La guerra en Ucrania ha puesto al descubierto cómo la precarización económica puede convertir el cuerpo de las mujeres en un recurso de supervivencia. En medio del conflicto armado, la maternidad subrogada continúa operando como una industria que ofrece ingresos imposibles de alcanzar para muchas familias ucranianas, mientras crecen los cuestionamientos éticos sobre la mercantilización de la reproducción en contextos de vulnerabilidad extrema.

El reportaje publicado por BBC Mundo, elaborado por la periodista Sofía Betizza, expone cómo numerosas mujeres ucranianas recurren a la gestación subrogada para sostener económicamente a sus familias en un país golpeado por la guerra y la incertidumbre. Ucrania ha sido durante años uno de los principales destinos mundiales de maternidad subrogada debido a sus menores costos que en otros países y a una legislación permisiva que permite este tipo de contratos para parejas heterosexuales casadas.

La invasión rusa alteró profundamente esa realidad. Muchas clínicas trasladaron sus operaciones a regiones más seguras o incluso fuera del país, mientras que las mujeres embarazadas debieron continuar sus procesos médicos bajo bombardeos, apagones y desplazamientos forzados. La nota recoge testimonios de mujeres que afirman haber aceptado convertirse en gestantes por necesidad económica, en un contexto en el que la guerra redujo los empleos, los ingresos y las posibilidades de estabilidad.

Las mujeres entrevistadas no aparecen únicamente como víctimas pasivas ni como figuras plenamente libres en un mercado neutral. Sus decisiones están atravesadas por condiciones materiales concretas: pobreza, desempleo, deudas, responsabilidades familiares y una economía devastada por el conflicto armado. La maternidad subrogada aparece entonces como una posibilidad económica excepcional en un escenario de escasas alternativas.

La discusión ética que rodea esta práctica se vuelve aún más compleja en tiempos de guerra. Organizaciones feministas, activistas y sectores defensores de los derechos humanos han advertido sobre los riesgos de explotación reproductiva cuando existen desigualdades económicas tan profundas entre quienes contratan el servicio y quienes gestan. El reportaje de BBC Mundo muestra precisamente esa tensión: mientras algunas mujeres defienden la subrogación como una decisión racional para garantizar el bienestar de sus hijos, las críticas señalan que la necesidad económica puede diluir los límites del consentimiento real.

La situación ucraniana también ha reactivado debates globales sobre los llamados “mercados reproductivos transnacionales”, en los que personas de países con mayores recursos buscan servicios reproductivos en regiones económicamente más vulnerables. En este escenario, el cuerpo femenino se sitúa en el centro de una economía global que combina el deseo de maternidad, la desigualdad internacional y la crisis humanitaria.

La guerra en Ucrania ha evidenciado una realidad: en medio de la devastación, ciertas industrias continúan operando porque la necesidad obliga a mantenerlas. Y entre ellas, la maternidad subrogada revela hasta qué punto las crisis económicas y los conflictos armados afectan de manera diferenciada a las mujeres, especialmente cuando su capacidad reproductiva se convierte en una de las pocas herramientas disponibles para sobrevivir.

Referencia:

Bettiza, S. (2026, 10 de mayo). Ucrania: guerra, pobreza y maternidad subrogada. https://www.bbc.com/mundo/articles/cgrp2pxxke9o