Costa Rica inició una nueva etapa política con el traspaso de poderes que convirtió a Laura Fernández en la presidenta número 50 de la República.

En un acto marcado por la continuidad del proyecto político impulsado durante los últimos cuatro años, Fernández asumió el mandato con un discurso centrado en el cambio, la eficiencia institucional y la lucha contra la criminalidad. Además, prometió profundizar en una nueva forma de hacer política basada —según sus palabras— en resultados concretos y en la rendición de cuentas.

Desde el inicio de su intervención, la nueva mandataria planteó una narrativa de continuidad política y de transformación estatal. Se definió como “heredera del cambio” y sostuvo que el país decidió “no volver atrás”, en alusión al respaldo ciudadano obtenido en las urnas. El discurso estuvo atravesado por una idea central: la necesidad de reformar profundamente las instituciones públicas, recuperar la confianza ciudadana y fortalecer la autoridad del Estado frente al crimen organizado y la inseguridad.

El eje más sólido de su mensaje fue, precisamente, la seguridad. Fernández anunció la inauguración de una megacárcel, el fortalecimiento de los sistemas de vigilancia policial y una estrategia de “mano dura” contra el narcotráfico y la delincuencia. Además, cuestionó la liberación de delincuentes peligrosos y afirmó que no “temblará su pulso” para enfrentar al crimen organizado. En esa línea, convocó a policías, jueces y diputados a trabajar conjuntamente para recuperar la paz y la seguridad ciudadana.

Junto con la agenda de seguridad, la presidenta también planteó como prioridades la modernización del Estado y la infraestructura pública. Entre los anuncios destacó la revisión de la estructura institucional del país, actualmente conformada por más de 300 entidades públicas, así como el impulso de proyectos estratégicos como el tren rápido de pasajeros, la carretera a San Carlos, la conclusión de la ruta 32 y el tramo Limonal- Barranca. Asimismo, defendió la necesidad de impulsar jornadas laborales más flexibles para promover el empleo y el crecimiento económico.En el plano internacional, Fernández reafirmó que Costa Rica mantendrá una posición de defensa de la democracia, la paz y los derechos humanos y, además, apostará por la apertura de mercados y el fortalecimiento de las alianzas internacionales.

Aunque el discurso tuvo una intensa carga simbólica al tratarse de una mujer que alcanzaba la presidencia de la República, los temas específicos relativos a los derechos de las mujeres no ocuparon un lugar central en las propuestas concretas del nuevo gobierno.

Fernández sí reivindicó su identidad como “madre, mujer de familia y servidora pública” y aseguró que gobernaría para “las mujeres, los niños, las comunidades indígenas y afrodecencientes”. Sin embargo, no desarrolló medidas específicas sobre femicidios, violencia doméstica, brechas salariales, sistemas de cuidados, participación política de las mujeres ni políticas de igualdad de género.

Ese vacío no implica necesariamente la ausencia de agenda futura, pero sí deja planteados algunos de los grandes retos que acompañarán el inicio de su administración. Costa Rica enfrenta actualmente desafíos crecientes vinculados a la violencia contra las mujeres, la inseguridad, las desigualdades económicas y las demandas de una mayor protección social. En ese contexto, uno de los desafíos del nuevo gobierno será integrar la agenda de seguridad con políticas preventivas y sociales capaces de atender las múltiples formas de violencia que afectan especialmente a mujeres, niñas y poblaciones vulnerables.

Otro reto importante estará relacionado con las reformas laborales y económicas anunciadas. La discusión sobre jornadas flexibles, empleo y productividad inevitablemente abrirá debates sobre la conciliación familiar, el trabajo de cuidados y las condiciones laborales de las mujeres, en particular en sectores históricamente precarizados.

El discurso inaugural de Laura Fernández dejó clara una hoja de ruta basada en la autoridad, la eficiencia institucional y la continuidad política. La seguridad pública se consolidó como la principal bandera de su mandato, acompañada de promesas de modernización estatal y de infraestructura.

Al mismo tiempo, el inicio de esta nueva administración abre expectativas sobre cómo se incorporarán, en la práctica, al ámbito gubernamental, temas fundamentales como la protección de los derechos de las mujeres, la prevención de las violencias y la construcción de una sociedad más igualitaria. Todo ello marcará una parte significativa del debate político y social de los próximos años en Costa Rica.

El discurso de la presidenta Laura Fernández en cinco frases:

1. “Costa Rica abrió los ojos.”

Con esta frase, la presidenta sintetizó la idea de continuidad política y de ruptura con el pasado institucional y partidario que criticó durante buena parte de su intervención.

2. “Soy la heredera de ese cambio.”

Fernández asumió explícitamente la continuidad del proyecto político anterior y se presentó como la encargada de profundizar esa transformación en una nueva etapa de gobierno.

3.“Estamos a las puertas de construir una tercera república.”

Fue una de las expresiones más ambiciosas y simbólicas del discurso, al plantear una reforma profunda del Estado y de la institucionalidad costarricense.

4. “No me temblará el pulso para enfrentar al crimen organizado.”

La frase consolidó el tono de firmeza y mano dura que atravesó toda la intervención presidencial en materia de seguridad pública.

5.”Y en mí tendrán a una presidenta que no va a aflojar.”

Con esta afirmación, cerró el discurso, retomando una de las consignas políticas más repetidas durante la campaña y reforzando una imagen de determinación y continuidad.

Referencia:

Fernández D., Laura. (8 de mayo de 2026). Primer discurso de Laura Fernández como

presidenta. https://www.nacion.com/opinion/foros/lea-aqui-completo-el-primer-

discurso-de-laura/EJEDP33YTZBPZHJMT3YASK7M7Y/story