Claudia Dobles y Abril Gordienko llegan al Congreso 2026-2030 como fracciones unipersonales. Dos trayectorias, dos mandatos y una misma condición: ejercer poder en minoría en un escenario dominado por el oficialismo.
La nueva Asamblea Legislativa no solo inaugura una mayoría histórica femenina, sino que también tendrá el desafío crucial de redefinir el lugar de las minorías políticas, especialmente el de las mujeres. En ese mapa, dos diputadas destacan por su condición singular: Claudia Dobles Camargo y Abril Gordienko López, ambas de fracciones unipersonales. Su presencia es marginal en términos numéricos y políticamente retadora.
En el caso de Claudia Dobles, su figura llega precedida de una alta exposición pública y de una trayectoria vinculada a políticas urbanas, de movilidad y de planificación. Su candidatura —y ahora su curul— no es neutra porque representa una continuidad crítica de una visión de Estado cuestionada por el oficialismo desde 2022. Esa condición la sitúa en una posición particular. No es una diputada más, sino una figura que encarna una narrativa alternativa del país y simboliza un periodo particular del gobierno del PAC (2014-2022). Esto explica, en parte, por qué su presencia genera fricción política incluso antes de asumir funciones.
La agenda de Claudia ha girado en torno a la sostenibilidad, el espacio público, la movilidad y el desarrollo urbano, pero su rol en la Asamblea probablemente trascienda lo técnico, ya que los ataques contra ella ya se han iniciado. Se presenta como una voz de control político y de enfrentamiento verbal contra el gobierno, con un enfoque progresista en los derechos humanos, centrado en la educación y en políticas sociales inclusivas y justas.
Abril Gordienko, en cambio, representará otro tipo de gestión parlamentaria. Su elección se da en el contexto de un partido, la Unidad Social Cristiana, señalado por sectores críticos como cercano al oficialismo en momentos clave del periodo anterior. Su llegada como fracción unipersonal, la enfrenta al reto de reconstruir su identidad política y demostrar su capacidad de incidencia desde una posición minoritaria. Podrá tomar como guía la gestión de la diputada Vanessa Castro y sus lecciones de resiliencia, o quedarse en el limbo de las indefiniciones en el que han estado otras figuras de su fracción. El desafío será convertir esa discreción en una capacidad de negociación visible.
A diferencia de Dobles, el perfil público de Gordienko ha sido más discreto, con menor exposición mediática, lo que incrementa la exigencia sobre su gestión legislativa. Sin embargo, ha incidido en la agenda pública y ha demostrado solvencia profesional en diversos ámbitos. Se espera coherencia, definición ideológica y capacidad para marcar distancia del oficialismo cuando sea necesario. Su discurso es claro y coherente con la visión de su partido, y se perfila como una voz capaz de transmitir mensajes firmes a la sociedad y a sus votantes, lo que indica que no será una diputada decorativa, sino una diputada clara, profesional y confrontativa.
Ambas comparten una condición estructural sin precedentes: ser mujeres en minoría dentro de un Congreso donde, paradójicamente, hay mayoría femenina, pero también una considerable concentración de poder en los bloques partidarios conservadores. Esa combinación cambia la forma de hacer política, ya que no basta con tener un puesto. En sus situaciones específicas, necesitarán generar impacto sin una estructura, sin un grupo político y sin un respaldo interno que las apoyen cuando los ataques personales y políticos se intensifiquen en su contra.
Aquí aparece un elemento clave: la diferencia entre la representación y el poder real será más que justa y necesaria. Ni Dobles ni Gordienko tienen, en principio, la capacidad numérica para imponer la agenda. Su margen de acción dependerá de su capacidad de articulación, negociación y visibilidad pública, además de tender puentes con Liberación Nacional y Frente Amplio. En el caso de Dobles, esa visibilidad y posibles alianzas ya están instaladas por su trayectoria política en el gobierno 2018-2022; en el de Gordienko, estarán por construirse a la luz de una agenda de partido y de su capacidad para negociar acuerdos de alto nivel.
Ser minoría en política siempre ha sido una desventaja. Ser mujer y minoría en una asamblea oficialista es, además, una prueba de carácter político, dignidad y profesionalismo a los más altos niveles de exigencia. Ambas tienen el talante para cumplir esas exigencias de manera solvente.
Claudia Dobles y Abril Gordienko llegan con mandatos distintos, pero igualmente desafiantes y complementarios. Claudia busca incomodar con el control político. Abril quiere marcar distancia y construir acuerdos estratégicos. Lo que está en juego no es solo su desempeño individual, pues ambas llegan por sus propios méritos y trayectorias, sin padrinazgos ni agendas ocultas; también entran en escena con la posibilidad y el gran reto de demostrar que, incluso sin números a su favor, es posible ejercer poder en favor de quienes depositan sus esperanzas en su gestión parlamentaria.








