El concepto de homonacionalismo permite analizar cómo determinados discursos nacionalistas y de derecha radical incorporan selectivamente la diversidad sexual para presentar a migrantes y otras minorías como una amenaza a los valores y las libertades de una sociedad.
Durante décadas, buena parte de los movimientos conservadores se opuso al reconocimiento de los derechos de las personas homosexuales. El matrimonio igualitario, la adopción, la educación sobre diversidad sexual y el reconocimiento de identidades de género estuvieron en el centro de disputas políticas impulsadas, entre otros actores, por partidos y organizaciones situados a la derecha del espectro ideológico. Sin embargo, algo aparentemente contradictorio comenzó a ganar terreno: sectores nacionalistas y de derecha radical empezaron a invocar la protección de las personas LGTBIQ+ para justificar posiciones contrarias a la inmigración.
La contradicción tiene un nombre en los estudios de género y sexualidad. La académica Jasbir K. Puar desarrolló el concepto de homonacionalismo en su libro Terrorist Assemblages: Homonationalism in Queer Times, publicado en 2007, para estudiar la relación entre nacionalismo, sexualidad, raza y los procesos mediante los cuales determinadas identidades homosexuales pueden ser incorporadas selectivamente al ideal de ciudadanía y utilizadas para diferenciar a una sociedad de quienes son representados como ajenos a ella.
No significa que toda defensa de los derechos LGTBIQ+ realizada desde posiciones conservadoras sea homonacionalista, ni que exista incompatibilidad entre esos derechos y una orientación política determinada. El concepto identifica un fenómeno mucho más específico: la inclusión de una minoría sexual se vuelve instrumental cuando sirve para justificar la exclusión de otra población.
Una agresión contra una persona homosexual, perpetrada por alguien de origen extranjero, puede servir de ejemplo de cómo funciona esta operación discursiva. La orientación sexual de la víctima adquiere entonces una relevancia que quizá esos mismos actores políticos no conceden a la igualdad LGTBIQ+ cuando se discuten políticas educativas, familiares o de reconocimiento de derechos. El agresor deja de ser solamente responsable de un delito y su origen comienza a utilizarse para representar a todo un colectivo como incompatible con los valores de la sociedad receptora.
El escritor y activista Daniel Valero abordó precisamente esta contradicción en una columna publicada el 19 de agosto en infoLibre. A partir de las reacciones ante agresiones LGTBIfóbicas en España, cuestiona los discursos que desplazan rápidamente el debate hacia la procedencia del agresor y utilizan la violencia contra personas LGTBIQ+ como argumento en contra de la inmigración. Su reflexión recupera el homonacionalismo para explicar una apropiación política que no necesariamente implica una defensa integral de los derechos de la diversidad sexual.
La academia ha intentado comprobar si esa aparente contradicción también puede observarse en las actitudes de la ciudadanía. Stuart J. Turnbull-Dugarte y Alberto López Ortega estudiaron el fenómeno mediante experimentos realizados en el Reino Unido y en España. A diferentes participantes se les presentó información sobre personas que se oponían a políticas educativas inclusivas para la población LGTBI+, modificando la pertenencia étnica de quienes se oponían.
Los resultados publicados en American Political Science Review encontraron que presentar la oposición a los derechos LGTBI+ como proveniente de un grupo externo podía incrementar el apoyo a determinadas políticas de inclusión, particularmente entre personas con posiciones contrarias a la inmigración. Los autores denominaron al fenómeno liberalismo instrumental: la aceptación de derechos puede aumentar no necesariamente porque haya desaparecido el prejuicio hacia una minoría sexual, sino porque esa aceptación permite diferenciarse de otro grupo rechazado.
La evidencia merece una precisión. Una revisión metodológica publicada en 2025 cuestionó algunas decisiones estadísticas del estudio y sostuvo que parte de sus resultados perdía solidez al modificar ciertos procedimientos analíticos. Los autores respondieron en 2026 con nuevos análisis y defendieron la robustez general de sus hallazgos, aunque reconocieron que en el experimento español no se observa de manera consistente una diferencia en el efecto según las actitudes previas hacia la inmigración. El intercambio académico resulta relevante porque muestra que el homonacionalismo es un marco teórico consolidado para estudiar determinadas relaciones entre el nacionalismo y la diversidad sexual, mientras se continúa investigando empíricamente cómo y en qué condiciones opera entre la ciudadanía.
La discusión tampoco implica negar que puedan existir homofobia, transfobia o violencia contra las mujeres en las comunidades migrantes. Hacerlo significaría invisibilizar a las propias personas LGTBIQ+ y a las mujeres que forman parte de esas poblaciones. La perspectiva de derechos humanos exige precisamente lo contrario: identificar y combatir la discriminación independientemente de quién la ejerza, sin convertir la nacionalidad, religión o procedencia de una persona agresora en una característica atribuible al conjunto de su comunidad.
Ahí se encuentra una de las diferencias fundamentales entre proteger los derechos e instrumentalizarlos. Defender a una persona homosexual frente a una agresión significa reconocer su derecho a vivir sin violencia. Utilizar esa agresión para atribuir peligrosidad o inferioridad cultural a millones de personas transforma a la víctima en un argumento político contra otra minoría.
La operación puede resultar particularmente eficaz en sociedades donde los derechos de las personas LGTBIQ+ han alcanzado un amplio reconocimiento. La igualdad sexual pasa a presentarse como una característica de la identidad nacional: somos una sociedad moderna porque reconocemos estos derechos; quienes proceden de culturas consideradas menos tolerantes representarían, por oposición, una amenaza para ellos. El derecho universal termina convirtiéndose en una frontera entre quienes supuestamente pertenecen y quienes deben demostrar que merecen pertenecer.
La paradoja se agrava cuando algunos de los actores que utilizan este argumento mantienen posiciones restrictivas frente a otros componentes de la misma agenda de derechos. El homonacionalismo no requiere necesariamente aceptar de manera integral la diversidad sexual. Puede incorporar determinadas figuras —principalmente homosexuales y lesbianas socialmente aceptadas— mientras continúa cuestionando los derechos de las personas trans, las políticas educativas sobre diversidad o las transformaciones más profundas de las normas tradicionales de género.
El fenómeno encuentra un paralelo en el femonacionalismo, concepto utilizado para analizar la apropiación de los derechos de las mujeres por parte de discursos nacionalistas que representan al hombre extranjero, especialmente al musulmán, como una amenaza para la igualdad. La estructura es semejante: una reivindicación construida durante décadas por movimientos emancipatorios puede convertirse, de manera selectiva, en un argumento para excluir a otro grupo.
Por eso, el problema no radica en que una persona conservadora, liberal o de derecha defienda los derechos de las personas LGTBIQ+. Que esos derechos atraviesen las fronteras ideológicas puede, por el contrario, ser una expresión de su consolidación democrática. La diferencia aparece cuando su reconocimiento depende de quién se encuentre al otro lado.
La expansión contemporánea de movimientos nativistas obliga a observar esa frontera con atención. Los derechos humanos pierden su carácter universal cuando se utilizan como credenciales para decidir qué grupos merecen pertenecer a una sociedad. Una persona LGTBIQ+ no debería necesitar la existencia de una minoría considerada más amenazante para que sus derechos sean defendidos, del mismo modo que una persona migrante no pierde los suyos porque en su comunidad existan expresiones de homofobia o discriminación.
El homonacionalismo permite nombrar esa contradicción. La igualdad no consiste en escoger qué minoría proteger y cuál excluir. Consiste precisamente en impedir que la dignidad de unas personas se utilice para negar la dignidad de otras.
Referencias
Puar, J. K. (2007). Terrorist assemblages: Homonationalism in queer times. Duke University Press.
https://www.dukeupress.edu/terrorist-assemblages
Turnbull-Dugarte, S. J., & López Ortega, A. (2024). Instrumentally inclusive: The political psychology of homonationalism. American Political Science Review, 118(3), 1360–1378. https://doi.org/10.1017/S0003055423000849
de Kadt, D. (2025). Replication of “Instrumentally Inclusive: The Political Psychology of Homonationalism” (Turnbull-Dugarte and López Ortega 2024). American Political Science Review, 1–10. https://doi.org/10.1017/S0003055425101330
Turnbull-Dugarte, S. J., & López Ortega, A. (2026). Still instrumentally inclusive. American Political Science Review, 1–9. https://doi.org/10.1017/S0003055426101828
Valero, D. (2026, 19 de agosto). Homonacionalismo: señala y saca rédito de una agresión. infoLibre.
https://www.infolibre.es/opinion/columnas/torbellino-de-palabras/homonacionalismo-senala-saca-redito-agresion_129_2235099.html








