Un estudio de la UNESCO IESALC en cuatro países latinoamericanos revela que las mujeres superan la mitad de la matrícula universitaria, pero representan menos del 27 % del alumnado en tecnología e ingeniería.
Las mujeres son mayoría en las aulas universitarias de muchas instituciones latinoamericanas, pero esa presencia cambia considerablemente al examinar las carreras que cursan. En una evaluación piloto realizada por UNESCO IESALC en 20 universidades de Argentina, Chile, Colombia y Perú, las estudiantes representaron el 53,1 % de la matrícula de grado y el 53,4 % de la de máster. En tecnología, su participación descendió al 26,7 %; en ingeniería, al 26,9 %.
Los resultados, divulgados en febrero de 2026 con motivo del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, muestran una desigualdad que las cifras generales de acceso a la universidad pueden ocultar. El estudio incluyó instituciones públicas y privadas seleccionadas y examinó la matrícula, las disciplinas académicas, los puestos docentes, las condiciones de empleo y el liderazgo. Sus resultados corresponden a esa muestra y no constituyen una estimación representativa de todas las universidades de América Latina.
La diferencia tampoco es la misma en todas las áreas científicas. Las mujeres representaron el 36,7 % de la matrícula en matemáticas y el 58,3 % en ciencias. Esta distribución obliga a distinguir entre las disciplinas agrupadas bajo la denominación STEM, que comprende ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Considerarlas como un conjunto uniforme puede ocultar situaciones muy distintas.
La concentración de mujeres y hombres en distintas áreas de estudio se denomina segregación horizontal. Tiene consecuencias potenciales para las trayectorias profesionales porque los títulos universitarios abren oportunidades en sectores económicos y ocupaciones diferentes. Sin embargo, los datos de matrícula no permiten determinar por sí solos cuánto ganarán las egresadas, qué proporción encontrará empleo ni cuáles abandonarán sus carreras.
El problema comienza antes de la universidad porque, según el Informe de seguimiento de la educación en el mundo sobre género de la UNESCO, publicado en 2024, examinó cómo la tecnología puede reproducir estereotipos y desigualdades educativas. Entre sus recomendaciones figura fortalecer las oportunidades para que las niñas desarrollen competencias matemáticas y científicas y puedan elegir estudios tecnológicos sin las restricciones asociadas a las expectativas de género.
La orientación vocacional ocupa un lugar importante en ese proceso, ya que las decisiones sobre una carrera se forman a partir de experiencias escolares, de la información disponible, de modelos profesionales cercanos y de expectativas familiares y sociales. Una estudiante puede contar con habilidades e interés por la ingeniería y, aun así, disponer de pocas oportunidades para conocer sus especialidades o conversar con mujeres que trabajan en ese campo.
La existencia de referentes femeninos no garantiza, por sí sola, una elección profesional distinta. Tampoco corresponde suponer que todas las mujeres deban cursar carreras tecnológicas. La igualdad educativa requiere que las decisiones se tomen con información suficiente, sin desestímulos por sexo y con posibilidades reales de acceder a la formación elegida.
La evaluación de la UNESCO IESALC también identificó dificultades en el liderazgo académico. Solo el 10 % de las instituciones consultadas manifestó estar totalmente de acuerdo en que las mujeres estaban adecuadamente representadas en puestos directivos. Además, el 70 % señaló como principal obstáculo para su participación en el liderazgo la percepción de que las mujeres son menos eficaces que los hombres en la gestión.
Estas respuestas describen percepciones institucionales recogidas en la evaluación, no una medición de las capacidades de las académicas. Su importancia radica en mostrar que las desigualdades pueden persistir tras concluir los estudios y al avanzar en la carrera universitaria.
En Costa Rica, una experiencia de formación profesional ofrece elementos para examinar las respuestas institucionales. La Organización Internacional del Trabajo publicó en abril de 2026 un análisis de las medidas adoptadas por el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) para reducir las brechas de género.
El documento, elaborado a partir de la experiencia institucional y de diagnósticos realizados en 2013 y 2024, señala que las mujeres representan más de la mitad de la matrícula del INA. Sin embargo, persisten diferencias en las áreas de formación y en las oportunidades de inserción laboral, asociadas a estereotipos ocupacionales y a la distribución desigual de las responsabilidades de cuidado.
Desde la adopción de su Política de Igualdad de Género en 2013, el INA ha desarrollado medidas de orientación vocacional, apoyos económicos, mecanismos de seguimiento y acciones para prevenir la violencia. La institución también ha promovido la participación femenina en especialidades técnicas y en STEAM, denominación que incorpora las artes a las disciplinas STEM.
La experiencia costarricense resulta pertinente porque permite observar que la matrícula es apenas una dimensión de la igualdad educativa. Las condiciones para permanecer en un programa, completar la formación y acceder posteriormente al empleo requieren atención específica. Una estudiante con responsabilidades de cuidado, por ejemplo, puede enfrentar obstáculos que no se resuelven únicamente con la apertura de nuevos cupos.
En 2026, el INA adoptó una nueva Política de Igualdad de Género para el período 2026-2037. Su implementación ofrecerá la oportunidad de examinar si las medidas institucionales logran reducir las diferencias entre áreas de formación y mejorar las trayectorias laborales de las egresadas.
Para las universidades, la evaluación de UNESCO IESALC plantea la necesidad de contar con información desagregada por sexo y por disciplina, además de datos sobre permanencia, graduación y participación en la docencia y en la dirección académica. Sin ese seguimiento, resulta difícil distinguir entre problemas de ingreso, dificultades durante los estudios y barreras posteriores.
También es necesario evitar que la responsabilidad del cambio recaiga exclusivamente sobre las estudiantes. La información vocacional, las condiciones de aprendizaje, la prevención del acoso, los apoyos para quienes cuidan y los procedimientos de contratación y promoción forman parte de las decisiones institucionales que pueden influir en sus oportunidades.
La evaluación de 2026 deja una constatación concreta y preocupante, pues una matrícula universitaria mayoritariamente femenina puede coexistir con una participación muy reducida en determinadas carreras. Comprender esa diferencia exige mirar dentro de las instituciones, identificar dónde se producen las brechas y evaluar qué medidas permiten a las mujeres estudiar y ejercer las profesiones que eligen.
Referencias
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. (2024). Informe de seguimiento de la educación en el mundo 2024, informe sobre género: La tecnología en los términos de ellas. https://www.unesco.org/gem-report/es/publication/2024-gender-report
Organización Internacional del Trabajo. (2026, 29 de abril). Cierre de brechas de género en la formación profesional: Buenas prácticas del Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) de Costa Rica. https://doi.org/10.54394/00034038
Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe. (2026, 11 de febrero). Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia: UNESCO IESALC advierte sobre la persistente brecha de género en los campos STEM de América Latina. https://www.iesalc.unesco.org/es/articles/dia-internacional-de-la-mujer-y-la-nina-en-la-ciencia-unesco-iesalc-advierte-sobre-la-persistente








