La premio Nobel Olga Tokarczuk sostiene que muchas mujeres crecieron leyendo un canon literario construido principalmente desde miradas masculinas. Su reflexión reabre un debate sobre la importancia de ampliar las voces que conforman la literatura y sobre el derecho de las jóvenes a reconocerse también en las historias que leen.

La literatura ha sido durante siglos una de las principales formas de comprender el mundo. Sin embargo, también ha reflejado las relaciones de poder de cada época. La escritora polaca Olga Tokarczuk, Premio Nobel de Literatura 2018, considera que esa tradición plantea un desafío particular para muchas lectoras jóvenes: buena parte del canon occidental fue escrito por hombres que narraban el mundo desde experiencias masculinas, mientras que los personajes femeninos ocupaban con frecuencia papeles secundarios o respondían a modelos culturales muy definidos.

Durante su participación en el festival literario Babell, celebrado en Oporto, Tokarczuk afirmó que «la literatura es muy peligrosa para las jóvenes», una expresión que utilizó para describir la tensión que experimentan muchas mujeres al incorporarse a un universo literario donde, históricamente, sus propias experiencias apenas encontraban espacio. La escritora explicó que, para participar como lectoras en ese canon, a menudo parecía necesario dejar de lado parte de su propia identidad.

Más que cuestionar el valor de los clásicos, la autora propone ampliar la conversación literaria. En distintas intervenciones públicas ha señalado que escribir también implica recuperar aquellas voces que permanecieron al margen de la tradición dominante. Esa búsqueda atraviesa buena parte de su obra y se refleja especialmente en Tierra de empusas, novela en la que dialoga críticamente con La montaña mágica, de Thomas Mann, incorporando perspectivas femeninas que habían permanecido silenciadas.

La reflexión de Tokarczuk se inscribe en un debate sostenido desde hace décadas por escritoras y críticas literarias. En Una habitación propia, publicada en 1929, Virginia Woolf planteó que las mujeres no solo habían encontrado mayores obstáculos para escribir, sino también para convertirse en protagonistas de la historia literaria. Décadas después, numerosas investigadoras ampliaron esa discusión al analizar cómo el canon se construyó privilegiando determinadas voces y dejando otras en los márgenes.

Lejos de proponer el reemplazo de unas obras por otras, esta perspectiva invita a ampliar el horizonte de lectura. Incorporar autoras de distintas épocas, culturas y contextos no significa abandonar a los clásicos, sino enriquecer el diálogo que la literatura mantiene con cada generación. La presencia creciente de escritoras en los programas educativos, los clubes de lectura y las editoriales responde precisamente a ese esfuerzo por construir un patrimonio cultural más diverso.

Tokarczuk también ha defendido el papel de la literatura como herramienta para comprender la experiencia humana. En su discurso de aceptación del Premio Nobel afirmó que «solo la literatura es capaz de permitirnos profundizar en la vida de otro ser, comprender sus razones, compartir sus emociones y experimentar su destino». Para la autora, esa capacidad de imaginar otras vidas constituye uno de los mayores aportes de la creación literaria en un mundo marcado por la rapidez de la información y la polarización del debate público.

Esa idea conecta con otro de los conceptos centrales de su pensamiento: la ternura. En la conferencia, la Nobel describió la ternura como una forma de atención hacia los demás y hacia el mundo, capaz de reconocer la complejidad de cada historia. Desde esa perspectiva, leer no consiste únicamente en adquirir conocimientos, sino también en desarrollar empatía y comprender realidades distintas de la propia.

Las nuevas generaciones están accediendo a la literatura por caminos diferentes a los de décadas anteriores. Las redes sociales, los clubes de lectura digitales, la novela gráfica y las plataformas dedicadas a la recomendación de libros han ampliado las posibilidades de descubrir autoras y obras que durante mucho tiempo permanecieron fuera de los circuitos más tradicionales. Esa transformación también ha favorecido que más jóvenes encuentren personajes, experiencias y preguntas cercanos a sus propias vidas.

Las palabras de Olga Tokarczuk no invitan a desconfiar de la literatura, sino a leerla con una mirada más amplia. Reconocer que el canon refleja las condiciones históricas en las que fue construido permite apreciar su valor y, al mismo tiempo, abrir espacio para nuevas voces que continúan enriqueciendo la conversación literaria. En esa diversidad reside una de las mayores fortalezas de la cultura: la posibilidad de que cada generación encuentre historias capaces de interpelarla y de ayudarla a comprender mejor el mundo y a sí misma.

Referencias

Curiel, P. (2026, 30 de junio). La primera vez que me enamoré es una novela gráfica que aborda el feminismo desde el afecto y la ternura. Milenio. https://amp.milenio.com/cultura/perrito-feminista-teoria-feminista-vida-cotidiana

The Nobel Foundation. (2019). The Nobel Lecture 2018 – Olga Tokarczuk. https://www.nobelprize.org/prizes/literature/2018/tokarczuk/lecture/

Olga Tokarczuk. (2022). Los libros de Jacob (Trad. A. Rubió). Barcelona: Anagrama.

Virginia Woolf. (1929/2013). Una habitación propia. Barcelona: Lumen.

Observador. (2026, 29 de junio). Olga Tokarczuk no festival Babell: literatura, feminismo e cânone literário. https://observador.pt/