Mujeres y niñas son las principales víctimas de trata de personas en Centroamérica y el Caribe, según los datos contenidos en el más reciente infirme de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc).

La mayoría de las víctimas en esta región es traficada para explotación sexual, indicó la Unodc, en el documento que, titulado “Global Report on Trafficking in Persons 2020” (“Informe Global sobre Trata de Personas 2020), dio a conocer el 2 de febrero.

Las cifras de esa actividad delictiva reveladas por la agencia especializada -a partir del muestreo realizado respecto a 148 países-, indicaron que, a nivel global, de cada 10 personas captadas por redes de traficantes, siete son mujeres y niñas.

El año pasado, la dramática situación se agudizó a causa de la pandemia del nuevo coronavirus, causante de la Enfermedad Coronavirus 2019 (Coronavirus Disease 2019, Covid-19), de acuerdo con lo evaluado por la entidad.

Según los más recientes datos de la estadounidense Universidad Johns Hopkins -que son actualizados cotidianamente-, la cifra global de casos se ubicaba, al 3 de febrero, en casi 104.2 millones, con Estados Unidos, India, y Brasil, encabezando la extensa lista
-respectivamente, registrando alrededor de 26.5, 10.8, y 9.3 millones de personas
afectadas-.

“El informe llega en un momento cuando el sufrimiento global ha aumentado vastamente las vulnerabilidades a la trata”, mientras “se considera que la pobreza extrema crecerá (…) con la presente crisis de COVID-19 proyectando una larga sobra sobre nuestras sociedades y economía”, advirtió, en el prefacio del informe, la directora ejecutiva de Unodc, la egipcia Ghada Waly.

“Con muchos millones más de mujeres, hombres y menores, en todas partes del mundo, sin escuela, sin trabajo, sin apoyo social, y enfrentando perspectivas reducidas, se requiere, urgentemente, acción puntual para impedir que delitos tales como trata de personas aumenten el saldo de la pandemia”, recomendó.

A manera de ejemplo, en materia de afectación según género, Waly señaló que “por cada 10 víctimas detectadas globalmente, cinco son mujeres adultas y dos son niñas”, y precisó que “las migrantes representan una proporción significativa de las víctimas detectadas en la mayoría de las regiones”.

Además, los casos examinados por la agencia de Naciones Unidas, revelaron que “por lo menos la mitad involucró a víctimas quienes fueron seleccionadas por necesidad económica”, y que los menores de edad en hogares de extrema pobreza en Centroamérica y el Caribe, lo mismo que en otras regiones en desarrollo, representan proporciones elevadas de victimización, agregó la funcionaria, una experta en temas de empoderamiento femenino y juvenil, protección social, reducción de pobreza.

La trata de personas, en el área, se caracteriza por “una considerable detección de niñas menores y mujeres adultas”, de acuerdo con lo puntualizado en el informe de seis capítulos contenidos en 176 páginas.

“La mayoría de las víctimas detectadas” en la región, “son traficadas con el propósito de explotación sexual”, indicó Unodc.

Las mujeres y niñas seleccionadas por las redes de trata son, en general, comercializadas en estas naciones, aunque algunas “son detectadas en países más ricos de Norte y Sudamérica”, reveló, a continuación.

En cuanto al perfil general de estas personas, en el caso centroamericano y caribeño, de acuerdo con datos de 2018 -lo más recientes disponibles-, “la mayoría de las víctimas detectadas (…) son niñas y mujeres, lo que equivale a 79 por ciento del total de víctimas de trata detectadas en esta subregión”, indicó la agencia mundial.

La proporción de 40 por ciento de niñas, respecto ese total, “sigue estando entre los porcentajes más altos de niñas víctimas de trata registrados a nivel mundial”, precisó.

En cuanto a las variantes de explotación, en los países centroamericanos y caribeños, las mujeres y niñas traficadas son destinadas, en algo más de 70 por ciento, a trabajo sexual, uno de los más elevados niveles en el contexto global, informó Unodc.

Respecto al informe, Waly indicó, en la introducción al texto, que, “al dar visibilidad a este delito, y echar luz sobre los patrones y los flujos de la trata”, el documento “puede ayudar a gobiernos, parlamentos, y partes interesadas, a desarrollar soluciones capaces de atender las causas de origen y los factores de riesgo, procesar a los delincuentes, proteger a los vulnerables, y apoyar mejor a las víctimas”.