La OIT y ONU Mujeres coinciden en que apoyar a las mujeres emprendedoras no solo fortalece las economías, sino que también reduce la pobreza, genera empleo y mejora el bienestar de las familias y las comunidades.
El emprendimiento femenino se ha convertido en una de las herramientas más relevantes para el crecimiento económico, la generación de empleo y la reducción de las desigualdades sociales, según organismos internacionales como la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y ONU Mujeres.
Más allá de abrir un negocio, emprender representa para millones de mujeres una vía hacia la independencia económica, el liderazgo y la participación activa en la sociedad. Sin embargo, pese a su impacto, las mujeres emprendedoras continúan enfrentando mayores barreras para acceder a financiamiento, capacitación, redes empresariales y mercados.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) sostiene que el desarrollo del emprendimiento femenino es un mecanismo clave para avanzar hacia la igualdad de género y el empoderamiento económico de las mujeres. El organismo señala que apoyar a las empresarias no solo beneficia a las mujeres, sino que también fortalece las economías nacionales mediante la creación de empleo, la innovación y la productividad.
“La promoción del emprendimiento de las mujeres es una vía importante para el crecimiento inclusivo y sostenible”, plantea la OIT en sus programas internacionales dirigidos al fortalecimiento de las empresas lideradas por mujeres.
Por su parte, ONU Mujeres insiste en que invertir en el empoderamiento económico de las mujeres tiene un efecto multiplicador en la sociedad. La entidad destaca que cuando las mujeres aumentan sus ingresos, suelen reinvertir una proporción significativa de estos en salud, educación y bienestar familiar, lo que genera beneficios intergeneracionales.
Además, ONU Mujeres advierte que la autonomía económica femenina es fundamental para reducir las brechas de desigualdad y fortalecer democracias más inclusivas. La organización considera que el acceso de las mujeres a oportunidades productivas y empresariales debe formar parte de las estrategias de desarrollo sostenible de los países.
En América Latina, el emprendimiento femenino también ha surgido como respuesta a mercados laborales marcados por brechas salariales, desempleo o dificultades para acceder a puestos de liderazgo. Muchas mujeres crean sus propios negocios no solo por oportunidad, sino también por necesidad, conciliando responsabilidades de cuidado y de generación de ingresos.
No obstante, los organismos internacionales coinciden en que el crecimiento del emprendimiento femenino requiere políticas públicas y acciones concretas: acceso al crédito, capacitación tecnológica, eliminación de barreras culturales, sistemas de cuido y mayor participación de las mujeres en los espacios de toma de decisiones económicas.
Para la OIT y ONU Mujeres, fortalecer a las mujeres emprendedoras no es únicamente una política de equidad, sino también una decisión estratégica para el desarrollo económico y social de las naciones. Cuando una mujer emprende, el impacto trasciende el negocio: alcanza a su familia, su comunidad y, eventualmente, a toda la sociedad.








