El crecimiento económico del fútbol femenino contrasta con las condiciones laborales de muchas jugadoras, que enfrentan salarios insuficientes, contratos breves y dificultades para sostener su carrera deportiva.
Mientras los principales campeonatos de fútbol femenino atraen más espectadores, patrocinadores y contratos comerciales, una parte considerable de las jugadoras continúa trabajando fuera de las canchas para sostenerse económicamente. El informe mundial de empleo de FIFPRO, divulgado el 12 de octubre de 2026, señala que el 31 % de las futbolistas encuestadas combina su actividad deportiva con otro empleo y que el 39 % también cursa estudios, según datos recogidos por el periodista Carlos Molina en ElPlural.com.
La investigación, desarrollada mediante encuestas y entrevistas a aproximadamente 800 futbolistas, examina las condiciones de trabajo en distintos mercados y permite observar diferencias que suelen quedar fuera de las noticias sobre el crecimiento de las principales ligas. Aunque algunos clubes han logrado aumentar sus ingresos y mejorar las remuneraciones, muchas jugadoras todavía tienen dificultades para convertir el deporte en su principal actividad económica.
Según FIFPRO, el salario mensual medio pagado por los clubes alcanza los 2.601 dólares, una cantidad que, ajustada por la inflación, se ha triplicado desde 2017. Sin embargo, la mediana se sitúa en 1.669 dólares, lo que significa que la mitad de las futbolistas incluidas en el cálculo salarial recibe menos de esa cantidad. La diferencia entre ambos indicadores muestra cómo las remuneraciones más elevadas influyen en la media general y pueden ofrecer una imagen poco representativa de los ingresos habituales.
La desigualdad salarial también se observa entre países y regiones, ya que en diez países de Europa del Este las remuneraciones medias de las futbolistas permanecen por debajo de los respectivos salarios mínimos nacionales, mientras que en los mercados más desarrollados las diferencias entre clubes siguen siendo considerables. Estas condiciones explican por qué el crecimiento comercial de una competición no necesariamente mejora los ingresos de todas sus participantes.
A la incertidumbre económica se suma la limitada estabilidad contractual, pues solo el 56 % de las jugadoras consultadas cuenta con un contrato laboral, según el comunicado oficial de FIFPRO. Aunque la duración media de los acuerdos aumentó de aproximadamente 12 a 19 meses durante la última década, sigue siendo relativamente breve para una actividad que exige preparación física continua, desplazamientos y planificación profesional.
Durante las dos temporadas anteriores al estudio, el 24 % de las futbolistas experimentó retrasos en el pago de sus remuneraciones, lo que puede comprometer sus gastos cotidianos y dificultar cualquier planificación financiera. La protección económica después de la jubilación también presenta deficiencias, ya que únicamente el 13 % recibe una pensión de su club.
Estas condiciones influyen en la permanencia en el deporte, ya que casi la mitad de las participantes (49 %) manifestó haber considerado retirarse antes de lo previsto y, entre quienes contemplaron esa posibilidad, el 59 % mencionó motivos económicos. El estrés psicológico apareció en el 46 % de las respuestas de ese mismo grupo, lo que revela que las dificultades para continuar una carrera deportiva abarcan tanto la estabilidad financiera como el bienestar personal.
El estudio también encontró que el 57 % de las encuestadas había experimentado dificultades relacionadas con su salud mental y que la mitad de quienes las reportaron no recibió apoyo de su club. La combinación de exigencias deportivas, incertidumbre laboral y exposición pública puede aumentar la necesidad de acompañamiento especializado, aunque los datos disponibles no permiten atribuir esos problemas a una única causa.
La insuficiencia de recursos profesionales constituye otra de las preocupaciones recogidas por FIFPRO, dado que el 47 % de las futbolistas considera que sus clubes no cuentan con personal suficiente para atender adecuadamente las necesidades de las plantillas. La disponibilidad de profesionales de la salud, la preparación física, la recuperación y el apoyo psicológico son condiciones necesarias para desarrollar una actividad deportiva de alto rendimiento.
En materia de maternidad, la organización reconoce avances desde que la FIFA introdujo en 2021 regulaciones internacionales para proteger a las futbolistas durante el embarazo y para los permisos parentales. La proporción de jugadoras que considera abandonar el deporte para formar una familia ha disminuido respecto de 2017, aunque persisten dificultades para garantizar la continuidad contractual y para compatibilizar las responsabilidades familiares con las exigencias de la competición.
La negociación colectiva ofrece otra perspectiva sobre el desarrollo de las condiciones laborales. De las 30 ligas nacionales examinadas, solo ocho cuentan con acuerdos colectivos que regulan aspectos del empleo de las futbolistas, lo que evidencia las diferencias institucionales entre campeonatos y la limitada presencia de mecanismos compartidos para establecer garantías en materia de salarios, instalaciones y protección sanitaria.
Para las jugadoras que necesitan otro empleo, las jornadas deportivas deben organizarse junto con obligaciones laborales adicionales, mientras que quienes también estudian distribuyen su tiempo entre entrenamientos, partidos y actividades académicas. Esta acumulación de responsabilidades puede reducir las oportunidades de descanso y recuperación, especialmente cuando los clubes no disponen de estructuras profesionales suficientes.
El desarrollo económico del fútbol femenino ha permitido mejorar las condiciones de una parte de sus protagonistas, pero los resultados del informe muestran que esos avances no se distribuyen de manera uniforme. Las diferencias entre los salarios medios y medianos, la duración de los contratos y la ausencia de protección social para numerosas futbolistas permiten comprender por qué la profesionalización sigue siendo desigual.
La evaluación de este crecimiento requiere considerar las condiciones de quienes compiten fuera de los clubes más conocidos y de las ligas con mayores recursos. Para muchas futbolistas, permanecer en el deporte todavía implica depender de ingresos adicionales, aceptar períodos prolongados de incertidumbre contractual o enfrentar dificultades para acceder a servicios de salud y a la protección económica.
Los datos de FIFPRO muestran que el reconocimiento del fútbol femenino como actividad profesional no puede medirse exclusivamente por las audiencias, los patrocinios o los ingresos comerciales. Su desarrollo también depende de que las jugadoras dispongan de remuneraciones regulares, contratos adecuados y condiciones laborales acordes con las exigencias de su profesión.
Referencias
FIFPRO. (2024, 17 de junio). New FIFPRO report illustrates level of multiple job-holding among elite women footballers. https://www.fifpro.org/en/articles/2024/06/new-report-illustrates-level-of-multiple-job-holding-among-elite-women-footballers
FIFPRO. (2026). 2026 FIFPRO global employment report: Working conditions in women’s football. https://media.fifpro.org/media/qfkn3qor/global-employment-report-2026.pdf
FIFPRO. (2026, 12 de octubre). Women’s players considering leaving game early for financial and mental health reasons, FIFPRO report finds. https://www.fifpro.org/en/articles/2026/10/womens-players-considering-leaving-game-early-for-financial-and-mental-health-reasons-fifpro-report-finds
Molina, C. (2026, 13 de octubre). El otro fútbol femenino: una de cada tres jugadoras necesita otro trabajo. ElPlural.com. https://www.elplural.com/el-regate/futbol-femenino-cada-tres-jugadoras-necesita-trabajo_801243102








