Mucho antes de comprender conceptos como la discriminación o la violencia de género, niñas y niños reciben mensajes sobre lo que se espera de ellos por ser mujeres u hombres. La familia, la escuela, los medios y su entorno participan en ese aprendizaje. Una nueva herramienta de UNICEF Uruguay vuelve a poner sobre la mesa un desafío para América Latina: educar para la igualdad exige intervenir desde la infancia en los estereotipos que después condicionan las relaciones, las oportunidades y los proyectos de vida.

Una niña escucha que debe ser cuidadosa y un niño aprende que llorar demuestra debilidad. A ella se le reconoce por ser obediente; a él, por atreverse. Más adelante pueden surgir otras expectativas sobre los juegos que deberían preferir, las tareas que les corresponden en el hogar, las carreras que podrían estudiar o la manera correcta de relacionarse con otras personas. Ninguna de esas ideas necesita aparecer por escrito en un libro de texto para convertirse en aprendizaje.

Ese proceso cotidiano explica por qué educar para la igualdad implica mucho más que garantizar que niñas y niños compartan la misma aula. También requiere observar qué aprenden en ella, cómo se distribuyen las responsabilidades, qué comportamientos reciben aprobación y qué modelos de feminidad y masculinidad encuentran en la escuela, la familia y la comunidad.

UNICEF Uruguay acaba de reunir parte de ese trabajo en Educar para la Igualdad, una caja de herramientas dirigida a personas adultas y a equipos de las áreas educativa, social y comunitaria que trabajan con la infancia, la adolescencia y las familias. El material contiene más de 40 actividades organizadas en distintas etapas del desarrollo, desde la primera infancia hasta la adolescencia.

La propuesta parte del reconocimiento de que las formas de relacionarse se construyen desde los primeros años. Las referencias que reciben niñas y niños influyen en cómo comprenden quiénes son, cómo expresan sus emociones y qué esperan de las demás personas. Cuando esos aprendizajes reproducen relaciones desiguales, también pueden contribuir a normalizar comportamientos que, posteriormente, favorecen la discriminación y la violencia.

Por eso, el trabajo no comienza cuando surge una agresión. La propuesta de UNICEF sitúa la prevención mucho antes y plantea fortalecer las habilidades emocionales, las relaciones respetuosas y los factores protectores a lo largo de las distintas etapas del crecimiento.

La discusión forma parte de un cambio más amplio en las políticas educativas. Durante décadas, uno de los grandes objetivos de América Latina fue lograr que las niñas accedieran a la educación en condiciones similares a las de los niños. Ese desafío no ha desaparecido y las desigualdades continúan afectando especialmente a quienes viven en pobreza, pertenecen a pueblos indígenas o afrodescendientes, tienen alguna discapacidad o enfrentan otras formas simultáneas de exclusión. UNICEF advierte precisamente que las experiencias de niñas, niños y adolescentes varían según estas condiciones y que las respuestas públicas deben reconocer esas diferencias. 

Pero estar dentro de la escuela no garantiza, por sí mismo, la igualdad. Por eso, la UNESCO sostiene que una política educativa con perspectiva de género debe revisar no solo el acceso, sino también los contenidos, las prácticas docentes, los entornos de aprendizaje y las oportunidades que la educación abre posteriormente en la vida y en el trabajo. Su estrategia para 2026-2029 plantea avanzar desde el acceso hasta la capacidad de las personas para decidir sobre sus propias vidas, lo que requiere cuestionar las normas sociales, las prácticas discriminatorias y las relaciones de poder que continúan reproduciendo desigualdades. 

Ese planteamiento permite entender por qué un cuento, un juego o la distribución de las tareas en una clase pueden formar parte de una política de igualdad. Si las niñas aparecen principalmente asociadas con el cuidado y los niños con la aventura, si determinadas profesiones continúan presentándose como masculinas o femeninas, o si expresar emociones sigue siendo penalizado entre los varones, la educación puede reproducir expectativas que posteriormente condicionan decisiones personales, académicas y profesionales.

UNICEF denomina educación transformadora de género a un enfoque que utiliza los distintos componentes del sistema educativo para cuestionar estereotipos, actitudes, normas y prácticas, y analizar las relaciones de poder que subyacen a las desigualdades. No consiste únicamente en enseñar que mujeres y hombres tienen los mismos derechos, sino en revisar las condiciones que impiden ejercerlos en igualdad de condiciones. 

La necesidad de hacerlo también se observa en la convivencia escolar. Un informe regional de la UNESCO documentó la persistencia del sexismo y la discriminación contra estudiantes LGBTI en centros educativos latinoamericanos. En los siete países estudiados —Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay— una proporción importante del estudiantado LGBTI manifestó sentirse inseguro debido a su orientación sexual o expresión de género. 

Educar para la igualdad adquiere entonces una dimensión que también alcanza a los niños y adolescentes varones. Cuestionar los mandatos que identifican la masculinidad con la fortaleza permanente, la autoridad, la competencia o el rechazo de determinadas emociones puede ampliar sus propias posibilidades de desarrollo y contribuir a construir relaciones menos violentas. La igualdad no puede depender únicamente de enseñar a las niñas a defender sus derechos, mientras permanezcan intactos los modelos de masculinidad y las relaciones sociales que contribuyen a esas desigualdades.

Tampoco corresponde exclusivamente a docentes. Las familias participan todos los días cuando distribuyen las tareas domésticas, reaccionan ante las emociones de sus hijas e hijos, seleccionan juguetes, comentan determinadas profesiones o establecen qué libertades corresponden a cada integrante del hogar. Los espacios comunitarios, deportivos, culturales y digitales completan un aprendizaje que continúa fuera de las aulas.

De ahí la importancia de que herramientas como la desarrollada en Uruguay estén dirigidas también a personas adultas de ámbitos sociales y comunitarios. Trabajar con la primera infancia requiere recursos diferentes de los utilizados con adolescentes, pero existe una continuidad entre ambas etapas: aprender a reconocer emociones, respetar límites, resolver conflictos sin violencia, cuestionar estereotipos y relacionarse con otras personas desde el reconocimiento de sus derechos.

América Latina ha logrado avances importantes en el reconocimiento jurídico de la igualdad en la educación. UNESCO señala incluso que la región presenta la mayor proporción de países que garantizan explícitamente en su legislación el derecho a la educación sin discriminación por sexo o género. El desafío está en lograr que esa igualdad jurídica se traduzca también en las experiencias cotidianas de quienes atraviesan sus sistemas educativos. 

Una escuela puede enseñar matemáticas, ciencias o literatura y, simultáneamente, enseñar quién debe hablar más, quién cuida, quién dirige, quién puede mostrar miedo y quién merece ocupar determinados espacios. Por eso, revisar los estereotipos durante la infancia no constituye un contenido accesorio en la educación. Forma parte de aquello que niñas y niños aprenden sobre sí mismos y sobre las personas con quienes compartirán la sociedad.

Educar para la igualdad comienza precisamente allí, antes de que las diferencias se conviertan en jerarquías y antes de que una generación tenga que desaprender, durante la vida adulta, aquello que pudo aprender de otra manera desde la infancia.

Referencias 

Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. (s. f.). Educar para la igualdad: caja de herramientas para construir vínculos respetuosos y libres de estereotipos en niños, niñas y adolescentes. UNICEF Uruguay.

Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. (2021). Educación transformadora de género: Reimaginar la educación para un mundo más justo e inclusivo. UNICEF. 

Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. (s. f.). Igualdad de género. UNICEF América Latina y el Caribe. 

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. (2026). Del acceso al empoderamiento: Estrategia de la UNESCO para la igualdad de género en y a través de la educación 2026-2029. UNESCO. 

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. (2021, 23 de junio). El sexismo y la homofobia siguen impregnando las escuelas de América Latina. Informe de seguimiento sobre la educación en el mundo.