Medicamentos como la semaglutida, utilizados para tratar la diabetes tipo 2 y la obesidad, podrían tener efectos que trascienden el control metabólico. Una investigación publicada en la revista Criminology encontró una asociación entre el uso de agonistas del receptor de GLP-1 y una menor incidencia de delitos violentos, lo que abre nuevas preguntas sobre la relación entre el metabolismo, el cerebro y la conducta.
Los agonistas del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1) transformaron el tratamiento de la diabetes tipo 2 y, más recientemente, de la obesidad. Su capacidad para mejorar el control de la glucosa y favorecer una pérdida de peso clínicamente significativa los ha convertido en una de las familias de medicamentos más estudiadas de los últimos años.
Sin embargo, el interés científico por estos fármacos ha comenzado a extenderse más allá del metabolismo. Diversas investigaciones exploran actualmente si sus efectos sobre determinados circuitos cerebrales podrían influir también en conductas relacionadas con el control de los impulsos, las adicciones y la regulación emocional.
Dentro de esa línea de investigación se encuentra un estudio reciente desarrollado por investigadores de la Universidad de Rutgers y publicado en la revista Criminology. Tras analizar una amplia base de datos de registros sanitarios y judiciales, los autores observaron que, durante los períodos en que las personas recibían tratamiento con agonistas de GLP-1, la incidencia de delitos violentos era menor que en los períodos en que no utilizaban estos medicamentos.
Los investigadores advierten que los resultados describen una asociación estadística y no demuestran una relación causal. Aun así, consideran que el hallazgo justifica profundizar en el estudio de los mecanismos biológicos que podrían explicar esta relación.
Una de las principales hipótesis se centra en la acción de estos medicamentos sobre el sistema nervioso central. Aunque fueron desarrollados para actuar sobre procesos relacionados con el metabolismo y la regulación del apetito, diversos estudios han demostrado que también influyen en regiones cerebrales implicadas en la recompensa, la motivación y el control inhibitorio.
Estas áreas participan en la regulación de las conductas impulsivas y en la capacidad de posponer las respuestas inmediatas. Precisamente por ello, en los últimos años los agonistas de GLP-1 también han comenzado a investigarse como una posible alternativa terapéutica para trastornos por consumo de alcohol, nicotina y otras conductas compulsivas.
El estudio publicado en Criminology plantea que la reducción observada de los delitos violentos podría formar parte del mismo fenómeno neurobiológico. Sin embargo, los propios autores subrayan que todavía no es posible determinar si el efecto responde directamente a la acción farmacológica del medicamento o si intervienen otros factores asociados al tratamiento, como una mejor atención médica, cambios en el estilo de vida o una mayor estabilidad clínica en las personas que reciben estos fármacos.
Esa cautela resulta especialmente importante en un tema de gran impacto social. La investigación no propone utilizar estos medicamentos como estrategia para prevenir la violencia ni plantea que constituyan un tratamiento para conductas agresivas. Su principal aporte consiste en abrir una nueva línea de investigación sobre la compleja relación entre el metabolismo, la función cerebral y el comportamiento humano.
El creciente interés por los agonistas de GLP-1 refleja cómo algunos medicamentos pueden producir efectos que no se previeron inicialmente durante su desarrollo. En los últimos años, además de sus beneficios metabólicos, distintos grupos de investigación han investigado su posible influencia en la conducta alimentaria, las adicciones, la función cognitiva y diversos procesos neurológicos.
Será la investigación clínica la que determine si estas observaciones pueden traducirse en nuevas aplicaciones terapéuticas. Mientras tanto, el estudio de Rutgers aporta evidencia inicial que invita a explorar con mayor profundidad cómo los mecanismos que regulan el apetito y el metabolismo también podrían interactuar con los circuitos cerebrales implicados en el control de los impulsos y del comportamiento.
Referencias
Bjerre-Nielsen, A., Doleac, J. L., Grossman, M., Karlan, D., & Sariaslan, A. (2026). GLP-1 receptor agonists and violent crime. Criminology. (Artículo original del estudio).
Rutgers University. (2026). Study links GLP-1 medications with lower rates of violent crime. Comunicado institucional sobre la investigación.
Morales, P., Hurst, D. P., & Reggio, P. H. (2017). Molecular targets of the phytocannabinoids: A complex picture. Progress in the Chemistry of Organic Natural Products, 103, 103-131.
Holst, J. J. (2019). The physiology of glucagon-like peptide 1. Physiological Reviews, 99(4), 2083-2148.
Neuroscience News. (2026). GLP-1 medications are linked to lower violent crime rates. Nota de divulgación científica basada en el estudio de Criminology.








