La académica Antonieta Pérez-Flores plantea una interrogante que continúa polemizando los debates sobre igualdad de género: ¿por qué los logros de las mujeres siguen siendo objeto de análisis y justificación de una forma que rara vez ocurre con los hombres? Especialistas en género y liderazgo sostienen que esta diferencia responde a sesgos persistentes en torno al mérito, la autoridad y las expectativas sociales asociadas al éxito.
Cuando una mujer obtiene una beca, asume un cargo de liderazgo, recibe un premio académico o alcanza una posición destacada en su profesión, con frecuencia surge una pregunta implícita: ¿cómo llegó hasta allí? Aunque la interrogante puede parecer inocente, diversas investigaciones han señalado que las explicaciones exigidas a las mujeres suelen ser distintas de las que se aplican a los hombres.
La académica Antonieta Pérez-Flores, profesora titular de la Universidad de Concepción, abordó esta cuestión en una columna de opinión publicada en el Diario Concepción. La autora observa que el avance de las mujeres en espacios académicos, profesionales y de liderazgo continúa generando reacciones que buscan explicar, justificar o relativizar esos logros, mientras que la histórica sobrerrepresentación masculina rara vez ha sido sometida al mismo nivel de escrutinio.
“Quizás la pregunta no sea por qué las mujeres obtienen más reconocimientos, sino por qué todavía nos sorprende que lo hagan”, señala Pérez-Flores. La reflexión apunta a una dimensión cultural que trasciende los resultados concretos y se relaciona con las expectativas históricas construidas en torno al género.
La literatura académica ha documentado este fenómeno durante décadas. La psicóloga estadounidense Madeline Heilman identificó que las mujeres suelen enfrentar mayores exigencias para demostrar competencia, especialmente en ámbitos tradicionalmente asociados al liderazgo masculino. Sus investigaciones muestran que, incluso cuando hombres y mujeres obtienen resultados equivalentes, el desempeño femenino tiende a ser evaluado con mayor cautela o sometido a cuestionamientos adicionales.
Otros estudios han descrito lo que se conoce como el “doble vínculo” del liderazgo femenino. Las investigadoras Alice Eagly y Linda Carli explican que las mujeres suelen enfrentar expectativas contradictorias: si adoptan estilos de liderazgo firmes y directivos, pueden ser percibidas como demasiado agresivas, mientras que si adoptan estilos más colaborativos, pueden ser consideradas menos aptas para dirigir. Esta tensión genera estándares distintos para evaluar el éxito.
Las consecuencias trascienden el reconocimiento simbólico. Catalyst, organización internacional especializada en liderazgo e inclusión, ha documentado que los sesgos sobre la competencia y la autoridad pueden influir en las decisiones de contratación, los ascensos, el acceso al financiamiento y la participación en espacios de toma de decisiones. En otras palabras, la manera en que se interpreta el éxito femenino tiene efectos concretos en las oportunidades profesionales.
La columna también cuestiona una narrativa que ha cobrado visibilidad en distintos contextos: la idea de que los avances de las mujeres representan una amenaza para los hombres. Pérez-Flores sostiene que el crecimiento de discursos antifeministas y misóginos no puede explicarse únicamente por las demandas de igualdad, sino que responde a factores sociales, culturales y políticos más amplios, entre ellos la circulación de contenidos polarizantes y el fortalecimiento de movimientos conservadores.
Esta reflexión coincide con investigaciones recientes sobre masculinidades y género. Diversos estudios han mostrado que las transformaciones impulsadas por la igualdad no afectan únicamente a las mujeres. También modifican las expectativas tradicionales sobre los hombres, sus roles familiares, laborales y emocionales. Desde esta perspectiva, la igualdad no constituye un juego de suma cero en el que el avance de unas personas implique necesariamente la pérdida de otras.
La historia ofrece numerosos ejemplos de cambios inicialmente cuestionados que hoy forman parte del consenso democrático. El acceso de las mujeres a la educación superior, al voto o a determinadas profesiones generó resistencias similares a las que acompañan actualmente otros debates sobre la igualdad. Con el tiempo, muchas de esas discusiones dejaron de centrarse en si las mujeres debían ocupar determinados espacios y comenzaron a enfocarse en cómo garantizar condiciones más equitativas para que lo hicieran.
La pregunta planteada por Pérez-Flores invita precisamente a revisar esas expectativas heredadas. Si el éxito femenino continúa requiriendo explicaciones especiales, quizá el desafío no resida en los logros de las mujeres, sino en los marcos culturales desde los que seguimos interpretándolos.
Referencias
Catalyst. (2024). Women in leadership. Catalyst. https://www.catalyst.org
Eagly, A. H., & Carli, L. L. (2007). Through the labyrinth: The truth about how women become leaders. Harvard Business School Press.
Heilman, M. E. (2012). Gender stereotypes and workplace bias. Research in Organizational Behavior, 32, 113-135. https://doi.org/10.1016/j.riob.2012.11.003
Pérez-Flores, A. (2026, 13 de junio). ¿Por qué el éxito de las mujeres sigue necesitando explicación? Diario Concepción. https://www.diarioconcepcion.cl/opinion/2026/06/13/por-que-el-exito-de-las-mujeres-sigue-necesitando-explicacion.html








