El debate sobre la prostitución sigue dividiendo al feminismo porque enfrenta dos principios difíciles de conciliar: la autonomía de las mujeres para decidir sobre su cuerpo y la denuncia de una industria sexual atravesada por la desigualdad, la pobreza, la violencia y el poder masculino.

La pregunta volvió a escena a raíz de una columna publicada por la periodista Elvira Galvache en La Portada de Extremadura. En el texto, la autora plantea que sí es posible ser feminista y defender la prostitución voluntaria, siempre que se distinga entre trata, explotación, violencia y decisiones tomadas por mujeres adultas. Su argumento parte de una idea central: el feminismo nació para ampliar la libertad de las mujeres, no para sustituir su voluntad cuando sus decisiones resultan incómodas para una parte de la sociedad.

Esa posición se inscribe en una corriente feminista y de derechos humanos que prefiere hablar de trabajo sexual y no de prostitución. Desde ese enfoque, el problema principal no sería el intercambio sexual remunerado entre personas adultas, sino la criminalización, el estigma, la violencia policial, la falta de acceso a la atención de salud, la extorsión, la precariedad y la ausencia de reconocimiento legal. Amnistía Internacional adoptó en 2016 una política que recomienda la despenalización del trabajo sexual consensuado entre personas adultas, al considerar que las leyes punitivas suelen aumentar la vulnerabilidad de quienes lo ejercen y dificultan la denuncia de abusos.

UNAIDS ha sostenido una posición similar desde el ámbito de la salud pública. Para el organismo, proteger la salud de las personas trabajadoras sexuales exige reducir el estigma, la discriminación y la violencia y avanzar hacia la despenalización. El Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre discriminación contra mujeres y niñas también ha defendido la despenalización del trabajo sexual adulto voluntario desde una perspectiva de derechos humanos, al considerar que dicha despenalización ofrece mayores posibilidades de enfrentar la violencia y la exclusión que sufren quienes se desempeñan en ese sector.

Autoras como Juno Mac y Molly Smith, en Revolting Prostitutes, han desarrollado este argumento a partir de la experiencia de trabajadoras sexuales y del análisis de las políticas públicas. Para ellas, muchas respuestas estatales terminan por aumentar los riesgos porque empujan la actividad hacia la clandestinidad, dificultan la organización colectiva y refuerzan la dependencia de intermediarios. En América Latina, Georgina Orellano, secretaria general de AMMAR en Argentina y autora de Puta feminista, ha defendido que las trabajadoras sexuales deben ser reconocidas como sujetas políticas y laborales, no solo como víctimas sobre las que otras voces deciden.

La otra gran corriente feminista llega a una conclusión opuesta. Para el abolicionismo, la prostitución no puede analizarse únicamente desde la elección individual, pues se desarrolla en relaciones estructurales de desigualdad. Desde esta mirada, la pregunta no es si algunas mujeres dicen elegirla, sino qué condiciones económicas, sociales, migratorias y patriarcales hacen que sean mayoritariamente mujeres quienes venden el acceso sexual a sus cuerpos y mayoritariamente hombres quienes pagan por ello.

Rosa Cobo ha sido una de las autoras más influyentes en esta perspectiva. En La prostitución en el corazón del capitalismo, sostiene que la prostitución contemporánea debe entenderse como una industria global vinculada a la mercantilización del cuerpo de las mujeres, a la expansión del capitalismo neoliberal y a las formas actuales del patriarcado. Su planteamiento no se limita a denunciar casos extremos de trata, sino que cuestiona el sistema prostitucional como institución que normaliza el acceso masculino al cuerpo femenino a cambio de dinero.

En esa misma línea, organizaciones como la Coalition Against Trafficking in Women consideran que la prostitución forma parte de un continuo de explotación sexual que afecta principalmente a mujeres y niñas. La Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre la violencia contra las mujeres y las niñas, Reem Alsalem, presentó en 2024 un informe que examina la prostitución como forma, causa y consecuencia de la violencia contra las mujeres y las niñas. Desde esa perspectiva, regular o normalizar la industria sexual no protegería lo suficiente a las mujeres, sino que podría consolidar un mercado basado en la desigualdad.

El punto de mayor tensión entre ambas posiciones radica en el concepto de consentimiento. Para el feminismo pro derechos, negar la capacidad de decisión a las mujeres adultas que ejercen trabajo sexual puede constituir una forma de tutela. Para el abolicionismo, hablar de libre elección sin considerar la pobreza, la migración, la violencia previa, el racismo, la exclusión y la desigualdad económica puede vaciar de contenido político la noción de libertad.

También difieren en la respuesta legal. Las corrientes pro derechos suelen defender la despenalización para que quienes ejercen trabajo sexual accedan a la protección, la salud, la justicia, la organización colectiva y condiciones más seguras. Las corrientes abolicionistas rechazan penalizar a las mujeres prostituidas, pero plantean sancionar la demanda, perseguir el proxenetismo y fortalecer las políticas de salida, reparación y protección social.

El desacuerdo tampoco se resuelve con una mera oposición entre teoría y experiencia. Existen sobrevivientes de la prostitución que defienden el abolicionismo y trabajadoras sexuales organizadas que reclaman derechos laborales. En ambos casos, las mujeres hablan desde vivencias atravesadas por la violencia, la autonomía, la necesidad, la estrategia, la resistencia o el daño. El debate feminista se complejiza precisamente porque no existe una sola experiencia capaz de representar a todas.

La discusión sobre la prostitución obliga al feminismo a enfrentar algunas de sus preguntas más difíciles: qué significa consentir en contextos de desigualdad, hasta dónde llega la autonomía corporal, cómo se protege sin tutelar, cómo se escucha a las mujeres sin romantizar la explotación y cómo se combate la trata sin criminalizar a quienes ya viven en condiciones de vulnerabilidad.

Por eso, más que una reconciliación cerrada, el debate evidencia una profunda fractura conceptual. Para unas, defender los derechos laborales y la despenalización es la vía más realista para proteger a mujeres adultas que ejercen trabajo sexual. Para otras, aceptar la prostitución como trabajo implica legitimar una institución que reproduce la desigualdad sexual. Entre ambas posiciones permanece abierta una pregunta que el feminismo no ha logrado resolver de manera común: si la libertad puede pensarse separada de las condiciones materiales en las que se ejerce.

Referencias

Amnistía Internacional. (2016, 26 de mayo). Política de Amnistía Internacional sobre la obligación del Estado de respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de las trabajadoras y los trabajadores sexuales. https://www.amnesty.org/es/documents/pol30/4062/2016/es/

Amnistía Internacional. (2016, 26 de mayo). Amnistía Internacional publica políticas e investigaciones sobre la protección de los derechos de las y los trabajadores sexuales. https://www.amnesty.org/en/latest/news/2016/05/amnesty-international-publishes-policy-and-research-on-protection-of-sex-workers-rights/

Cobo Bedía, R. (2024). La prostitución en el corazón del capitalismo. Los libros de la Catarata. https://www.catarata.org/libro/la-prostitucion-en-el-corazon-del-capitalismo_158103/

Coalition Against Trafficking in Women. (s.f.). Let’s end human trafficking and sexual exploitation around the world. https://catwinternational.org/

Galvache, E. (2026, 10 de junio). Se puede ser feminista y defender la prostitución. La Portada de Extremadura. https://www.laportadadeextremadura.com/opinion/se-puede-ser-feminista-defender-prostitucion_5861_102.html

Mac, J., & Smith, M. (2018). Revolting prostitutes: The fight for sex workers’ rights. Verso Books. https://www.versobooks.com/en-gb/products/548-revolting-prostitutes

Orellano, G. (2022). Puta feminista: Historias de una trabajadora sexual. Sudamericana. https://books.google.com/books/about/Puta_feminista.html?id=XTdlEAAAQBAJ

Organización de las Naciones Unidas. (2024). Prostitution and violence against women and girls: Report of the Special Rapporteur on violence against women and girls, its causes and consequences, Reem Alsalem. https://www.ohchr.org/en/documents/thematic-reports/ahrc5648-prostitution-and-violence-against-women-and-girls-report

Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida. (2024, 2 de junio). To protect sex workers’ health and their human rights. UNAIDS. https://www.unaids.org/en/resources/presscentre/pressreleaseandstatementarchive/2024/june/20240602_sex-workers

United Nations Working Group on discrimination against women and girls. (7 de diciembre de 2023). Eliminating discrimination against sex workers and securing their human rights. Office of the United Nations High Commissioner for Human Rights. https://www.ohchr.org/en/documents/tools-and-resources/guidance-document-working-group-discrimination-against-women-and