Descansar, confiar en las propias decisiones y mantener los valores personales forman parte de los aprendizajes que algunas empresarias reconocidas atribuyen a sus trayectorias. Para millones de mujeres, sin embargo, emprender también significa hacerlo con menos acceso a la financiación y con muchas más horas de trabajo doméstico y de cuidados.
Dormir mejor, reservar tiempo para descansar, mantener el optimismo o confiar en la intuición pueden contribuir al bienestar y a la forma de dirigir una empresa. Melanie Perkins, Mary Kay Ash y la mexicana Marisa Lazo han hablado, desde experiencias muy distintas, de algunos de esos aprendizajes. La periodista Andrea Salvador Pérez las reunió en El Economista para mostrar cómo las tres empresarias han enfrentado distintos momentos de sus carreras.
Sus experiencias son interesantes, pero por sí mismas no explican qué significa emprender siendo mujer. Veamos algunos datos muy reveladores.
En México, el 25 % de las empresas fueron fundadas exclusivamente por mujeres, de acuerdo con la Radiografía del Emprendimiento en México: edición Mujeres de la Asociación de Emprendedores de México (ASEM). La misma investigación ha identificado dificultades relacionadas con la financiación, la disponibilidad de tiempo, la formalización y el acceso a la tecnología.
Mirar esos datos cambia la perspectiva del análisis porque el desarrollo de una empresa depende de capacidades personales, pero también del capital disponible, de las redes comerciales, del acceso a la tecnología, del tamaño del mercado y del tiempo que una persona puede dedicar al negocio.
Este último recurso continúa distribuyéndose de manera muy desigual entre mujeres y hombres. Según la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), las mujeres dedicaron un promedio de 39,7 horas semanales al trabajo doméstico, de cuidados, comunitario y voluntario no remunerado. Los hombres destinaron 18,2 horas. La diferencia fue de 21,5 horas semanales.
Las mujeres también dedicaron menos tiempo al trabajo de mercado: 42,2 horas semanales frente a 51,3 horas semanales de los hombres. La jornada no termina cuando una empresaria cierra el negocio, apaga la computadora o abandona su lugar de trabajo. Para muchas, continúa en el hogar.
La diferencia permite entender por qué hablar de organización personal o de administración del tiempo requiere una perspectiva de género. Una agenda puede organizarse mejor, pero no puede crear las horas necesarias para una distribución desigual de las responsabilidades domésticas y de cuidado.
El acceso al dinero muestra otra brecha que se debe abordar porque como lo determina la Encuesta Nacional de Financiamiento de las Empresas (ENAFIN) 2024 encontró que el 46,1 % de las empresas donde una mujer era dueña o socia mayoritaria había solicitado financiamiento desde el inicio de sus operaciones y el 42,3 % lo había obtenido alguna vez. Entre las empresas con un hombre como dueño o socio mayoritario, los porcentajes alcanzaron el 51,6 % y el 47,4 %, respectivamente.
Los datos de ASEM permiten observar otras diferencias, ya que la organización ha documentado que las empresas fundadas por mujeres enfrentan problemas de liquidez y de financiación, y que su presencia disminuye considerablemente en sectores como la informática y la tecnología. En la edición de 2023 de su investigación, las empresas fundadas exclusivamente por mujeres representaban apenas el 0,8 % de las empresas de informática y tecnología incluidas en el estudio, frente al 16 % de las fundadas por hombres.
Las diferencias también se observaban en los niveles de facturación. Entre las empresas que superaban los 50 millones de pesos mexicanos anuales, ASEM registró una proporción del 5,1 % de las fundadas por hombres y del 1,3 % de las fundadas por mujeres.
Estos resultados no invalidan la importancia de las decisiones personales. Permiten situarlas en un contexto ajeno a la romantización del trabajo femenino.
Melanie Perkins, cofundadora y directora ejecutiva de Canva, ha explicado que, en una etapa de su carrera, trabajaba los siete días de la semana y que posteriormente incorporó descansos y caminatas a su rutina. La experiencia cuestiona una cultura empresarial que suele confundir las jornadas interminables con la productividad.
Mary Kay Ash llegó al emprendimiento tras experimentar barreras para avanzar profesionalmente en una estructura empresarial dominada por hombres. Su historia pertenece, además, a otro momento histórico: fundó Mary Kay Cosmetics en Estados Unidos en 1963, cuando las posibilidades profesionales disponibles para las mujeres eran considerablemente más restringidas.
Marisa Lazo aporta una experiencia latinoamericana contemporánea. Fundadora de Pastelerías Marisa, ha defendido la autenticidad y la confianza en su propio criterio como parte de su forma de dirigir empresas. Su recorrido permite hablar del liderazgo sin asumir que existe una única forma, masculina o femenina, de ejercerlo.
Ninguna de estas experiencias constituye una fórmula replicable ni empaquetada. Una mujer que emprende desde una posición económica precaria, sostiene un hogar, cuida a otras personas y carece de acceso al crédito enfrenta condiciones distintas a las de quien dirige una compañía consolidada y dispone de capital, redes profesionales y personal de apoyo.
Por eso resulta problemático convertir las historias empresariales excepcionales en manuales o recetas para alcanzar el éxito. El riesgo consiste en atribuir los resultados exclusivamente al esfuerzo individual y en dejar de lado las condiciones que facilitan o obstaculizan la supervivencia de una empresa.
La empresariedad femenina permite observar precisamente esa combinación. Hay conocimientos que pueden aprenderse, decisiones que mejoran la gestión y hábitos personales que protegen la salud y el tiempo. También existen obstáculos que ninguna agenda, actitud optimista ni capacidad de liderazgo pueden resolver por sí solos.
Si una mujer dispone de menos tiempo para emprender o administrar su negocio porque asume más trabajo de cuidados o encuentra mayores dificultades para financiar su empresa, estos obstáculos dejan de ser únicamente un tema de habilidades personales o profesionales. Forma parte de las condiciones estructurales en las que las mujeres crean, sostienen y hacen crecer sus negocios.
Referencias
Asociación de Emprendedores de México. (2026). Radiografía del Emprendimiento en México: edición Mujeres 2025. ASEM.
https://asem.mx/investigacion/
Asociación de Emprendedores de México. (2024, 13 de febrero). Radiografía del Emprendimiento, edición Mujeres: Emprendedoras enfrentan barreras para formalizarse y acceder a financiación y tecnología. ASEM.
https://asem.mx/emprendedoras-enfrentan-barreras-para-formalizarse/
Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2025). Encuesta Nacional de Financiamiento de las Empresas 2024 (ENAFIN). INEGI.
https://www.inegi.org.mx/rnm/index.php/catalog/1106
Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2025). Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024: principales resultados. INEGI.
https://www.inegi.org.mx/contenidos/programas/enut/2024/doc/enut_2024_presentacion_resultados.pdf
Salvador Pérez, A. (2026, 17 de septiembre). ¿Qué hábitos y aprendizajes tienen las empresarias exitosas? El Economista.
https://www.eleconomista.com.mx/el-empresario/habitos-aprendizajes-empresarias-exitosas-20260917-833530.html








