Defender un río, conservar una semilla, acompañar un parto, enseñar una lengua o impedir que una empresa intervenga en un bosque son acciones que forman parte de una misma defensa de la vida para numerosos pueblos indígenas de América Latina. Este 9 de agosto, sus organizaciones y lideresas recuerdan que sus territorios no son únicamente espacios que deben protegerse, sino lugares desde donde se producen conocimientos, se construyen formas de gobierno y se ejerce el derecho a decidir sobre el presente y el futuro de sus comunidades.

Cuando Nemonte Nenquimo habla de la Amazonía ecuatoriana, no lo hace como observadora del bosque. Habla como mujer waorani, desde un territorio donde la vida de su pueblo está vinculada a los ríos, los árboles, los animales y los conocimientos transmitidos de generación en generación. En 2019, la organización que entonces presidía obtuvo una histórica victoria judicial que protegió alrededor de 200.000 hectáreas de territorio amazónico frente a una licitación petrolera.

Nenquimo ha insistido desde entonces en una cuestión que atraviesa buena parte de las luchas indígenas contemporáneas: las decisiones sobre los territorios no pueden seguir tomándose sin quienes los habitan. En vísperas del Día Internacional de los Pueblos Indígenas de 2026, volvió a defender la participación directa de estos pueblos en las respuestas a la crisis climática y cuestionó que una parte mínima de los recursos internacionales destinados a la conservación llegara a sus comunidades.

Su planteamiento encuentra respaldo en investigaciones recientes. Un estudio publicado en 2026 en Humanities and Social Sciences Communications analizó conocimientos y prácticas indígenas relacionados con la adaptación al cambio climático y destacó la importancia de estos sistemas para la conservación de los ecosistemas y la biodiversidad. Las tierras indígenas y comunitarias concentran aproximadamente un tercio del carbono irrecuperable del planeta, aunque el reconocimiento de los conocimientos que han permitido conservar esos territorios sigue siendo insuficiente en gran parte de la investigación científica.

En América Latina, esa relación entre territorio y conocimiento tiene una dimensión profundamente femenina. Las mujeres participan en la conservación de semillas, en prácticas agrícolas, en medicina tradicional, en la transmisión lingüística, en la alimentación, en los cuidados y en la organización comunitaria. También están presentes en las luchas por el agua, la tierra y los derechos colectivos, aunque su participación política no siempre recibe el mismo reconocimiento.

La Red de Mujeres Indígenas sobre Biodiversidad de América Latina y el Caribe trabaja precisamente en esa relación. Su agenda reúne biodiversidad, soberanía alimentaria, conocimientos tradicionales, derechos colectivos y la participación de las mujeres indígenas. Desde esta perspectiva, conservar una semilla no constituye una práctica pintoresca ni una costumbre detenida en el tiempo. Puede significar conservar la autonomía alimentaria, el conocimiento agrícola y la relación comunitaria con el territorio, desarrollados a lo largo de generaciones.

Algo semejante ocurre con la partería indígena, escogida este año como uno de los ejes de la conmemoración internacional. Martha Arotingo, partera kichwa de Ecuador con más de veinte años de experiencia, explica que su trabajo no comienza ni termina con el nacimiento. Una partera también participa en la transmisión de la lengua, de la memoria, de la relación con el territorio y de las formas propias de cuidar la vida.

Su explicación resulta especialmente importante porque evita reducir estos conocimientos a una mera colección de tradiciones ancestrales. Arotingo pide hablar de los sistemas de conocimiento indígena y de los sistemas de salud ancestral, en lugar de calificarlos simplemente como creencias. También advierte contra una representación individualizada de las parteras como heroínas excepcionales, pues su labor cobra sentido en estructuras comunitarias, culturales y espirituales.

La experiencia de las mujeres permite comprender, además, que la defensa de los pueblos indígenas no puede separarse de las desigualdades de género. Una mujer indígena puede enfrentar discriminación por ser mujer, por su origen étnico, por hablar una lengua originaria, por vivir en un territorio rural o por defender los recursos naturales frente a intereses económicos. Cuando llega a espacios políticos o institucionales, esas condiciones no desaparecen.

Por eso, las organizaciones de mujeres indígenas latinoamericanas han ampliado progresivamente sus agendas. Ya no reclaman únicamente ser reconocidas en sus comunidades o incorporadas a políticas diseñadas desde fuera. Reivindican participación en las decisiones sobre biodiversidad, cambio climático, salud, educación, economía, violencia y propiedad de la tierra, así como el derecho de sus pueblos a la libre determinación.

Ese cambio también obliga a revisar la forma en que se cuenta su historia. Durante mucho tiempo, los pueblos indígenas fueron representados desde dos extremos igualmente limitados: como poblaciones pobres, necesitadas de asistencia, o como guardianes casi míticos de una naturaleza intacta. Ambas imágenes pueden terminar por ocultar algo elemental. Son sociedades contemporáneas, con organizaciones políticas, conflictos internos, profesionales, jóvenes, movimientos de mujeres, debates sobre identidad y maneras propias de responder a problemas actuales.

Las mujeres indígenas tampoco constituyen un grupo homogéneo. Las experiencias de una mujer kichwa de los Andes, una maya de Guatemala, una bribri de Costa Rica o una waorani de la Amazonía ecuatoriana responden a historias, lenguas y estructuras comunitarias distintas. Reconocer esa diversidad evita convertir la identidad indígena en una categoría única construida desde fuera.

También permite comprender por qué el territorio aparece tantas veces en sus reivindicaciones. Para numerosos pueblos, perderlo no significa únicamente perder una propiedad. Puede implicar la ruptura de sistemas alimentarios, conocimientos medicinales, prácticas espirituales, redes comunitarias y formas de transmisión cultural que dependen de una relación concreta con la tierra y los ecosistemas.

El 9 de agosto fue establecido por las Naciones Unidas como Día Internacional de los Pueblos Indígenas y, en 2026, se dedicará especial atención a las parteras indígenas. La fecha puede contribuir a visibilizar sus luchas, pero ninguna efeméride sustituye el reconocimiento efectivo de sus derechos durante el resto del año.

En las comunidades, esa historia continúa escribiéndose todos los días. Está en las mujeres que enseñan una lengua a sus hijas e hijos, en quienes conservan semillas, atienden nacimientos, organizan comunidades o enfrentan proyectos que amenazan sus territorios. También está en quienes estudian en universidades, utilizan tecnologías, ocupan cargos públicos y construyen nuevas formas de ejercer su identidad sin desprenderse de aquello que heredaron.

Escucharlas exige algo más que simplemente invitarlas a contar sus experiencias. Supone reconocer que poseen conocimientos y capacidad política para intervenir en las decisiones que afectan sus vidas. Después de siglos en los que buena parte de su historia fue escrita desde fuera, los pueblos indígenas llevan tiempo diciendo quiénes son, qué defienden y qué futuro quieren construir. La tarea pendiente es que no tengan que seguir elevando la voz para ser escuchados.

Referencias

Naciones Unidas. (2026). Día Internacional de los Pueblos Indígenas. https://www.un.org/es/observances/indigenous-day

Red de Mujeres Indígenas sobre Biodiversidad de América Latina y el Caribe. (s. f.). Red de Mujeres Indígenas sobre Biodiversidad de América Latina y el Caribe. https://rmib-lac.org/

Sangat, S. S., Cerda, J., Pastor, C., Tabangay, J., Toirai, E., et al. (2026). Indigenous Peoples’ knowledge systems and practices for climate survival. Humanities and Social Sciences Communications, 13, 768. https://www.nature.com/articles/s41599-026-07434-2

UNESCO. (2026, 7 de agosto). Más allá del parto: Cómo los medios de comunicación pueden contar las historias de las parteras indígenas. https://www.unesco.org/es/articles/mas-alla-del-parto-como-los-medios-de-comunicacion-pueden-contar-las-historias-de-las-parteras