La OIT advierte de que la formación laboral de calidad beneficia especialmente a las mujeres, pero su acceso sigue condicionado por la informalidad, las responsabilidades de cuidado y las oportunidades educativas disponibles.

Para una mujer que dejó sus estudios hace veinte años, volver a un aula puede significar terminar la secundaria, obtener una certificación técnica o aprender a utilizar herramientas digitales necesarias para trabajar. La decisión, sin embargo, debe adaptarse a las horas de trabajo, las tareas domésticas, el cuidado de familiares y los costes de estudio. En esas condiciones, disponer de un curso no implica necesariamente poder asistir.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicó en mayo de 2026 un informe sobre el aprendizaje permanente en América Latina y el Caribe. El documento examina las competencias que requieren los mercados laborales ante los cambios tecnológicos, demográficos y ambientales y advierte de que el acceso a una formación de calidad sigue siendo desigual. Las personas con menor nivel educativo y quienes trabajan en la economía sumergida enfrentan mayores dificultades para acceder a oportunidades que conduzcan a cualificaciones reconocidas.

La situación cobra especial importancia para las mujeres adultas, ya que muchas de ellas han desarrollado habilidades mediante el trabajo remunerado, los emprendimientos familiares o las actividades de cuidado, pero no siempre cuentan con certificados que acrediten dichos conocimientos. Otras interrumpieron su educación por motivos económicos, por maternidad o por responsabilidades familiares y encuentran dificultades para reincorporarse al sistema educativo.

El informe regional de la OIT, elaborado por Hannah Liepmann, Ludovica Gerbino y Taehoon Lee, señala que los programas de formación bien diseñados pueden mejorar los resultados laborales, en particular entre las mujeres. Las evaluaciones analizadas muestran mejores resultados cuando la formación combina competencias diversas, responde a las necesidades del mercado laboral y permite obtener certificaciones reconocidas.

Este hallazgo requiere mayor precisión, porque matricularse en un curso no garantiza conseguir empleo ni aumentar los ingresos. Los resultados dependen de la calidad de la enseñanza, de las competencias adquiridas, de la demanda laboral y de las condiciones económicas de cada territorio. También importa que las personas puedan completar el programa y utilizar posteriormente lo aprendido.

La formación de personas adultas abarca necesidades diversas porque para una mujer que no ha terminado la educación básica requiere oportunidades distintas de las que necesita una trabajadora con experiencia administrativa que busca actualizar sus conocimientos digitales. Tampoco son equivalentes los programas dirigidos a quienes buscan empleo, a quienes desean cambiar de ocupación o a quienes necesitan mejorar la gestión de un pequeño negocio.

La UNESCO reconoce estas diferencias en su agenda de Educación para Personas Jóvenes y Adultas (EPJA), actualizada en junio de 2026. La organización señala que las políticas regionales enfrentan una baja prioridad institucional, desigualdades sociales y una oferta educativa que no siempre responde a las necesidades de la población. La educación a lo largo de la vida comprende tanto la formación básica como la formación profesional y otras oportunidades de participación social.

La edad puede convertirse en una barrera cuando los programas están diseñados principalmente para personas jóvenes. Horarios rígidos, modalidades exclusivamente presenciales o requisitos de acceso que no tienen en cuenta las trayectorias laborales previas dificultan el regreso de quienes llevan años fuera de las aulas. Las mujeres mayores de 40 años pueden enfrentarse a estas condiciones, aunque las fuentes examinadas no permiten establecer una tasa regional específica de exclusión para ese grupo.

Las responsabilidades de cuidado constituyen otro obstáculo. En septiembre de 2025, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) destacó que el mayor nivel de escolaridad alcanzado por las mujeres no se traduce necesariamente en una participación laboral equivalente a la de los hombres. Entre los factores que explican esa diferencia se encuentra la distribución desigual del trabajo doméstico y de los cuidados no remunerados.

La observación tiene consecuencias para las políticas de formación. Una mujer que cuida a una persona dependiente puede necesitar servicios de apoyo, horarios compatibles con sus responsabilidades o modalidades de aprendizaje flexibles. Sin esas condiciones, incluso una oferta gratuita puede quedar fuera de su alcance.

La CEPAL también ha señalado la importancia de la certificación de competencias laborales. El reconocimiento de los conocimientos adquiridos mediante la experiencia permite que las personas adultas acrediten capacidades sin tener que repetir íntegramente procesos de formación que ya dominan. Esta posibilidad resulta pertinente para trabajadoras con trayectorias extensas, especialmente en ocupaciones en las que el aprendizaje se da principalmente mediante la práctica.

El informe mundial de la OIT sobre aprendizaje permanente, también publicado en mayo de 2026, advierte de que buena parte del aprendizaje ocurre en el trabajo cotidiano y permanece fuera de los registros tradicionales de formación. Reconocer esas competencias puede facilitar el acceso a nuevas cualificaciones y oportunidades de movilidad laboral.

La actualización tecnológica plantea necesidades adicionales, ya que los programas de formación suelen centrarse en herramientas digitales, pero la OIT advierte de que los empleadores demandan combinaciones de competencias técnicas, cognitivas y socioemocionales. Saber utilizar una aplicación puede resultar insuficiente si el puesto también requiere comunicación, resolución de problemas, organización del trabajo y conocimientos específicos de una actividad económica.

Para las mujeres que desarrollan emprendimientos, la formación puede abarcar administración financiera, comercialización, atención al cliente, herramientas digitales y requisitos legales. Sin embargo, el aprendizaje debe estar relacionado con las características del negocio y con las posibilidades reales de comercialización. Formar a una emprendedora no resuelve automáticamente las dificultades de financiación, de acceso a mercados o de disponibilidad de tiempo.

La educación de adultos tampoco debería evaluarse exclusivamente por sus efectos económicos. Terminar los estudios puede ampliar las posibilidades de seguir aprendiendo, acceder a información, participar en decisiones comunitarias o realizar trámites de forma autónoma. Estos resultados forman parte del derecho a la educación, aunque requieren indicadores distintos de los utilizados para medir el empleo y los ingresos.

Los sistemas educativos necesitan saber quiénes acceden a los programas, cuántas personas los concluyen y qué sucede después. Los registros desagregados por sexo y edad permitirían identificar mejor las desigualdades de acceso, permanencia y finalización, así como evaluar si las modalidades de enseñanza responden a las condiciones de vida de las personas adultas. También sería necesario conocer las razones del abandono, la disponibilidad de apoyos para el cuidado y las posibilidades de reconocer competencias adquiridas fuera de la educación formal.

Para muchas mujeres, volver a estudiar exige reorganizar responsabilidades que no desaparecen al entrar en un aula. Las políticas de educación permanente deben considerar esas condiciones desde su diseño, mediante horarios accesibles, modalidades flexibles, certificaciones pertinentes y servicios de apoyo cuando sean necesarios. La oportunidad de retomar los estudios no debería depender exclusivamente del tiempo, los ingresos o las redes familiares de las que dispone cada persona. Garantizar ese acceso es parte de hacer efectivo el derecho a la educación durante toda la vida.

Referencias

Comisión Económica para América Latina y el Caribe. (2025, 30 de septiembre). CEPAL participó en el encuentro “Debes y Haberes: Empoderamiento Económico de las Mujeres en América Latina y el Caribe a 30 años de Beijing”, organizado por la CAF. https://www.cepal.org/es/notas/cepal-participo-encuentro-debes-haberes-empoderamiento-economico-mujeres-america-latina-caribe

Liepmann, H., Gerbino, L., & Lee, T. (2026). Aprendizaje permanente y competencias para el futuro: Enseñanzas para América Latina y el Caribe. Organización Internacional del Trabajo. https://doi.org/10.54394/00034368

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. (2026). Educación para personas jóvenes y adultas (EPJA) en América Latina y el Caribe. https://www.unesco.org/es/epja-america-latina-y-el-caribe

Organización Internacional del Trabajo. (2026). Aprendizaje permanente y competencias para el futuro. Serie El Mundo del Trabajo. https://doi.org/10.54394/00033013