Desde cooperativas agrícolas hasta pequeños comercios, talleres y emprendimientos urbanos, las mujeres latinoamericanas construyen redes para generar ingresos y ganar autonomía. Elegir dónde comprar no elimina las desigualdades económicas, pero sí puede contribuir a que una mayor proporción de los recursos llegue directamente a quienes producen y sostienen estas iniciativas.

Comprar pan en una pequeña panadería, elegir un café producido por una cooperativa o adquirir una artesanía directamente de quien la elaboró parecen decisiones menores en una economía dominada por grandes cadenas comerciales. Sin embargo, detrás de cada compra también existe una distribución de recursos entre quienes producen, comercializan e intermedian hasta que el producto llega a las manos de quien lo consume.

El consumo responsable propone incorporar esa información en las decisiones cotidianas. No se limita a preguntarse cuánto cuesta un producto o cuál resulta más conveniente, sino que también considera su procedencia, las condiciones en que fue elaborado, su impacto ambiental y la forma en que los ingresos se distribuyen a lo largo de la cadena productiva.

Para las mujeres, esta discusión tiene una dimensión particular. La autonomía económica continúa condicionada en América Latina y el Caribe por las desigualdades en el acceso al empleo, a los ingresos, a los activos y al financiamiento, junto con una distribución del trabajo doméstico y de cuidados que restringe el tiempo disponible para incorporarse al mercado laboral o para desarrollar actividades productivas. La CEPAL estima que las mujeres de la región dedican entre 22 y 42 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, casi tres veces más que los hombres.

Frente a estas condiciones, cooperativas, asociaciones, emprendimientos y otras formas de organización económica han permitido que grupos de mujeres produzcan, comercialicen y busquen mercados de manera conjunta. No todas funcionan bajo el mismo modelo ni garantizan automáticamente condiciones laborales justas, pero algunas experiencias muestran cómo la organización puede aumentar la participación femenina en las decisiones económicas y facilitar el acceso a ingresos propios.

Un estudio de la CEPAL sobre comercio justo analizó experiencias de pequeños productores en Chile, Guatemala y Nicaragua y encontró avances en la incorporación de estrategias destinadas a reducir las brechas de género en las organizaciones. Entre los casos estudiados se encuentran AGRONUEZ, en Chile; la Asociación Barillense de Agricultores, conocida como ASOBAGRI, en Guatemala; y PRODECOOP, en Nicaragua. El análisis identifica cambios relacionados con la participación de las mujeres en las estructuras organizativas, los procesos productivos y la comercialización.

El vínculo entre producción, organización y territorio también aparece en investigaciones más recientes. Un estudio publicado en 2026 por la CEPAL y la Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de Pequeños(as) Productores(as) y Trabajadores(as) de Comercio Justo recoge experiencias cooperativas de Colombia, República Dominicana, Brasil y Costa Rica y muestra cómo estas organizaciones pueden combinar la generación de ingresos con servicios para las familias y la permanencia de las actividades productivas en las comunidades.

Costa Rica también registra iniciativas orientadas a acercar estas formas de organización a mujeres que ya realizan actividades económicas. En julio de 2026, el Instituto Nacional de Fomento Cooperativo trabajó con grupos de emprendedoras de la Región Huetar Caribe para presentar el cooperativismo como una alternativa que les permitiera organizar sus actividades productivas y fortalecer sus capacidades empresariales.

La misma lógica adopta otras formas en las ciudades. Una publicación reciente de La Cadera de Eva, escrita por Wanda Pacheco, recopiló cinco iniciativas de consumo responsable en la Ciudad de México. Entre ellas se encuentra Las Panas, una panadería que combina la producción artesanal con acompañamiento psicológico y emocional, así como con acciones orientadas a la autonomía económica de mujeres y personas que han atravesado situaciones de violencia. 

Otro proyecto mexicano, La Cana, permite observar el consumo desde la perspectiva de la reinserción social. Productos tejidos por mujeres privadas de libertad se comercializan junto con artículos elaborados por otras poblaciones que enfrentan dificultades para incorporarse al mercado laboral. Leonas AC, por su parte, visibiliza a mujeres que encuentran en las ventas del Metro de la Ciudad de México una fuente de ingresos y que enfrentan estigmatización y persecución por desarrollar su actividad en el espacio público. 

Son experiencias diferentes, pero comparten una cuestión económica elemental: para que una actividad productiva genere ingresos, necesita encontrar a quien compre lo que produce.

Ahí aparece el papel del consumo. Preferir una cooperativa, una asociación local o un emprendimiento liderado por mujeres puede orientar recursos hacia circuitos económicos distintos de los convencionales. También puede reducir intermediaciones y dar mayor visibilidad a actividades que tienen dificultades para acceder a mercados más amplios.

Esto no significa que comprar un producto elaborado por una mujer constituya, por sí mismo, una acción de igualdad de género. Tampoco que todo emprendimiento femenino represente necesariamente una práctica de consumo responsable. Las condiciones de trabajo, la remuneración, la sostenibilidad ambiental, el origen de los insumos y la distribución de los beneficios siguen siendo criterios necesarios para valorar cada iniciativa.

La autonomía económica tampoco puede basarse en las decisiones individuales de quienes consumen. Requiere políticas de empleo, sistemas de cuidados, acceso al crédito, protección social, formación, mercados y condiciones que permitan a las mujeres participar en la economía en igualdad de condiciones. La CEPAL ha señalado precisamente que las políticas comerciales y productivas pueden contribuir a esa autonomía cuando incorporan deliberadamente la perspectiva de género y consideran las barreras que enfrentan las mujeres para acceder a los beneficios del comercio.

El consumo responsable actúa a una escala diferente. No sustituye esas transformaciones, pero permite reconocer que detrás de un producto hay personas, formas de organización y relaciones económicas. Preguntarse quién produjo, bajo qué condiciones y quién recibe el dinero puede modificar el destino de una compra cotidiana.

En una región donde muchas mujeres recurren al emprendimiento, a las cooperativas y a otras formas de organización para generar sus propios ingresos, apoyar esas redes también implica reconocer el valor económico de su trabajo. Comprar seguirá siendo un acto cotidiano, pero elegir a quién se compra puede ayudar a que los recursos circulen entre quienes producen, trabajan y buscan sostener su autonomía.

Referencias

Comisión Económica para América Latina y el Caribe. (2024). El comercio internacional como oportunidad para promover la autonomía económica de las mujeres: aportes para la reflexión en América Latina y el Caribe. CEPAL. https://www.cepal.org/es/publicaciones/80449-comercio-internacional-como-oportunidad-promover-la-autonomia-economica-mujeres

Comisión Económica para América Latina y el Caribe. (s. f.). Economía del cuidado para el desarrollo económico sostenible con igualdad de género en América Latina y el Caribe. CEPAL. https://www.cepal.org/es/proyectos/economia-cuidado-desarrollo-economico-sostenible-igualdad-genero-america-latina-caribe

Comisión Económica para América Latina y el Caribe y la Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de Pequeños(as) Productores(as) y Trabajadores(as) de Comercio Justo. (2026). Cooperativas latinoamericanas de comercio justo: Historias de resiliencia y sostenibilidad. CEPAL. https://www.cepal.org/es/publicaciones/86530-cooperativas-latinoamericanas-comercio-justo-historias-resiliencia

Instituto Nacional de Fomento Cooperativo. (2026, 6 de julio). INFOCOOP acerca el modelo cooperativo a mujeres emprendedoras y comunidades indígenas de la Región Huetar Caribe. https://www.infocoop.go.cr/INFOCOOP-acerca-el-modelo-cooperativo-a-mujeres-emprendedoras-y-comunidades-indigenas

Olmos, X. (2021). La superación de las brechas de género en el comercio justo: el caso de los pequeños productores de América Latina. Comisión Económica para América Latina y el Caribe. https://www.cepal.org/es/publicaciones/47452-la-superacion-brechas-genero-comercio-justo-caso-pequenos-productores-america

Pacheco, W. (2026, 29 de agosto). ¿Cansada del mismo consumo? 5 proyectos para comprar responsablemente. La Cadera de Eva. https://lacaderadeeva.com/actualidad/5-alternativas-de-consumo-responsable-y-feminista-en-cdmx-/17184