La crueldad hacia los animales en la infancia puede estar relacionada con experiencias de violencia y con los comportamientos que un niño observa en su entorno. La criminología propone atender estas conductas sin convertirlas en un pronóstico sobre su futuro.

Valery Contreras Steller*

 

Cuando un niño maltrata a un animal, la atención suele centrarse en la agresión y en la necesidad de proteger a la víctima. Ambas son respuestas necesarias, pero desde la criminología también interesa conocer qué ocurre en el entorno del menor y qué ha aprendido sobre el uso de la violencia.

Durante la infancia, los comportamientos se desarrollan mediante la observación, la interacción y las experiencias cotidianas. Los niños aprenden formas de relacionarse a partir de los modelos que encuentran en sus familias, escuelas y comunidades. Si presencian agresiones frecuentes, pueden incorporar la violencia como una manera de resolver conflictos, de imponer decisiones o de ejercer poder sobre los demás.

Esta relación ha sido estudiada en investigaciones sobre el maltrato animal y la violencia intrafamiliar. Cheryl Currie (2006) comparó a niños expuestos a la violencia doméstica con otros que no habían vivido esa experiencia y encontró una mayor frecuencia de crueldad hacia los animales en el primer grupo.

El resultado no significa que todo niño expuesto a la violencia vaya a maltratar animales, ni que todo menor que incurra en esa conducta haya presenciado agresiones en su hogar. La investigación permite identificar una asociación que merece atención, pero cada situación requiere conocer las circunstancias particulares.

Las revisiones de Longobardi y Badenes-Ribera (2019) y de Chan y Wong (2019) encontraron que la crueldad animal durante la infancia y la adolescencia puede coexistir con otras conductas violentas, experiencias de abuso y problemas de comportamiento. También documentaron investigaciones que relacionan la crueldad reiterada con un mayor riesgo de violencia interpersonal posterior. Ninguno de esos hallazgos permite prever el futuro de un niño a partir de un episodio aislado.

La violencia intrafamiliar adquiere especial relevancia cuando las personas menores presencian agresiones contra otras personas o animales. Observar cómo un adulto golpea, amenaza o humilla a otro integrante de la familia puede influir en la comprensión de las relaciones de ese individuo. Si además presencia maltrato hacia los animales del hogar, puede aprender que causar sufrimiento a alguien con menor capacidad de defensa es una conducta permitida o una forma de ejercer control.

El niño tampoco necesita ser quien agrede para resultar afectado. Presenciar la violencia contra un animal puede ser una experiencia perturbadora, especialmente cuando existe un vínculo afectivo con él o cuando la agresión forma parte de otras situaciones de intimidación en el hogar.

Por eso, ante un episodio de maltrato animal, la intervención debería considerar tanto la protección del animal como la situación del menor. Saber si ha presenciado violencia, si ha sido víctima de maltrato o si está reproduciendo comportamientos observados permite comprender mejor su conducta y determinar qué tipo de apoyo necesita.

La atención temprana evita que una señal de alerta se trate únicamente como un problema disciplinario. También permite identificar situaciones familiares o sociales que podrían estar afectando al niño y que requieren una intervención profesional.

Desde la criminología, el propósito no es identificar a un supuesto agresor futuro. Es comprender una conducta que puede estar relacionada con experiencias de violencia y actuar sobre las condiciones en las que se desarrolla. Proteger al animal y atender al menor son responsabilidades que pueden abordarse conjuntamente.

*Licenciada en Criminología – Creadora del programa «Dejando Huellas». Por un mundo sin violencia. 

Referencias

Chan, H. C. O., & Wong, R. W. Y. (2019). Childhood and adolescent animal cruelty and subsequent interpersonal violence in adulthood: A review of the literature. Aggression and Violent Behaviour, 48, 83–93. https://doi.org/10.1016/j.avb.2019.08.007

Currie, C. L. (2006). Animal cruelty by children exposed to domestic violence. Child Abuse & Neglect, 30(4), 425–435. https://doi.org/10.1016/j.chiabu.2005.10.014

Longobardi, C., & Badenes-Ribera, L. (2019). The relationship between animal cruelty in children and adolescents and interpersonal violence: A systematic review. Aggression and Violent Behaviour, 46, 201–211. https://doi.org/10.1016/j.avb.2018.09.001