La inteligencia artificial permite crear en segundos imágenes sexuales falsas a partir de una fotografía real. UNICEF estima que al menos 1,2 millones de niñas y niños de 11 países fueron afectados en un año por deepfakes sexualmente explícitos. Brasil, Colombia, República Dominicana y México forman parte de la investigación que comienza a mostrar la magnitud del problema en América Latina.
Una fotografía publicada en una red social puede bastar. Las herramientas de inteligencia artificial permiten modificarla, retirar artificialmente la ropa, colocar el rostro de una persona sobre otro cuerpo o producir una escena sexual que nunca ocurrió.
Cuando la víctima es una niña o una adolescente, la discusión sobre si la imagen es verdadera pierde buena parte de su sentido. La escena puede ser falsa; la persona utilizada para construirla existe y las consecuencias también.
UNICEF alertó en febrero de 2026 sobre el rápido crecimiento de las imágenes de niñas y niños generadas o manipuladas con inteligencia artificial.
Los primeros resultados de la segunda fase del proyecto internacional Disrupting Harm, desarrollado por UNICEF Innocenti, ECPAT International e INTERPOL, estiman que al menos 1,2 millones de niñas y niños de 11 países fueron afectados durante un año por la manipulación de sus imágenes para producir deepfakes sexualmente explícitos. En algunos de los países estudiados, la incidencia equivale aproximadamente a uno de cada 25 menores.
La investigación incluye Brasil, Colombia, República Dominicana y México, lo que permite observar el fenómeno desde América Latina y no únicamente a partir de casos ocurridos en Estados Unidos o en Europa.
Los resultados nacionales muestran un entorno digital en el que la violencia sexual adopta diversas formas. En Colombia, más de uno de cada cinco niños, niñas y adolescentes —el 21 %— experimentó alguna forma de explotación o abuso sexual facilitado por tecnologías digitales en un solo año. UNICEF señala que las niñas presentan un mayor riesgo, aunque advierte que la violencia contra los niños puede permanecer más oculta.
Brasil presenta una dimensión similar. El informe publicado en marzo de 2026 estimó que el 19 % de las personas de 12 a 17 años encuestadas había sufrido explotación o abuso sexual facilitado por la tecnología durante el año anterior, lo que equivale a cerca de tres millones de niñas, niños y adolescentes.
Los deepfakes sexuales introducen una dificultad que las legislaciones tradicionales no siempre contemplaron. Buena parte de las normas sobre la difusión no consentida de imágenes íntimas fueron diseñadas para fotografías o vídeos auténticos. La inteligencia artificial permite ahora fabricar contenido sin que la víctima se haya desnudado, haya participado en una relación sexual o haya producido jamás una imagen íntima.
El consentimiento sigue siendo el elemento ausente. En el caso de una persona menor de edad, existe, además, una obligación reforzada de protección. UNICEF sostiene que las imágenes sexualizadas de niñas y niños, creadas o manipuladas mediante inteligencia artificial, deben ser tratadas como material de abuso sexual infantil y ha pedido a los gobiernos que amplíen las definiciones legales para abarcar su creación, adquisición, posesión y distribución.
La vulnerabilidad de niñas y adolescentes merece una atención particular. La violencia sexual digital no surge en un vacío: se desarrolla en sociedades donde sus cuerpos ya son objeto de sexualización, acoso y control. Una herramienta capaz de fabricar desnudos o escenas sexuales introduce una nueva forma de ejercer esas violencias sin necesidad de acceder físicamente al cuerpo de la víctima.
También puede utilizarse en las relaciones entre adolescentes. Una fotografía de una compañera de colegio puede convertirse en un desnudo falso y circular entre estudiantes, en grupos de mensajería o en redes sociales. La facilidad tecnológica reduce drásticamente el conocimiento necesario para producir el contenido y multiplica las posibilidades de difusión.
Las consecuencias pueden desaparecer rápidamente del espacio digital. El informe colombiano de Disrupting Harm advierte que la separación entre la violencia en línea y la fuera de línea es cada vez menos clara: un abuso puede comenzar en internet y derivar en extorsión, en encuentros presenciales o en nuevas formas de explotación.
Otro dato cuestiona la idea de un desconocido que acecha desde una pantalla. En Colombia, la mitad de los casos estudiados involucró a personas conocidas por las víctimas; en Brasil ocurrió en cerca del 49 %. Prevenir exige, por tanto, mirar también las relaciones entre pares, familiares, amistades y personas del entorno cotidiano.
La respuesta tampoco puede basarse únicamente en advertir a las niñas de que cuiden las fotografías que publican. Una menor no pierde el derecho sobre su imagen solo porque tenga una cuenta en una red social. Trasladarle la responsabilidad significaría adaptar una vieja forma de culpar a las víctimas a una nueva tecnología.
Las obligaciones alcanzan a los Estados, así como a los desarrolladores de inteligencia artificial y a las plataformas digitales. UNICEF reclama herramientas diseñadas con barreras que impidan la generación de este material, sistemas capaces de detectarlo y mecanismos para evitar su circulación antes de que una víctima tenga que encontrarlo y denunciarlo.
La Convención sobre los Derechos del Niño obliga a los Estados a proteger a la infancia frente a todas las formas de explotación y abuso sexual. El entorno en el que ocurre la violencia ha cambiado; la obligación de protección permanece.
América Latina tiene ahora evidencia propia para comenzar a medir un fenómeno que avanza más rápido que muchas de sus leyes. Las imágenes generadas por inteligencia artificial pueden no documentar un acto sexual que realmente ocurrió. Cuando utilizan el rostro, el cuerpo o la identidad de una niña para convertirla en un objeto sexual, lo que producen no es una ficción inocua.
Referencias
Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. (2026, febrero). Artificial intelligence and sexual abuse and exploitation. UNICEF. https://www.unicef.org/reports/artificial- intelligence-and-child-sexual-abuse-and-exploitation
Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. (2026, 4 de febrero). Los abusos cometidos mediante deepfake siguen siendo abusos. UNICEF América Latina y el Caribe.
https://www.unicef.org/lac/comunicados-prensa/los-abusos-cometidos-mediante- deepfake-siguen-siendo-abusos
Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. (2026, marzo). Disrupting Harm in Brazil: Enfrentando a violência sexual contra crianças facilitada pela tecnologia. UNICEF Brasil. https://www.unicef.org/brazil/innocenti/relatorios/disrupting-harm-brazil-2026
Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. (2026, mayo). Disrupting Harm: Explotación y abuso sexual de niñas, niños y adolescentes facilitados por la tecnología en Colombia. UNICEF Colombia. https://www.unicef.org/colombia/informes/dirsupting-harm
Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y la Organización Panamericana de la Salud. (2026, enero). Violencia contra niñas, niños y adolescentes en América Latina y el Caribe:
Nuevos datos y soluciones. UNICEF. https://www.unicef.org/lac/informes/violencia-ninas-ninos-adolescentes-america-latina-caribe-nuevos-datos-soluciones
UNICEF Office of Strategy and Evidence – Innocenti. (2026, junio). Snapshot of AI usage and concerns among children and parents. UNICEF Innocenti. https://www.unicef.org/innocenti/documents/snapshot-ai-usage-among-children-parent








