Las estadísticas muestran avances moderados, pero también dejan claro que, al ritmo actual, muchos países tardarán décadas en cerrar por completo la brecha salarial de género.
A pesar de décadas de reivindicaciones, leyes de igualdad y campañas globales, la igualdad salarial entre hombres y mujeres sigue siendo un desafío persistente en el mundo laboral. Aunque algunas brechas se han ido reduciendo con el tiempo, las cifras más recientes revelan que aún queda mucho por hacer para lograr una remuneración y una participación económica verdaderamente equitativas.
La brecha salarial aún persiste
Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en 2023 la brecha salarial de género promedió alrededor del 11 %. Esto significa que, en promedio, una mujer que trabaja a tiempo completo gana 89 céntimos por cada dólar o euro que gana un hombre en el mismo puesto. Esta cifra ha mejorado desde 1995 —cuando la brecha era del 19%—, pero sigue siendo una diferencia significativa.
A nivel mundial, el valor total del ingreso laboral de las mujeres equivalía en 2025 a aproximadamente 52 centavos por cada dólar que recibían los hombres, lo que refleja las profundas desigualdades estructurales y las barreras al acceso a empleos bien remunerados y de calidad.
Informes nacionales también muestran disparidades que varían por sector: en
A pesar de las políticas de igualdad, la brecha salarial ha aumentado entre 0,1 y 3,7 puntos porcentuales en Eslovenia, Letonia, Polonia, Malta, Suiza y Lituania. Estonia registra una de las más altas tasas (20,5 %).
España, por ejemplo, en el último estudio señala que la brecha salarial creció hasta 12,9 %, revirtiendo años de mejora en algunos casos y evidenciando que la presencia creciente de mujeres en posiciones directivas no necesariamente se traduce en igualdad salarial.
Corea del Sur lidera con una brecha superior al 30%, seguido de cerca por India, Rusia (afectada por la demanda laboral en la industria de defensa) y Japón.
En América Latina, México se destaca por tener una de las brechas salariales más profundas (las mujeres ganan en promedio un 46% del salario de los hombres). Otros países con una brecha elevada incluyen Brasil, Chile, Colombia y Perú.
Impactos económicos de la desigualdad de género
Las consecuencias de la brecha salarial no son solo un problema individual, sino también macroeconómico. Estudios internacionales, como uno de Moody’s Analytics, estiman que acortar las brechas de participación laboral y salarial entre hombres y mujeres podría aumentar la actividad económica global en aproximadamente 7 %, o cerca de 7 billones de dólares al año. Esto se lograría al permitir que más mujeres accedan a empleos productivos y bien remunerados.
Además de salarios más bajos, las mujeres enfrentan desigualdades en el acceso a la protección social, a los servicios financieros y a las oportunidades de liderazgo, factores que limitan su empoderamiento económico y su capacidad para acumular ingresos y riqueza a lo largo de la vida.
Barreras estructurales que frenan la igualdad
La persistencia de la brecha salarial responde a múltiples factores:
- Segmentación profesional: muchas mujeres están sobrerrepresentadas en sectores de menor remuneración y subrepresentadas en áreas técnicas o gerenciales de alta remuneración.
- Trabajo no remunerado: el cuidado familiar y las labores domésticas, que recaen mayoritariamente en las mujeres, afectan su disponibilidad para empleos más estables y mejor pagados.
- Discriminación y sesgos en la promoción: aunque las mujeres adquieren títulos superiores en números comparables o superiores a los de los hombres en muchos lugares, su promoción a puestos directivos y mejor remunerados es más lenta.
Empoderamiento económico: más que salarios justos
Alcanzar la igualdad salarial también influye directamente en el empoderamiento económico, es decir, en la capacidad de tomar decisiones económicas, acceder a recursos, participar en los mercados y generar autonomía financiera. En este sentido:
- La participación de las mujeres en la fuerza laboral está aumentando, aunque aún persiste una brecha con respecto a los hombres.
- La inclusión financiera —como el acceso a cuentas bancarias y servicios de crédito— ha mejorado, pero persisten diferencias, especialmente en economías en desarrollo.
- El acceso de las mujeres a la educación superior y a la capacitación técnica ha crecido en muchos países, pero su traducción en oportunidades de liderazgo económico sigue siendo desigual.
El camino hacia adelante
Las estadísticas muestran avances moderados. Sin embargo, también dejan claro que, al ritmo actual, muchos países tardarán décadas en cerrar por completo la brecha salarial de género. Varios estudios indican que se necesitarían más de 50 años para lograr la igualdad salarial total en los países de la OCDE si no se aceleran las políticas públicas y empresariales de género.
La igualdad salarial no es solo una cuestión de justicia laboral, sino también un motor para sociedades más prósperas y equitativas. Para lograrla, expertos recomiendan combinar medidas de transparencia salarial, políticas de conciliación laboral y familiar, educación técnica y profesional y reformas que permitan a las mujeres avanzar en sus carreras sin penalizaciones por sus roles familiares.








