Controlar la ropa, revisar el celular, restringir las amistades o exigir explicaciones constantes forman parte de conductas de control que pueden aparecer antes de una agresión física. Educar para reconocerlas desde edades tempranas permite identificar relaciones en las que los celos, la vigilancia y las restricciones comienzan a limitar la autonomía de las mujeres y desembocan en violencia física.
La violencia en una relación de pareja no necesariamente comienza con una agresión física. Puede instalarse gradualmente mediante comportamientos que llegan a confundirse con celos, preocupación, protección o interés por conocer cada detalle de la vida de la otra persona.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluye en la violencia de pareja los comportamientos que provocan daño físico, sexual o psicológico, entre ellos el maltrato psicológico y las conductas de control. La desigualdad de género constituye una de sus causas estructurales, y las relaciones caracterizadas por una marcada desigualdad de poder son factores asociados a esta violencia.
En Costa Rica, el Instituto Nacional de las Mujeres (INAMU) puso el foco en algunas de estas conductas mediante la campaña ¡Esto también es una señal!, lanzada en abril de 2026 como parte de la Estrategia de Prevención del Femicidio. La iniciativa advierte sobre comportamientos cotidianos de control y dominación que pueden pasar inadvertidos en una relación.
Estas son diez señales sobre las cuales conviene educar a las niñas y los niños, con urgencia, para prepararlos para su identificación, denuncia e intervención.
- Controla cómo se viste. Una opinión sobre la ropa no equivale a decidir sobre ella. Los cuestionamientos reiterados, las discusiones o las prohibiciones destinados a determinar qué prendas puede utilizar una mujer limitan una decisión que le corresponde exclusivamente a ella. El control sobre la forma de vestir figura expresamente entre las señales identificadas por el INAMU.
- Revisa el teléfono sin autorización. Exigir contraseñas, leer conversaciones, revisar fotografías, llamadas o redes sociales convierte el acceso al teléfono en una forma de vigilancia. El INAMU también identifica esta conducta entre las situaciones de control que deben reconocerse.
- Intenta alejarla de sus familiares y amistades. El aislamiento puede desarrollarse de forma progresiva mediante críticas hacia las personas cercanas, discusiones tras los encuentros familiares, presiones para abandonar determinadas amistades o impedimentos para relacionarse con otras personas. Al reducirse esos vínculos, también pueden debilitarse las redes de apoyo disponibles ante una situación de violencia.
- Exige saber dónde está permanentemente. Preguntar dónde se encuentra la pareja no constituye, por sí mismo, una conducta violenta. La situación cambia cuando surgen exigencias constantes de fotografías, de ubicación en tiempo real, de llamadas o de explicaciones destinadas a supervisar sus movimientos y actividades.
- Pretende decidir cuándo y con quién puede salir. Las restricciones para abandonar la casa o relacionarse libremente con otras personas forman parte de las conductas de dominación señaladas por el INAMU. Una relación de pareja no otorga autoridad sobre la libertad de movimiento de la otra persona.
- Utiliza los celos para justificar restricciones. Los celos pueden ser una emoción, pero adquieren otra dimensión cuando se utilizan para legitimar interrogatorios, acusaciones, prohibiciones, vigilancia o limitaciones en las relaciones personales, sociales o laborales de la pareja.
- Controla el dinero. Impedir el acceso a recursos económicos, controlar cada gasto o dificultar deliberadamente que una mujer trabaje y disponga de sus propios ingresos afecta su autonomía. La OPS señala el control del acceso de las mujeres al dinero entre las conductas que pueden presentarse en relaciones violentas.
- Descalifica, humilla o ridiculiza. Los insultos, burlas, críticas reiteradas y comentarios destinados a disminuir la autoestima forman parte del maltrato psicológico. La violencia de pareja, según la definición de la OMS y la OPS, no se limita a las agresiones que causan lesiones físicas.
- La responsabiliza de sus propias agresiones. Frases como “me provocaste” o “me haces perder el control” le atribuyen a la mujer la responsabilidad de las acciones de quien la agrede. Una discusión o un desacuerdo no justifican amenazas, humillaciones, intimidación ni violencia física.
- Empieza a sentir miedo ante sus reacciones. Modificar la manera de hablar, vestirse, relacionarse o tomar decisiones para evitar la reacción de la pareja indica que el temor está condicionando la autonomía. Las amenazas, las intimidaciones y la destrucción de objetos tampoco deben minimizarse cuando forman parte de este patrón.
No todos los desacuerdos constituyen violencia, ni una discusión permite, por sí sola, definir una relación como violenta. La alerta aparece cuando las conductas de vigilancia, aislamiento, intimidación, humillación o restricción se repiten y establecen una relación de control sobre las decisiones y la autonomía de la otra persona.
La OPS ha advertido de que la violencia puede comenzar de manera sutil mediante comportamientos controladores, relacionados, por ejemplo, con el dinero o con las relaciones familiares y sociales. La posibilidad de que estas conductas escalen explica la importancia de intervenir antes de que aparezcan formas más graves de violencia.
Las cifras regionales muestran la magnitud del problema, ya que las estimaciones más recientes de la OMS indican que una de cada tres mujeres de 15 años o más en las Américas ha experimentado violencia física o sexual a lo largo de su vida, y una de cada cuatro mujeres de entre 15 y 49 años ha sufrido violencia física o sexual ejercida por una pareja íntima al menos una vez.
Una relación saludable no requiere renunciar a las amistades, entregar contraseñas, solicitar autorización para salir, justificar cada gasto ni modificar permanentemente las propias decisiones para evitar una reacción adversa. La prevención también comienza por reconocer esas formas de control cuando todavía se presentan como comportamientos cotidianos.
Esperar una agresión física para considerar que existe violencia deja fuera precisamente aquellas conductas psicológicas y de control que la OMS, la OPS y el INAMU reconocen como parte del problema.
Referencias
Instituto Nacional de las Mujeres. (2026, 29 de abril). La campaña del INAMU para prevenir el femicidio. https://www.inamu.go.cr/-/noticias-campa%C3%B1a-inamu-prevenir-femicidio
Organización Mundial de la Salud. (2026, 18 de junio). Violencia contra la mujer. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/violence-against-women
Organización Panamericana de la Salud. (2025, 24 de noviembre). Estimaciones regionales: la violencia contra mujeres y niñas, una realidad que persiste en las Américas. https://www.paho.org/es/documentos/estimaciones-regionales-violencia-contra-mujeres-ninas-realidad-que-persiste-americas
Organización Panamericana de la Salud. (s. f.). Violencia contra la mujer. https://www.paho.org/es/temas/violencia-contra-mujer








