La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición revisará un informe con recomendaciones para mujeres durante la menopausia tras conocerse que parte de la evidencia utilizada procedía exclusivamente de estudios realizados con hombres. El caso reabre el debate sobre un sesgo histórico de la investigación médica: utilizar el cuerpo masculino como referencia y, posteriormente, trasladar los resultados a las mujeres.
Un informe oficial sobre los riesgos nutricionales durante la menopausia, la perimenopausia y la posmenopausia ha vuelto a situar en el centro del debate en España el sesgo de sexo en la investigación biomédica.
La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) elaboró recomendaciones dirigidas a mujeres, en algunos casos, basadas en datos procedentes exclusivamente de estudios realizados con hombres y posteriormente ajustados según el peso corporal. Tras hacerse pública la situación, el organismo anunció que revisaría el documento.
La investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Sonia de Pascual-Teresa, detectó el problema mientras buscaba información para un proyecto sobre la vitamina C en mujeres en transición hacia la menopausia. Al rastrear la evidencia utilizada en el informe de la AESAN, se llegó a la documentación de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que indicaba que determinados valores se basaban en estudios realizados en hombres.
“Estudiar a hombres es más barato que a mujeres”, explicó De Pascual-Teresa a la periodista Lorena Ferro, de La Vanguardia. La investigadora cuestionó especialmente que los datos obtenidos de la población masculina se utilizaran para formular recomendaciones dirigidas específicamente a mujeres mayores de 40 años.
La Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) intervino posteriormente en la denuncia pública del caso. Su presidenta, Maite Paramio, resumió una de las principales contradicciones del documento: un informe dedicado a mujeres en menopausia no contaba con evidencia obtenida específicamente de mujeres en esa etapa para algunas de sus recomendaciones.
El problema va más allá de una referencia presentada incorrectamente. Durante décadas, buena parte de la investigación biomédica utilizó organismos masculinos como referencia. Las mujeres estuvieron infrarrepresentadas tanto en estudios preclínicos como en ensayos clínicos, y posteriormente se les presentaron resultados obtenidos mayoritariamente con hombres.
Una revisión científica publicada en 2022 en Cold Spring Harbor Perspectives in Medicine confirmó que, aunque las políticas de inclusión han permitido aumentar la participación femenina en la investigación, el análisis diferenciado de los resultados por sexo sigue siendo insuficiente.
La práctica tiene consecuencias porque las mujeres y los hombres no metabolizan necesariamente de la misma manera determinados medicamentos. Una investigación publicada en Biology of Sex Differences analizó 86 fármacos que presentan diferencias farmacocinéticas significativas entre ambos sexos. En 76 se observaron valores farmacocinéticos más elevados en mujeres y, entre los medicamentos para los que existían datos clínicos suficientes, las diferencias se relacionaron estrechamente con la dirección de las reacciones adversas.
Los autores señalaron, además, que las diferencias observadas no podían explicarse únicamente por el peso corporal. Este aspecto resulta especialmente relevante en el caso del informe español, porque parte de los datos masculinos cuestionados se había trasladado a mujeres mediante ajustes de peso.
La menopausia añade otra dificultad. No constituye únicamente el final de la menstruación: la transición está acompañada de cambios hormonales y puede relacionarse con modificaciones metabólicas, cardiovasculares, óseas y de la composición corporal. Utilizar evidencia de la población adulta general o masculina no equivale, por tanto, a estudiar específicamente a las mujeres en esta etapa.
Elisa Llurba, directora del Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, explicó a La Vanguardia que, cuando no existe evidencia específica sobre mujeres, esa ausencia debe quedar claramente indicada. Una recomendación no debería presentar como certeza científica aquello que aún no ha sido suficientemente estudiado.
El caso también evidencia otra desigualdad en la investigación sobre la salud femenina: durante mucho tiempo, la atención se centró especialmente en la reproducción, el embarazo, los órganos sexuales y las mamas.
Esta perspectiva ha sido denominada “medicina bikini”, una manera de entender la salud de las mujeres como si sus diferencias respecto de los hombres se limitaran fundamentalmente a las partes del cuerpo asociadas con la reproducción y la sexualidad. El resultado ha sido una menor atención a otras áreas y a etapas posteriores de la vida.
La menopausia expone con claridad esa carencia. Aunque afecta a una enorme población mundial, todavía existen vacíos de conocimiento sobre nutrición, ejercicio, prevención y tratamiento durante la transición menopáusica y en los años posteriores.
La exclusión tampoco se resolvió simplemente incorporando mujeres a los estudios. Para identificar diferencias científicamente relevantes, es necesario incluir un número suficiente de participantes, considerar las distintas etapas de la vida y analizar los resultados desagregados por sexo cuando corresponda.
Investigar de esta manera puede requerir muestras más grandes, diseños más complejos y recursos adicionales. Precisamente ahí radica una parte del problema señalado por las científicas consultadas por La Vanguardia: durante años resultó metodológicamente más sencillo trabajar con organismos masculinos y evitar variables relacionadas con los ciclos hormonales.
La premisa de que las hembras introducían una variabilidad excesiva tampoco se sostiene como justificación general. La literatura científica ha cuestionado esa explicación y reclama una representación adecuada de ambos sexos en la investigación preclínica.
El informe de AESAN ha hecho visible esa historia en un ámbito donde la contradicción resulta difícil de ignorar: formular recomendaciones sobre una etapa exclusiva de la vida de las mujeres a partir de evidencia que, según algunos parámetros, no las estudió directamente.
Rectificar el documento corrige la presentación de esa información. El problema científico permanece: mientras no exista evidencia suficiente obtenida de mujeres y analizada considerando sus distintas etapas vitales, habrá preguntas sobre su salud que continuarán respondiéndose con datos construidos a partir de otros cuerpos.
Referencias
Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición. (2025). Informe sobre los riesgos nutricionales de la mujer durante la menopausia, la perimenopausia y la posmenopausia (AESAN-2025-006). https://www.aesan.gob.es/ambito-cientifico/comite-cientifico/informes/listado-informes
Ferro, L. (2026, 30 de agosto). Un informe sobre la menopausia con datos masculinos y el sesgo en la investigación: “Estudiar a hombres es más barato”. La Vanguardia. https://www.lavanguardia.com/vida/20260830/11621725/informe-menopausia-datos-masculinos-debate-investigacion-estudiar-hombres-barato.html
Moyer, A. M., Matey, E. T., & Miller, V. M. (2019). Individualized medicine: Sex, hormones, genetics, and adverse drug reactions. Pharmacological Research, 148, 104410. https://doi.org/10.1016/j.phrs.2019.104410
Zucker, I., & Prendergast, B. J. (2020). Sex differences in pharmacokinetics predict adverse drug reactions in women. Biology of Sex Differences, 11, 32. https://doi.org/10.1186/s13293-020-00308-5
Zucker, I., & Prendergast, B. J. (2022). Pervasive neglect of sex differences in biomedical research. Cold Spring Harbor Perspectives in Medicine, 12(4)*, a039156. https://doi.org/10.1101/cshperspect.a039156








