sufrido estas formas de abuso.

La investigación incorpora datos de nueve países estudiados durante 2024 y 2025 —Armenia, Brasil, Colombia, República Dominicana, México, Montenegro, Macedonia del Norte, Pakistán y Serbia— y los integra con una primera ronda, desarrollada principalmente entre 2020 y 2021, en Camboya, Etiopía, Indonesia, Kenia, Malasia, Mozambique, Namibia, Filipinas, Tanzania, Tailandia, Uganda y Vietnam. El trabajo forma parte del proyecto Disrupting Harm, desarrollado conjuntamente por UNICEF, ECPAT International e INTERPOL.

El informe advierte que la respuesta no puede limitarse a enseñar a niños y niñas a protegerse. UNICEF pide a las empresas tecnológicas que incorporen mayores medidas de seguridad desde el diseño de sus productos, fortalezcan la privacidad infantil, restrinjan los contactos no solicitados de personas adultas, revisen la seguridad de los sistemas de recomendación y mejoren los mecanismos para detectar y denunciar abusos.

A los gobiernos les corresponde fortalecer la legislación y los sistemas de protección, salud, justicia y servicios sociales, incluyendo respuestas frente a modalidades emergentes como la extorsión sexual y los materiales generados mediante inteligencia artificial que representan abuso sexual infantil. La organización también plantea reducir las vulnerabilidades económicas aprovechadas por agresores y enfrentar las normas sociales y de género que normalizan la sexualización de las niñas o estigmatizan a quienes sobreviven a la violencia sexual.

Esta última dimensión resulta especialmente relevante para comprender por qué algunas víctimas permanecen en silencio. Cuando la vergüenza por una imagen sexual recae sobre la niña o el adolescente cuya intimidad fue vulnerada, en lugar de sobre quien obtuvo, exigió o difundió el material, el entorno puede convertirse en otro obstáculo para solicitar ayuda.

UNICEF insiste, por ello, en trasladar la responsabilidad a quienes tienen la capacidad para prevenir estas violencias: plataformas digitales, Estados, sistemas de protección, familias, centros educativos y comunidades. Escuchar a un niño o a una niña cuando cuenta lo sucedido, creerle y facilitarle el acceso seguro a los servicios de atención forman parte de esa respuesta.

“Todos, incluidos los gobiernos y las empresas tecnológicas, debemos esforzarnos más por proteger a la infancia en línea”, afirmó Russell. Los resultados publicados muestran la magnitud de esa responsabilidad: millones de niños y niñas están experimentando formas de abuso precisamente en espacios digitales que forman parte de su educación, entretenimiento y relaciones sociales cotidianas.

Referencias

ECPAT International, INTERPOL & UNICEF. (2026). Through children’s eyes: How digital technologies enable child sexual abuse. UNICEF Innocenti – Global Office of Research and Foresight. https://www.unicef.org/innocenti/reports/through-childrens-eyes

UNICEF. (2026, 3 de septiembre). Uno de cada cinco niños y niñas de 21 países ha sufrido explotación y abuso sexual facilitados por la tecnología. https://www.unicef.org/es/comunicados-prensa/uno-de-cada-cinco-ninos-y-ninas-de-21-paises-ha-sufrido-explotacion-y-abuso