El sistema de diseño ancestral kené, elaborado a lo largo de generaciones por mujeres del pueblo shipibo-konibo en plena Amazonía peruana, fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación en 2008, un reconocimiento simbólico que hasta hoy no ha estado acompañado de un fondo específico para sostener económicamente a las mujeres artesanas que lo mantienen vivo cada día en sus propias comunidades.
La Asociación de Artesanos Maroti Shobo, del propio pueblo shipibo-konibo, fundada hace más de 50 años y reestructurada en 2003 por tres tejedoras que decidieron independizarla de una gestión considerada inadecuada, sigue vendiendo sus piezas semana a semana en la Plaza de Armas de Yaricocha sin ningún subsidio estatal vinculado directamente a la declaratoria de patrimonio que sus propios diseños ya recibieron hace casi dos décadas.
Ese patrón se repite en distintos puntos de la región. Un reconocimiento cultural formal, otorgado por decreto o resolución, no equivale automáticamente a un mecanismo de financiamiento, a capacitación técnica o al acceso a mercados internacionales para las mujeres que sostienen esa tradición en la práctica cotidiana. La declaratoria cultural suele depender del ministerio de cultura de cada país, mientras que cualquier programa de crédito o capacitación productiva depende de un ministerio de economía o de agricultura completamente distinto, dos estructuras estatales que, en la práctica, rara vez comparten presupuesto ni planificación conjunta de manera formal.
La Asociación de Artesanas Indígenas Kankuama, en la Sierra Nevada de Santa Marta colombiana, reúne a 212 mujeres del resguardo kankuamo que desde 1993 tejen fibra de fique como su principal fuente de ingreso propio, un oficio que funcionó además como herramienta concreta de resistencia económica cotidiana durante los años más duros del conflicto armado colombiano, sin que ese valor histórico ya documentado se haya traducido todavía en una línea de financiamiento cultural sostenida a lo largo del tiempo.
La Asociación de Artesanos Kaleme, del pueblo wayuu en La Guajira, Colombia, en la frontera con Venezuela, nació en 2004 y agrupa hoy a tejedoras que aprendieron su oficio de generación en generación, desde sus propias abuelas hasta las socias más jóvenes, quienes manejan las ventas en línea y el contacto directo con compradores en otros continentes, sin intermediarios tradicionales de por medio. Ese salto al comercio electrónico ocurrió por iniciativa propia de las mismas artesanas, sin que ningún programa estatal de digitalización cultural las acompañara en ese proceso de aprendizaje técnico.
Rights and Resources Initiative documenta ejemplos muy similares en Colombia y Perú donde el reconocimiento cultural formal de una técnica ancestral, sea un tejido, un diseño o una receta tradicional, antecede por años a cualquier programa de acompañamiento económico dirigido específicamente a las mujeres que la practican, un desfase estructural que organizaciones de derechos indígenas atribuyen a que la declaratoria cultural y el presupuesto público dependen de instituciones estatales distintas que rara vez coordinan entre sí sus propios calendarios.
Ninguno de los ministerios de cultura de la región cuenta hoy con un mecanismo automático que vincule una declaratoria de patrimonio inmaterial con una partida presupuestaria específica para las comunidades portadoras de esa tradición, lo que deja la sostenibilidad económica de cada oficio dependiente de gestiones puntuales, de la cooperación internacional o del propio esfuerzo comercial de las artesanas.
El comercio electrónico moderno permitió a algunas de estas mismas asociaciones saltarse intermediarios locales y vender directo a compradores en Europa y Norteamérica, una transformación real que mejoró de forma directa sus márgenes de ganancia sin necesidad de esperar a que ningún ministerio resolviera primero el vacío de financiamiento cultural que arrastran desde la declaratoria original, aunque esa misma dependencia de plataformas digitales privadas introduce, en la práctica, un nuevo intermediario, distinto al tradicional pero intermediario al fin y con sus propias comisiones fijas.
Referencias
Rights and Resources Initiative. (2025, 17 de febrero). Conozca 8 ejemplos de emprendimientos que contribuyen al empoderamiento de las mujeres de pueblos indígenas en Colombia y Perú. https://rightsandresources.org/es/blog/emprendimientos-de-mujeres-indigenas-en-colombia-y-peru/
ONU Mujeres América Latina y el Caribe. (2023, abril). Conectando negocios: la nueva plataforma de emprendedoras indígenas en Chile. https://lac.unwomen.org/es/stories/noticia/2023/04/conectando-negocios-la-nueva-plataforma-de-emprendedoras-indigenas-chile








