La pandemia mundial del nuevo coronavirus proyecta, además de otras negativas consecuencias, la sombría perspectiva de elevar considerablemente el número de casos de mutilación genital femenina (Mgf), según la reciente advertencia emitida por la Entidad de las Naciones Unidas para Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres (ONU Mujeres).

Ello, debido al golpe socioeconómico que el virus causante de la Enfermedad Coronavirus 2019 (Coronavirus Disease 2019, Covid-19) está asestando a la población global, indicó la agencia, en dos informaciones que difundió la semana pasada en su sitio en Internet.

Más de 200 millones de mujeres y niñas, actualmente radicadas en 31 países, han padecido la brutal práctica machista, señaló, además de aclarar que, de acuerdo con versiones periodísticas y testimonios de afectadas, es probable que la Mgf se practique en más de 90 naciones.

Esta forma de agresión de género se lleva a cabo principalmente en países ubicados en África Subsaharaiana, Asia -en particular, Indonesia-, y Oriente Medio -mayoritariamente en Kurdistán Iraquí, además de Yemen-.

“La mutilación genital femenina implica la ‘eliminación parcial o total de los genitales externos femeninos u otras lesiones de los órganos genitales femeninos por razones no médicas’, y normalmente se lleva a cabo entre la infancia y los 15 años”, explicó ONU Mujeres.

“No tiene beneficio alguno para la salud, pero las consecuencias inmediatas y a largo plazo son numerosas: infecciones y cicatrices anormales, dolor debilitante, o incluso la muerte”, aseguró, a continuación.

“En comparación con hace tres décadas, hoy en día las niñas tienen un tercio menos de probabilidades de sufrir MGF, pero la pandemia de COVID-19 parece estar impulsando el aumento de la práctica”, señaló ONU Mujeres.

“No sólo está limitando nuestro alcance en el crucial trabajo de prevención, sino que muchas mutiladoras tradicionales que necesitan urgentemente un ingreso durante la crisis económica han vuelto a comenzar, acercándose a las familias directamente, puerta por puerta, en busca de trabajo”, precisó.

“Si no hacemos nada, en 2030 podríamos ver hasta 2 millones de casos de MGF que de otra manera pudieran haberse evitado”, pronosticó la agencia especializada mundial, en las informaciones difundidas en ocasión del Día Internacional de tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, que, por decisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en 2021, se conmemora, anualmente, el 6 de febrero, en apoyo a los esfuerzos por poner fin a esa práctica.

Al citar datos estadísticos propios y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), indicó que esas cifras “muestran que la crisis empujará a 96 millones de personas a la pobreza extrema para 2021”.

De ocurrir, ese cuadro de situación “puede llevar a que la MGF y el matrimonio infantil se utilicen como mecanismos de supervivencia (…) para aliviar la incertidumbre física y económica extremas”, agregó.

“Las niñas de los grupos más marginados corren un riesgo aún mayor de sufrir la mutilación genital femenina y el matrimonio infantil”, puntualizó la entidad de Naciones Unidas.

“El cierre de escuelas relacionado con la pandemia ofrece mayores oportunidades para que se practique la mutilación genital femenina en el hogar, lo que sólo aumenta el riesgo de complicaciones de salud, así como la transmisión de la COVID-19”, explicó, a continuación.

La agencia especializada llamó, además, la atención respecto al hecho de que, en tal contexto, se corre el riesgo adicional de perpetuación de la violenta costumbre social.

En ese sentido, planteó que, “como la crisis pone a 11 millones de niñas en alto riesgo de no volver nunca a la escuela, las futuras generaciones de mujeres sin educación tienen más probabilidades de apoyar la continuación de la práctica”.

En cuanto a medidas de cobertura mundial que lleva a cabo para combatir la Mgf, ONU Mujeres mencionó la Iniciativa Spotlight (Foco), que implementa, desde 2017, conjuntamente con la Unión europea (UE).

De acuerdo con lo indicado en la definición oficial incluida en su página en Internet, la iniciativa procura, como su nombre lo indica, a enfocar la atención en la agresión de género.

Se trata de una asociación que apunta a “eliminar todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas para 2030”, puntualizó.

Además, “responde a todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas, con especial atención en la violencia doméstica y familiar, la violencia y las prácticas perjudiciales sexuales y basadas en el género, el femicidio, la trata de seres humanos y la explotación sexual y económica -de mano de obra-“.

Al respecto, ONU Mujeres informó que, mediante la iniciativa, “300 practicantes tradicionales de la MGF (…) han sido preparadas para obtener ingresos de fuentes alternativas, como la agricultura climáticamente inteligente, la fabricación de jabón o la confección a la medida”.

“El programa es una de las muchas maneras en que ONU Mujeres y nuestros socios están colaborando con líderes tradicionales y culturales para cambiar las normas que sirven de base a prácticas nocivas, como la MGF”, explicó.

Al respecto, agregó que, “continuar este trabajo es más importante que nunca, en momentos en que los efectos de la pandemia de COVID-19 están amenazando los medios de vida y aumentando las vulnerabilidades económicas, sumando así al riesgo de retroceso en materia de importantes avances en la esfera de igualdad de género”.

Otro esfuerzo consiste en el Foro de la Generación Igualdad, a realizarse este año, en fechas por definir, con inicio en la capital mexicana y cierre en París.

Se trata de “la convocatoria más importante para la inversión y la implantación de la igualdad de género en un cuarto de siglo”, actividad durante la cual tendremos la oportunidad de unirnos en una acción conjunta para poner fin a la MGF y a todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas”, agregó la entidad.

ONU Mujeres planteó la necesidad de, entre otras acciones contra la Mgf, “encabezar el cambio dondequiera que tengamos voz e influencia”, así como “de exigir responsabilidad por las acciones comunitarias y estatales”, además “de escuchar las voces de las adolescentes y las jóvenes, y hacer posible que decidan lo que sucede con sus propias vidas y sus cuerpos”.