Las mujeres ya utilizan los principales asistentes de inteligencia artificial en proporciones cercanas a las de los hombres, pero recurren a ellos con menor frecuencia y expresan más dudas sobre sus efectos. Las diferencias abarcan la confianza, la percepción de utilidad y las expectativas sobre una tecnología que aún se desarrolla con una participación femenina limitada.

La brecha de género en inteligencia artificial ya no puede medirse únicamente por el número de personas que han utilizado un asistente virtual. Los datos más recientes muestran que la brecha de acceso comienza a reducirse, pero persisten diferencias en la frecuencia de uso, la confianza y las expectativas que tienen mujeres y hombres sobre estas tecnologías.

Una investigación del Pew Research Center, realizada entre 5.119 personas adultas de Estados Unidos en febrero de 2026, encontró que el 50 % de los hombres y el 47 % de las mujeres habían utilizado alguna vez asistentes como ChatGPT, Gemini o Copilot. Dos años antes, la diferencia había sido de 11 puntos porcentuales. El aumento registrado entre las mujeres prácticamente cerró la brecha en el uso general.

La igualdad desaparece al observar la frecuencia. El 27 % de los hombres dijo utilizar estas herramientas todos los días, frente al 20 % de las mujeres. También existen diferencias entre plataformas: ChatGPT registró un 44 % de uso en ambos grupos, pero Gemini era utilizado por el 29 % de los hombres y el 20 % de las mujeres; Copilot, por el 22 % y el 13 %, respectivamente.

La percepción de utilidad tampoco es idéntica. El 35 % de los hombres consideró que los asistentes mejoran su productividad, diez puntos más que las mujeres. Ellos también dijeron que los utilizaban con mayor frecuencia para buscar información, realizar tareas laborales, obtener noticias o entretenerse. Las mujeres superaron ligeramente a los hombres en el uso de estas herramientas para solicitar apoyo emocional o consejos, aunque la brecha se redujo.

Los contrastes más amplios se observan al preguntar por el futuro. Una de cada tres mujeres consultadas por Pew estimó que la inteligencia artificial tendrá efectos negativos en su vida durante los próximos 20 años, frente al 17 % que espera consecuencias positivas. Entre los hombres, las respuestas favorables y desfavorables alcanzaron proporciones similares. El 43 % de las mujeres anticipó un impacto negativo en la sociedad y el 68 % afirmó que la tecnología avanza demasiado rápido.

La cautela también se observa entre quienes conocen el sector. Otro estudio de Pew, basado en las respuestas de 1.013 especialistas en inteligencia artificial residentes en Estados Unidos, mostró una diferencia de 27 puntos en la valoración del futuro de esta tecnología. El 63 % de los expertos hombres esperaba un impacto positivo en el país durante las próximas dos décadas, frente al 36 % de las expertas. El entusiasmo superaba a la preocupación entre el 53 % de ellos y el 30 % de ellas.

Los datos no permiten afirmar que las mujeres rechacen la inteligencia artificial ni que exista una brecha uniforme en todos los países. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos informó que más de un tercio de la población de sus países miembros utilizó herramientas de IA generativa en 2025. La diferencia promedio entre hombres y mujeres fue de 4,2 puntos porcentuales, mucho menor que las brechas asociadas con la edad, los ingresos o el nivel educativo.

La discusión se desplaza, por tanto, desde el acceso hasta las condiciones en las que estas tecnologías se desarrollan y se utilizan. La UNESCO calcula que las mujeres representan el 30 % de las personas profesionales en inteligencia artificial y advierte de que su presencia es aún menor en algunas regiones del sur global. Una menor participación en el diseño de los sistemas limita la diversidad de experiencias incorporadas en los equipos que toman decisiones sobre datos, modelos, seguridad y aplicaciones.

Los riesgos documentados tampoco se distribuyen de manera neutral. La UNESCO ha identificado respuestas diferenciadas ante instrucciones idénticas cuando se describe a un hombre o a una mujer, así como la reproducción de estereotipos en los resultados generados por los modelos. Su programa para evaluar sesgos también examina la capacidad de estas tecnologías para facilitar la violencia de género, producir imágenes sexuales falsas o ampliar formas de acoso ya presentes en los espacios digitales.

Ese historial ayuda a explicar por qué la conversación sobre confianza no puede reducirse a la resistencia al cambio o a una supuesta falta de interés tecnológico. La exposición a imágenes manipuladas, suplantaciones, vigilancia y contenidos discriminatorios influye en la manera en que distintos grupos valoran los beneficios y los costos de una herramienta.

La periodista argentina Laura Marajofsky ha denominado “brecha tecnocultural de género” a esta diferencia en las expectativas respecto del progreso tecnológico. También utiliza la expresión “girlbosificación de la IA” para cuestionar las campañas que presentan su adopción como una vía inmediata de autonomía y éxito profesional para las mujeres, sin examinar la composición de la industria ni los daños asociados a algunos de sus productos. Se trata de una lectura crítica y no de una categoría académica consolidada.

La incorporación de creadoras de contenido, empresarias y figuras públicas en la promoción de asistentes digitales puede contribuir a ampliar la alfabetización tecnológica. También puede convertir las desigualdades laborales y domésticas en oportunidades comerciales: una aplicación promete aumentar la productividad, organizar la crianza o reducir la carga mental, aunque la distribución de esas responsabilidades permanezca intacta.

Las cifras disponibles describen un escenario más complejo que el de una oposición entre mujeres desconfiadas y hombres entusiastas. El acceso a los asistentes comienza a equipararse, pero ellos los utilizan con mayor regularidad, declaran mayor confianza en sus capacidades y esperan obtener mayores beneficios. Las investigaciones deberán precisar en qué medida inciden en esas diferencias la experiencia de violencia digital, los sesgos de los sistemas, las condiciones laborales y la escasa presencia femenina en los espacios donde se decide cómo funcionará la inteligencia artificial.

Referencias

Gottfried, J., Bishop, W., Anderson, M., Faverio, M., Park, E., & McClain, C. (2026, 17 de junio). The gender gap in AI. Pew Research Center. https://www.pewresearch.org/internet/2026/06/17/the-gender-gap-in-ai/

Marajofsky, L. (2026, 15 de julio). La nueva brecha tecnocultural de género y la “girlbosificación de la IA”. Volcánicas. https://volcanicas.com/la-nueva-brecha-tecnocultural-de-genero-y-la-girlbosificacion-de-la-ia/

Organization for Economic Co-operation and Development. (2026, 28 de enero). AI use by individuals surges across the OECD as adoption by firms continues to expand. https://www.oecd.org/en/about/news/announcements/2026/01/ai-use-by-individuals-surges-across-the-oecd-as-adoption-by-firms-continues-to-expand.html

Pew Research Center. (2025, 3 de abril). How the U.S. public and AI experts view artificial intelligence. https://www.pewresearch.org/internet/2025/04/03/how-the-us-public-and-ai-experts-view-artificial-intelligence/

United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization. (2025, 3 de julio). Tackling gender bias and harms in artificial intelligence. Global AI Ethics and Governance Observatory. https://www.unesco.org/ethics-ai/en/articles/tackling-gender-bias-and-harms-artificial-intelligence-ai